EL CINE QUE NO VIMOS
EL INTRUSO
(**1/2)
Ernesto Diezmartínez GuzmánInexplicablemente, El Intruso (Enduring Love, GB, 2004), del buen artesano inglés Roger Michell, nunca conoció el estreno comercial en México, aunque la cinta se ha podido ver en la televisión de paga o en un modesto disco de Región 4 sin extras, con formato widescreen y sonido 5.1. Y aunque es cierto que El Intruso es inferior a The Mother (2003) -reseñada en esta misma página- o incluso a la reciente Venus (2006), programada en el más reciente Foro de la Cineteca Nacional, de ninguna manera merece el ninguneo de permanecer inédita en nuestro país.
Estamos en la verde, vasta, límpida campiña inglesa. Joe (el ubicuo Daniel Craig antes de convertirse en James Bond), un joven investigador literario/filosófico, y su novia escultora Claire (la infalible Samantha Morton), disfrutan un picnic con todo y botella de vino incluida. Este idílico momento terminará literalmente manchado de sangre, pues Joe será testigo -y frustrado participante- de un extraño accidente en el que muere un hombre tratando de salvarle la vida a un niño. A partir de entonces, la vida de Joe sufre un vuelco tan inesperado como extravagante: otro de los testigos/participantes del citado accidente, Jed (Rhys Ifans, hipnótico) empieza a acosar a Joe: le habla por teléfono, lo sigue a todos lados, se mete a una de sus clases. Jed no sólo está enamorado de Joe sino que está convencido de que éste le corresponde.
Michell dirige con mano maestra este elegante y bien montado thriller, que termina dominado por la soberbia encarnación de Ifans como el insoportable psicópata Jed, patético y grotesco hasta la exasperación. Con la mirada de borrego a medio morir, con una voz que apenas si sube de volumen, con su flaquísimo cuerpo doblándose para ponerse de tapete de su bello-esquivo Joe, Ifans se apropia de la película por encima de las estrellas Craig/Morton que, por otra parte, están impecables, como de costumbre.
Sin embargo, la mayor virtud de El Intruso –el intrigante y obsesivo Jed- es también su mayor problema. Ignoro si la deficiencia proviene de la novela original de Ian McEwan en la que está basada esta cinta, pero lo cierto es que el guión de Joe Penhall nunca nos da la suficiente información para entender a Jed. No sabemos de dónde salió, por qué hace lo que hace, qué es lo que lo motiva. Acaso el libro de McEwan maneje mejor esta deficiencia, pero Michell y Penhall no lo logran hacer. Y de todas formas, con todo y esta laguna, El Intruso merece el descubrimiento del cinéfilo más exigente.
EL CINE QUE NO VIMOS Escala de Calificación
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