EL CINE QUE NO VIMOS
AE FOND KISS…
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Ernesto Diezmartínez GuzmánAe Fond Kiss (Ae Fond Kiss, GB-Alemania-Italia-España-Francia, 2004), del veteranísimo cineasta inglés Ken Loach, fue exhibido en México como parte de las funciones de gala del Segundo Festival Internacional de Cine Contemporáneo de la Ciudad de México. Para variar, Ae Fond Kiss nunca llegó a las salas de cine mexicanas, lo mismo que sucedió con su anterior película, Sweet Sixteen (2002), que tampoco mereció estreno comercial.
Ae Fond Kiss es la obra 24 realizada para la pantalla grande por Loach (ha hecho otra veintena de telefilmes más otros trabajos televisivos) y la tercera de la informal “trilogía de Glasgow” que inició con Mi Nombre es Joe (1998) y continuó con la ya mencionada e inédita en México Sweet Sixteen. En los tres casos mencionados, Loach ha trabajado sobre guiones de su reciente colaborador de cabecera, Paul Laverty, quien ha ubicado estas tres historias en Glasgow, entre clases medias y/o populares, y con una serie de conflictos sociales/religiosos/familiares que dejan al descubierto las dinámicas de opresión e injusticia a la que se enfrentan sus personajes. Como de costumbre en el (buen) cine de Loach, en Ae Fond Kiss… el cineasta logra sacarle la vuelta al más elemental didactismo para entregarnos un complejo retrato social en donde las diferencias de clase, de familia, de religión y de cultura representan el complejo mosaico humano que conforma las sociedades postindustriales contemporáneas.
Glasgow, tiempo presente. Casim (el debutante Atta Yaqub), el hijo mayor de una la familia paquistaní y musulmana tradicionalista, inicia una relación amorosa con Roisin (extraordinaria Eva Birthistle), una guapa irlandesa que da clases de música en una escuela estatal católica. Como los padres de Casim han arreglado su boda con una prima lejana que ni conoce, el muchacho mantiene en secreto su affaire hasta que el escándalo estalla en todas las direcciones posibles.
Aunque contada así la película no parece más que un elemental melodrama amoroso/social, lo cierto es que el guión de Laverty no les permite a sus personajes terminar como meras caricaturas aleccionadoras. La familia de Casim –en especial su tozudo papá conservador—es vista con respeto, en un sincero afán de entender la posición y el estilo de vida que ellos defienden. De hecho, si hay un villano en la película, éste es el despótico cura que humilla a Roisin en una de las mejores escenas del filme y, aun así, no se puede negar que el sacerdote tiene algo de razón en lo que le dice a la muchacha, por más que su tonito sea francamente repugnante.
Hay otros factores que enriquecen enormemente este buen melodrama: varios destellos de espléndido buen humor (la escena de la subida del piano, cual bienvenido homenaje a Laurel y Hardy), un preciso filo de observación social (la vida doble que lleva cierto amigo de Casim), una pareja protagónica que exuda una auténtica química amorosa/sexual y, por supuesto, un magnífico trabajo naturalista del resto del reparto, aparentemente beneficiado por el muy libre estilo para dirigir de Ken Loach: filmar las escenas en orden progresivo, no permitir el ensayo de los actores y alentar la improvisación día tras día. El resultado de todo ello es notable y más aún cuando llega el inesperado desenlace en esperanzadores puntos suspensivos. ¿Se estará ablandado Loach con la edad?
EL CINE QUE NO VIMOS Escala de Calificación
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