EN CARTELERA

HAPPY FEET
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
Hace un par de semanas, en el diario REFORMA, apunté que la notable Lo que el Agua se Llevó (Fell y Bowers, 2006) se iba a convertir en la mejor película animada de la temporada y, acaso, de este año que acaba de terminar. Ahora tengo que enmendarme a mí mismo la plana, pues debo confesar que cuando hice esa irreflexiva afirmación no había visto Happy Feet: El Pingüino (Happy Feet, EU-Australia, 2006), el noveno largometraje del versátil cineasta australiano George Miller (trilogía Mad Max/1979-1981-1985, Las Brujas de Eastwick/1987, Un Milagro para Lorenzo/1992, Babe: El Puerquito Va a la Ciudad/1998).

 En efecto, la cinta animada digitalmente por Animal Logic -y carta de presentación mundial de esta compañía australiana-, se muestra como un exultante espectáculo dancístico-musical que atrapa desde los primeros minutos del filme cuando dos pingüinos emperadores, Norma Jean –nombre real de Marilyn Monroe- y Memphis –la ciudad donde vivió y murió Elvis Presley- se cortejan cantando y bailando el celebérrimo hit ochentero “Kiss” de Prince and the Revolution.

Estamos, claro, en la Antártica, en una época especialmente difícil para los pingüinos, quienes han visto cómo su alimento, los peces, ha ido escaseando cada vez más. Para empeorar todo, la milenaria tradición cantarina de los emperadores –se supone que cada pingüino debe encontrar su canción y compartirla para poder aparearse- se ve amenazada porque un simpático pingüinito, Mumble, ¡baila tap en lugar de cantar! Así pues, Mumble, expulsado de la comunidad por ser “diferente” (¿será discapacitado, negro, judío, gay o, peor tantito, perredista?), tendrá que demostrarle a todos los estirados pingüinos emperadores que bailar tap no es un pecado y que él, precisamente por ser distinto, puede ser más valioso para la comunidad.

 Por su irreprochable mensaje de tolerancia –que vaya que hace falta- y de conservacionismo ecológico –que hace más falta todavía-, Happy Feet: El Pingüino fue demonizada en el país del norte por algunos comentaristas ultraconservadores que acusaron a Miller de envenenar a los niños estadounidenses con discursos izquierdosos radicales (ya decía yo que la escena en donde los plumíferos gritan “pingüinos/unidos/ jamás serán vencidos” era propaganda subliminal a favor de la APPO). La verdad, esta posición debería causar risa si no fuera porque esas afirmaciones son dichas en serio y muestran, muy claramente, el nivel de inteligencia política que tiene la derecha estadounidense más recalcitrante, no muy alejada, por cierto, de nuestra propia derecha nacional y neo-ultramontana.

 Por lo demás, con todo y un inicio algo lento –a pesar de la memorable secuencia de “Kiss” ya descrita-, Happy Feet: El Pingüino encuentra su ruta cuando Mumble, apoyado por cinco pequeños pingüinos de Adelia (en la versión en inglés hablan con acento latino, en la versión en español son hilarantes pingüinos ¡cubanos!), empieza a luchar contra todos los que le rodean para demostrar que su baile –que fue “capturado” digitalmente de los pies del ganador del Tony 1996 Savion Glover, uno de los más grandes bailarines contemporáneos de tap-, no sólo no le hace daño a nadie, sino que es muestra de vitalidad, alegría, autenticidad y fe en uno mismo.

 La película, además de los virtuosos bailes de Glover, presume las voces cantantes en inglés de Nicole Kidman, Hugh Jackman, Brittany Murphy y Robin Williams –este último interpreta “My Way” en un español champurrado y en el mejor estilo desbordado de Raphael- pero, por desgracia, la mayoría de las copias distribuidas en México están dobladas al español. Por supuesto, el doblaje mexicano, como de costumbre, es magnífico, así que es posible ver las dos versiones que están en cartelera. Y es que hay que ver Happy Feet dos veces. Por lo menos.


Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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