DVD verse
EL OTRO HITCHCOCK
Pacto Siniestro
Ernesto Diezmartínez GuzmánUno de los placeres cinefílicos que ofrece el formato DVD es la posibilidad de hurgar en las escenas borradas que quedaron en la sala de edición, en las versiones alternativas que circularon casi subrepticiamente o en los distintos que fueron desechados. Muchas películas contemporáneas disponibles en DVD ofrecen esto y mucho más pero por lo menos para quien esto escribe resultó una verdadera sorpresa enterarme que el clásico hitchcockiano Pacto Siniestro (Strangers on a Train, EU, 1951) tenía una versión alternativa, estrenada en su momento sólo en la Gran Bretaña. Este “nuevo” Pacto Siniestro tiene dos minutos más de duración e, increíblemente, un cambio bastante significativo en su desenlace.Pero vamos por partes. A primera vista, el DVD de Pacto Siniestro no tiene nada extraordinario, a no ser –uno piensa—la impecable imagen que todo Disco Versátil Digital ofrece. Sin embargo, al leer la caja de presentación, uno se entera que en el lado B del disco uno podrá disfrutar de “la versión alternativa británica”. Al parecer, según Bill Desowitz (Strangers on Which Train, Film Comment, mayo-junio 92, pp. 4-5) esta versión alternativa fue enviada a la Gran Bretaña para exhibirse en funciones de pre-estreno y, acaso, se llegó a estrenar normalmente, aunque después fue sustituida por la conocida “versión hollywoodense” que es la que siempre se ha exhibido en todas partes. Pero ¿qué tan diferentes son?
En realidad, sólo hay dos diferencias, pero nada despreciables. En primer lugar, “la versión británica” nos muestra una conversación más larga e interesante entre Guy Haines (Farley Granger), el tenista y playboy comprometido con la guapa hija de un Senador, y el ocioso y extravangante Bruno Anthony (Robert Walker), quien le propondrá a Guy el célebre “intercambio de asesinatos” (Anthony matará a la infiel esposa de Haines y éste asesinará al padre de aquél). En la “versión británica” Bruno y Guy tienen más diálogos y la atracción homosexual que siente el primero por el segundo es mucho más clara. En suma, casi un minuto más de diálogos; no mucho, pero suficiente para darnos una idea más precisa de la enfermiza personalidad de Bruno.
Sin embargo, lo más interesante está en el final alternativo. En el final "hollywoodense”, Guy Haines y su novia Anne regresan a Nueva York en un tren. Han dejando atrás a Bruno muerto y Guy ha quedado libre de las sospechas de haber matado a su mujer... y libre de ella, porque Bruno la ha asesinado. En este final bien conocido, Guy y Anne se topan con un sacerdote que, curioso, le pregunta al tenista: “¿usted es Guy Haines?”. Como así fue como Guy conoció a Bruno, el muchacho y su novia se levantan de inmediato sin responder, dejando al sacerdote boquiabierto. Es un epílogo gracioso, ligero, de buen humor. Un final feliz con todas las de la ley.
El final “británico” es ligeramente distinto. Esta segunda versión termina con una escena anterior, en la cual Anne recibe la llamada de Guy, quien le dice que Bruno ha muerto, que él ha quedado libre de culpa y que necesita ropa para ponerse. Sin embargo, esta escena –que también aparece en la versión hollywoodense—tiene una línea extra muy significativa: Anne, teléfono en mano y emocionada, voltea hacia su padre y hermana y les dice, palabras más, palabras menos: “¡Guy dice que se siente ridículo en sus zapatos tenis”. Después, el oscurecimiento de la pantalla y aparece el familiar letrero The End.
Este final alternativo nos da una imagen terrible de frivolidad en la personalidad de Guy. Recuérdese: acaba de ocurrir una tragedia en el parque de diversiones, hubo varios muertos, Bruno –el asesino de la esposa de Guy—ha fallecido, Guy ha quedado libre de culpa ¡y el tenista le pide a su novia ricachona que le lleve unos zapatos porque los tenis le hacen sentir ridículo! Es un desenlace demoledor: Guy ha quedado libre, sin culpas en el asesinato de su esposa –aunque vaya que va a aprovechar su muerte—y Bruno, esa presencia odiosa/benefactora, ha muerto. Es un final de guillotina, que empequeñece a Guy y engrandece la psicótica, criminal pero fascinante personalidad de Bruno.
¿Es un mejor final? Tal vez sí. El epílogo “hollywoodense” te deja una sonrisa en el rostro. El “británico” es abrupto, seco, casi un golpe en el estómago. ¿Por qué Hitchcock prefirió el primero sobre el segundo? Seguramente por razones estrictamente comerciales: el desenlace hollywoodense es lo que los estadounidenses llaman un “crowd-pleaser”, un “halagador de multitudes”. Dicho de otra manera, Hitchcock optó por un final convencional en lugar de uno más inquietante. ¿Y por qué nos debe extrañar? Hitchcock nunca quiso hacer cine para minorías. Su cine era para esas multitudes que llenaban las salas al influjo de su nombre. Eso lo hace doblemente fascinante: uno de los más grandes cineastas en la historia del cine fue, también, uno de los más populares, uno de los más exitosos económicamente hablando. Y es que Hitchcock sólo ha habido uno. Aunque, a veces, los finales de sus películas sean dos.
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