EN CARTELERA
HELLBOY II: EL EJÉRCITO DORADO
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Ernesto Diezmartínez GuzmánEn el DVD Región 4 de Hellboy (2004) que está reseñado en este mismo website, se ofrece como extra el comentario en audio del propio director Guillermo del Toro, quien conversa con Mike Mignola, el creador de Hellboy, el personaje. En no pocas escenas, de repente Mignola confiesa: “aquí queríamos hacer esto, pero nos pareció demasiado”. Y luego, Del Toro, sigue: “sí, y en esta otra parte, pensamos agregar esta otra cosa, pero ya era exagerado”.
Esta prudencia imaginativa, este recato visual, se ha perdido por completo en la secuela Hellboy II: El Ejército Dorado (Hellboy II: The Golden Army, EU-Alemania, 2008), séptimo largometraje del tapatío avecindado en Hollywood y próximo a irse a vivir al otro lado del mundo para realizar The Hobbit, bajo la producción de Peter Jackson. De hecho, y a propósito de Jackson, la trama de Hellboy II –escrita por el propio Del Toro- está claramente influida, indudablemente, por el imaginario presentado en la trilogía épica del cineasta neocelandés.
En esta ocasión, Hellboy II decide salir a la luz pública por completo –no se puede ya ocultar nada en estos tiempos del youtube- para enfrentar una rebelión de criaturas fantásticas (hadas, trolls, elfos, políticos honestos) que han sido desplazadas por el ser humano. Así pues, después de miles de años de tregua, un elfo rebelde, el Príncipe Nuada (Luke Gross), decide despertar a un ejército de miles de soldados mecánicos indestructibles para darnos en la torre a todos (ni se molesten en México: los narcos, las fuerzas del orden y la clase política no necesitan ayuda). Es aquí donde entra al quite Hellboy (Ron Perlman), ya casado con su flamígera y encendida Dulcinea Liz Sherman (Selma Blair) y, sin que él se haya dado cuenta, a punto de ser padre.
La historia de Hellboy II avanza en dos vías paralelas: por un lado, tenemos la inevitable servidumbre al cine de acción veraniego, a la fantasía vuelta imagen, a los efectos especiales apabullantes y apantalladores, a los 72 millones de dólares de presupuesto. En este sentido, habría que aceptar que Del Toro, su diseñador de producción Stephen Scott y las varias compañías de F/X que participan aquí, han hecho un trabajo admirable: hay explosiones y persecuciones al pasto, seres fantásticos como para llenar tres cantinas de Star Wars (Lucas, 1977), un monstruo-vegetal gigantesco que sale del pavimento, un desenlace a espadazo limpio que sucede en las entrañas mecánicas de una montaña escocesa, y nada de ello resulta confuso. A diferencia de otras cintas de esta temporada –como Iron Man: el Hombre de Hierro (Favreau, 2008) o Hulk, el Hombre Increíble (Leterrier, 2008)-, siempre se tiene claridad en dónde está Hellboy, a quién está atacando, donde están sus rivales…
La otra vía, la más interesante –aunque la menos desarrollada en la cinta- tiene que ver con la madurez emocional de Hellboy, con su nueva relación matrimonial con Liz Sherman, con el rechazo que empieza a sufrir por parte de los seres humanos a los que protege, con el destino apocalíptico que parece estar destinado a este demonio de cuernos lijados…
Todo lo anterior son temas serios, solemnes, y Del Toro planea por encima de ellos, como teniendo miedo de aburrir al respetable: Hellboy parece añorar su vida de soltero y no haya cómo lidiar con el temperamento de su mujer –la secuencia de la borrachera de él con Abe Sapien (Doug Jones) a ritmo de Barry Malinow y con varios ochitos de tecate light ingeridos es realmente divertida-, se siente rechazado por los ingratos seres humanos aunque no hay consecuencia dramática de esta situación, y ni siquiera se subraya de forma suficiente lo más claramente “deltoriano” de la trama: que Liz Sherman prefiera, en pleno amour-fou casi buñueliano, la vida de su demonio a la salvación de la humanidad entera. Un muy dudoso final feliz, digno del director de El Laberinto del Fauno (2006).
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