FRAUDE: MÉXICO 2006 ![]()
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CINE NACIONAL
(**1/2)
Ernesto Diezmartínez GuzmánFraude: México 2006 (México, 2007), el décimo largometraje de Luis Mandoki –y primero en el género documental, aunque en los 80 realizó un corto y mediometraje, además de dirigir la serie videográfica ¿Quién Es el Señor López? (2006)- es un filme militante lopezobradorista y en ello no hay ningún desdoro. Buena parte de la obra de Michael Moore es también partidaria –antirepublicana, anti-Reagan/Bush/Bush júnior, anticorporativa- y esto, más que un defecto, debe entenderse como una característica.
El objetivo del cine militante es probar algo que se cree de antemano y Mandoki (y con él 42% de los mexicanos, según una encuesta nacional domiciliaria publicada en El Universal el 2 de julio de 2007) cree que hubo un fraude electoral en las elecciones del año pasado. Estos millones de personas no necesitaban una película para creerlo: ya lo creen mucho antes de comprar su boleto y entrar al cine.
Es cierto que este tipo de cintas –como las de Michael Moore o las de Nanni Moretti acerca de Berlusconi- predican al coro: muy poca gente que no tenga dudas sobre la elección del 2006 pagarían por entrar a ver un filme que está en contra de sus convicciones más profundas. Así pues, si la militancia abierta del reciente largometraje de Mandoki es su pecado, en ello arrastra su penitencia: habrá gente que no la vea ni aunque le paguen (lo cual está en todo su derecho) y habrá gente que la verá sólo para confirmar prejuicios y soltar despropósitos históricos/cinematográficos indefendibles, como que Mandoki se ha convertido en el Leni Riefenstahl de AMLO. (¿Por qué es un despropósito?: porque por más que a uno le pueda caer mal el señor López Obrador, creo que compararlo con el culpable del exterminio de seis millones de judíos es un poco –nomás un poquito- exagerado; y porque Luís Mandoki, un apreciable artesano fílmico, no le llega ni a los talones a la señora Riefenstahl, una de las cineastas más importantes e influyentes del siglo pasado. Si creen que al comparar a Mandoki con la propagandista nazi Riefenstahl lo están insultando, sigan insultándolo y compárenlo ahora con otros artistas de la talla de Eisenstein, que también hizo gran cine de propaganda de otro régimen totalitario, el comunista).
Muy poco de lo que se ve en el documental de Mandoki, por cierto, es nuevo para cualquier ciudadano mexicano bien informado: el grotesco intento de echar de la competencia a López Obrador a través del desafuero –algo que ni los más serios críticos antilopezobradoristas, como el siempre lúcido Jesús Silva-Herzog Márquez, apoyaron-, la detestable participación de Vicente Fox en la elección presidencial –el mayor peligro para la validez de los comicios, en palabras del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación-, la ilegal intervención del Consejo Coordinador Empresarial y su nada subliminal campaña de miedo, la mercenaria participación de Elba Esther Gordillo prestándole sus huestes docentes a Felipe Calderón, etcétera. Tampoco es nuevo –pero eso sí se omitió en el documental- otros elementos que formaron parte de la campaña electoral de AMLO, en especial sus nada escasos errores de campaña: su negativa de asistir al primer debate, el célebre efecto “chachalaca” que tan bien explotaron sus contrincantes, su distancia del mundo empresarial que, en una campaña política por la Presidencia de la República, parece (¿y resultó?) suicida, etcétera.
Es cierto que Mandoki da la oportunidad a que López Obrador haga una leve autocrítica –el excandidato confiesa que en sus planes de campaña no se pensó tanto en cuidar el voto sino en promoverlo- y que las imágenes muestran a un par de ciudadanos irritados por el célebre bloqueo en Paseo de la Reforma, pero a excepción de estos dos segmentos del filme, en el resto de él se nos presenta solamente la visión de los derrotados/agraviados/dolidos. Y uno puede calificar de fantasías esos agravios, uno puede burlarse del dolor de esa gente, uno puede afirmar que la derrota del lopezobradorismo fue limpia e impoluta, pero lo cierto es que la percepción de una parte de la población (4 de cada 10 mexicanos) ahí está y el logro no menor de Mandoki es construir un elocuente discurso político y fílmico alrededor de esa percepción. En este mismo sentido, lo realmente impactante –por lo menos para un servidor- fue constatar la evidente parcialidad de algunas autoridades distritales y recordar algunas de las más escandalosas anomalías (una urna que, al ser abierta, contenía todas las boletas sin doblez de ninguna especie, por ejemplo) que, aunque pueden ser anecdóticas, el solo hecho de mostrarlas en la pantalla grande dinamita la idea de una elección “rechinando” de limpia. (Por cierto, para un análisis “agnóstico” del proceso electoral –es decir, un análisis que no cree ciegamente en el fraude pero que tampoco cree ciegamente en una limpísima elección casi sueca- no estaría mal leer la columna del pasado 21 de noviembre del Dr. José Antonio Crespo en el diario Excélsior).
Claro que la cinta de Mandoki dista de ser perfecta. En primera instancia, se nota la ausencia de las voces de los otros, algo que se puede entender, pues nadie de los que veían a AMLO como “un peligro para México” quiso participar, ni siquiera los intelectuales y analistas políticos críticos de “López”, como despectivamente lo llamaban. Pero también hace falta algo más importante: ligereza y buen humor. El filme de Mandoki lo encuentro, a ratos, demasiado solemne para su propio bien. Por lo demás, formalmente hablando, hay pocas audacias estilísticas: de hecho, lo más notable resulta la brillante edición del propio Mandoki en la que va mezclando entrevistas con el lopezobradorismo popular y duro, segmentos bien elegidos de noticieros televisivos y programas de análisis político, y una larga entrevista con el propio AMLO, quien funge como hilo conductor de toda la cinta.
Independientemente de si convence o no en su argumento –sospecho que los convencidos del fraude serán los que ya lo están- Fraude: México 2006 resulta ser un filme histórico por varias razones: en primer lugar, porque representa, para bien o para mal, la opinión de una amplia franja del electorado mexicano y creo que, en los años por venir, la cinta se verá como un documento imprescindible para entender el momento político por el que pasamos; y, en segunda instancia, porque estamos ante una cinta militante y de izquierda que se negó desde el principio a predicar en la clandestinidad. El lugar de otros legendarios filmes documentales de la izquierda militante –desde El Grito (López Aretche, 1968) hasta No les Pedimos un Viaje a la Luna (de Lara, 1986) pasando por la trilogía del Cha-Cha-Cha ochentera de Carlos Mendoza- era el cineclub universitario, el auditorio de la facultad, una pared en la bodega de un sindicato… He aquí una izquierda que no sólo estuvo a punto de ganar la elección del año pasado o que llena el Zócalo de la Ciudad de México sino que, también, se expresa a través del cine y en los multiplexes de todo México, con más de 200 copias que se están viendo en todo el país. Mandoki ha hecho historia… en más de un sentido.
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