ENTREVISTA EL CINE Y SUS VOCES
Alejandro González Iñárritu
Babel
Javier Pérez
Al concluir y estar promocionando 21 gramos (EU, 2003), su primer largometraje en inglés y el segundo en su filmografía, el mexicano Alejandro González Iñárritu (Ciudad de México, 1963) aún no definía cuál sería su siguiente proyecto (cfr. 24 x segundo magazine, noviembre 2003). Tres años después, entregó Babel, cinta que ahora cierra un ciclo que el realizador defeño ha establecido como una trilogía (y que ya le dio el premio a mejor dirección en el Festival de Cannes y que lo apuntala como firme candidato, al menos, a una nominación al Oscar).
Iniciada con Amores perros (México, 1999), la citada trilogía tiene en apariencia su punto de encuentro en los guiones, todos firmados por el también mexicano Guillermo Arriaga (quien fuera premiado en Cannes 2005 por Los tres entierros de Melquiades Estrada), en una estructura no lineal y en el entrelazamiento de historias (tres en sus dos filmes anteriores, cuatro en el reciente) donde caben las eventualidades, la desesperación, la muerte, el desmoronamiento, pero sobre todo, la violencia (tanto física como psicológica) y la soledad.
“Creo que los temas que engloban un poco lo que dices –comenta en entrevista “El Negro” Iñárritu- son la vulnerabilidad y la fragilidad. La sensación de vulnerabilidad y fragilidad a partir de la conciencia de la muerte definen a un ser humano, y cómo sobrevive a las pérdidas. Creo que esta situación se explora en mis tres películas”.
-¿Es una obsesión?
“No es una obsesión, se trata de una realidad, de un hecho constante que no nace de una posición intelectual, sino de una realidad palpable y concreta”.
Esa realidad de la que habla el realizador se encuentra en las cuatro historias que se desencadenan en Babel a partir de una travesura infantil que deviene en tragedia en el desierto marroquí.
Los niños viven en la desazón mientras la policía local investiga el caso, pues una turista estadounidense (Cate Blanchett) ha sido herida gravemente y la embajada presiona a las autoridades del país. La nana del matrimonio afectado (Adriana Barraza), inmigrante mexicana, decide irse de todos modos a la boda de su hijo en Tijuana con los niños que cuida. Y en Japón, el padre de una adolescente sordomuda (Rinku Kikuchi) que vive el rechazo cotidiano es investigado debido a que el registro del arma disparada en Marruecos es de su propiedad.-Parece que en Babel hay una crítica hacia el poder, en concreto de un Estado…
“Más que una crítica maniquea sobre lo que está bien y mal, creo que hay un comentario político y social que refleja la realidad en la que vivimos. Existe una exposición de una realidad que vivimos a diario, donde parece que la vida de un ciudadano estadounidense vale más que la de un niño marroquí, y eso lo vemos a diario en las noticias. Mientras muere un soldado norteamericano, con esto se inundan las noticias, pero si se mata a 200 personas en una boda en Irak, se hace una pequeña nota. Se han muerto 600 mil iraquíes civiles y tres mil 500 soldados americanos y el balance e impacto que eso tiene en la sociedad americana es desmedido.“Creo que sí existe una visión en la que parece que los occidentales valen más que los orientales, o que la cultura norteamericana vale más que la musulmana. Y eso me preocupa. Y hay un comentario al respecto, sobre esta sobrerreacción que ha tenido el gobierno americano, provocando, a través de este régimen que tiene, cuasi fascista, que se permee una situación de división entre los seres humanos, regresando a 50 años atrás, y eso está claro (en el filme) de una forma que flota y no de manera propagandística ni barata”.
-¿Cuáles fueron los retos a los que te enfrentaste al dirigir Babel?
“Esta película me retó en muchísimos aspectos. Para mí, lo más difícil de todo fue cómo hacer cuatro historias en cinco idiomas y tres continentes, cómo encontrar, con todos estos diversos elementos, una sola gramática visual que pudiera traducir esos elementos en un solo lenguaje universal en el cine a través de silencios y la música es un reto cabrón. Dirigir no actores con actores de la talla de Cate Blanchett o Gael (García Bernal) en idiomas que yo no entendía, fue otro de los grandes retos. Sentí que estaba gestando una locura, que estaba orquestando un caos y dándole un sentido sinfónico, casi operístico a la película. Más que las historias, para mí lo importante eran los temas que quería explorar y vomitar desde hace cinco años que llegué a Estados Unidos. Eso era lo que a mí me importaba”.El sueño americano
Antes de convertirse en cineasta, Alejandro González Iñárritu incursionó en la radio a través de WFM en 1984. Sus primeras relaciones con el cine las hizo como compositor, en filmes como Un macho en el salón de belleza (México, 1987), de Víctor Manuel “Güero” Castro, y Garra de tigre (México, 1989), de Hernando Name.Después de pasar por la televisión, como productor en Televisa, de hacer anuncios publicitarios y estudiar cine bajo la batuta de Ludwik Margules, consiguió rodar los cortos Detrás del dinero (1995) y El timbre (1996). Tres años más tarde, concluyó su primer largometraje: Amores perros (México, 1999), con el cual logró notoriedad internacional, la cual se subrayó con 21 gramos (EU, 2003) y Babel (EU-México, 2006).
-Llevas dos películas en Hollywood, ¿cómo has conseguido conservar tus temas y guiones?
“Pues siendo muy necio, peleando mucho, trabajando mucho y tratando de defender una visión. Creo que ése es el trabajo de un director: una vez que tienes algo que decir, ser congruente con eso, ser muy sólido y tratar de comprometer lo menos posible lo que para ti es lo más importante de algo. Y bueno, también hay que tener la visión de reunirte y poder encontrar a los socios adecuados en el momento adecuado, lo mismo que los colaboradores”.En ese sentido, González Iñárritu, quien dirigiera en 2003 uno de los cortometrajes del filme colectivo 11’09’01, ha integrado un equipo de trabajo habitual desde su ópera prima: el cinefotógrafo Rodrigo Prieto, la decoradora oscareada Brigitte Broch, el compositor argentino (también ya oscareado) Gustavo Santaolalla y, por supuesto, el guionista ya distanciado Guillermo Arriaga.
-Hay un estilo similar en tus películas, ¿crees que ya encontraste tu estilo, tu camino?
“No, para nada. Para mí el estilo tiene que estar subordinado al contenido. Esta estructura, que domina magistralmente Guillermo Arriaga e hilvana perfectamente, es una narrativa al servicio de las historias y de la tensión dramática de la obra. Por lo menos de mi parte, no considero que esto sea una pertenencia o marca o algo con lo que yo me quiera casar. Simplemente, cuando el material lo requiera, es un recurso que se puede utilizar para contar mejor una historia, pero no necesariamente lo veo como algo personal o propio, sino como un recurso que se usa cuando se necesita.“Y en este caso, siendo una trilogía, había que tener una congruencia de alguna forma, aunque las narrativas y la estructura de cada una de las películas es bien diferente. En este caso (de la película Babel), las historias nunca se unen físicamente, nunca se ve a los personajes uno junto al otro, sino unidos temática y emocionalmente”.
-¿Qué te ha dejado el cine? ¿Qué es lo que encuentras en él que te ha mantenido enganchado a esta actividad?
“El cine me permite explorar, revelar, encontrar o a veces iluminar ciertas áreas de la naturaleza humana, entender que hay otros como yo, y confrontar esa realidad. Saber que no estamos solos. Y hacer cine me hace una mejor persona, porque me hace olvidarme de mis angustias y preocupaciones ordinarias y vulgares, además de que me hace preocuparme por otras cosas y por otros.-Ahora que dices que no estamos solos, me surgió una duda: ¿te preocupa la soledad?
“La soledad es uno de los sentimientos más cabrones, pero la soledad que no se busca, sino que llega y te visita. La soledad es una condición del director de cine. Yo estoy acostumbrado, aun estando rodeado, a estar solo, porque finalmente es una profesión, un oficio muy solitario, donde finalmente para todas y cada una de las decisiones, aun con una serie de colaboradores, aunque sean mil 200 como en el caso de Babel, te encuentras solo. No sólo físicamente, viajando fuera de tu hogar, fuera de tu cotidianeidad, sino solo en lo más profundo de tu ser. Y eso es muy cabrón”.En su corta carrera en Hollywood, González Iñárritu ya dirigió al sueco Stellan Skarsgård y Clive Owen en su cortometraje Powder Keg; a Naomi Watts, Benicio del Toro y Sean Penn en 21 gramos, y ahora, en Babel, a Brad Pitt, Cate Blanchett y Gael García Bernal.
-Has trabajado con estrellas, pero lo has combinado con el trabajo de actores no conocidos. ¿Cómo lo has balanceado, cómo los convences?
“A través de las historias que uno cuenta. Creo que los actores estaban convencidos por el antecedente de que las otras obras han hablado por sí mismas. A Cate tuve que rogarle para que lo hiciera, porque ella consideraba que era un papel muy pequeño y que no tenía nada que hacer. Pero por eso mismo tuve que convencerla y decirle: ‘con los ojos vas a actuar y es lo que me interesa, además de que desde tu punto de vista voy a contar la historia’. Brad aceptó desde antes de que el guión estuviese, había una gran confianza y mutua admiración, y habíamos trabajado juntos antes. Tuve la fortuna y el privilegio de contar con actores de una gran talla en muchos niveles, que aceptaron estar en manos de un piche director mexicano con un presupuesto bajo en un proyecto arriesgado. Eso es un gran privilegio, pero también una gran responsabilidad; se dice fácil, pero una vez que los tienes, los resultados están en tus hombros”.* Javier Pérez es periodista cinematográfico
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