DVD verse
HOSTAL
Ernesto Diezmartínez GuzmánAcabo de ver Hostal: Parte II (Roth, 2007), la secuela de Hostal (Hostel, EU, 2005), el provocador gore-film que, en la opinión de quien esto escribe, acaso sea el más transparente síntoma de la paranoia americana post-9/11. Cuando reseñé el primer Hostal –hace más de un año en REFORMA- vi el filme un par de veces, fascinado por la manera en la que Roth había explotado los miedos del americano promedio, quien ha visto cómo ha crecido exponencialmente la animadversión mundial contra los Estados Unidos, debido a los despropósitos bélicos de Bushit II (hay que recordar que en la fábrica de tortura de Hostal, las víctimas estadounidenses tienen un precio de 25 mil dólares; las europeas, “apenas” 10 mil; y las asiáticas, una ganga: 5 mil; latinoamericanos no vienen tasados, por cierto).
Así, pues, antes de ver la secuela conseguí en un botadero de películas “previamente vistas” el DVD de Región 4 de Hostal. La cinta ofrece el formato widescreen, el sonido 5.1 y varios extras de diverso interés: una decena de avances (ninguno de ellos de Hostal, curiosamente); el análisis de una escena, filmada desde tres distintos ángulos; un detrás de las cámaras de una hora de duración; y ¡cuatro comentarios en audio!
Debo confesar que, de hecho, adquirí el disco atraído por sólo uno de los comentarios: el del director Eli Roth con sus productores ejecutivos Boaz Yakim, Scott Spiegel y el protector del propio Roth, Quentin Tarantino. Por desgracia, el comentario de marras no es más que un interminable duelo de cebollazos: Roth lamiéndole las botas a Tarantino, éste lanzando carcajadas y muy poco más. No pude pasar de la media hora. Ya no tuve ánimos para revisar otros dos comentarios: el de Roth con parte del reparto, el editor y Harry Knowles (el del website Ain’t Cool News); ni el de Roth con su hermano documentalista Gabriel y el productor de Hostal, Chris Briggs.
Ya había pensado que mis pesitos se habían malgastado por completo cuando decidí escuchar el cuarto y último comentario en audio: el de Roth, solo y su alma. Y, la verdad, quedé sorprendido: Roth se muestra como un muy articulado hombre de cine que habla de las dificultades de filmar en Estados Unidos debido a los sindicatos (se lanza feroz en contra de ellos y jura que no dirigirá nada en USA); de sus influencias cinematográficas, sus amigos y/o mentores (Tarantino, Hooper, Del Toro, et al); del contacto con el mundo de los festivales fílmicos; de la manera en la que ha podido negociar financieramente la distribución de sus películas; y, por supuesto, de Hostal mismo: de dónde surgió la idea, cómo eligió el reparto, de qué manera hizo la elección de las locaciones, etcétera.
Es un buen comentario, sin duda, aunque Roth se pasa de vivo (o de tonto) cuando niega que Hostal pueda tener alguna lectura política… sólo para, minutos después, él mismo dar su propia lectura político-alegórica.
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