DVD verse

KING KONG


Ernesto Diezmartínez Guzmán
Mea Culpa, a mí sí me gustó el nuevo King Kong (Jackson, 2005), corregido, aumentado y romantizado, por más que el exigente Agustín Galván casi me haya llevado a la hoguera por ello (y eso que todavía no escribía mi elogio de Hostal/Roth/2005, otra película que el buen Galván aborrece.

 En fin, sean peras o manzanas, lo cierto es que el estreno del nuevo King Kong me dio el pretexto perfecto para echarle mano al DVD de Región 1 de de la cinta original de 1933, dirigida a cuatro manos por Merian C. Cooper y Ernest B. Shoedsack. La edición de dos discos no tiene progenitora: además del filme restaurado y remasterizado (con subtítulos en español, no se preocupe), se ofrecen los comentarios en audio del arcaico genio de los F/X Ray Harryhauen –sí, todavía vive- y de su aventajado alumno Ken Ralston, con la ocasional participación de la primera Ann Darrow (Fay Wray, por supuesto) y el co-director Cooper, cuyas palabras fueron tomadas de antiguas entrevistas televisivas/radiofónicas.

 El disco uno ofrece también una galería de trailers originales de King Kong y otras cintas dirigidas y/o producidas por Cooper, además de un documental –“I’m Kong: The Exploits of Merian C. Cooper”-, realizado especialmente para el DVD. El disco dos tiene otro documental –“RKO Production 601: The Making of Kong, Eighth Wonder of the World”- de ¡dos horas y media de duración! y que trata sobre la filmación de la película en todos sus detalles (la idea original, el casting, los efectos especiales, las escenas no filmadas) ofreciendo, además, sendas entrevistas con críticos, historiadores, cineastas (Jackson incluido) y, claro está, Miss Wray.

Y, por supuesto, queda la película, queda el primer Kong. “La octava maravilla del mundo”, ideada por el novelista y guionista inglés Edgar Wallace y creada por el especialista en animación stop-motion Willis O’Brien, es un monstruo único, original, genuinamente inquietante. Kong es una fuerza de la naturaleza no amoral sino pre-moral, gozosa y políticamente incorrecta: aplasta a los humanos porque sí, devora a los nativos en big close-up, rasga el vestido de su rubia de categoría (Miss Wray echando grito y grito) para luego olisquearse los dedos cual gorilón fetichista y, después, se deja domar/matar de puro hastío, después de mostrar que puede acabar con todo y con todos. Por supuesto, el Kong de Mr. Jackson es un monstruo diferente: un monstruo enamorado y bien correspondido: un maravilloso eco romantizado de ese primer King Kong, por más que buen amigo Galván se retuerza en el piso.


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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com
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