EL CINE QUE NO VIMOS
EVELYN
(**)
Ernesto Diezmartínez GuzmánUna mujer es abandonada por su desobligado marido. Contra viento y marea, la mujer en cuestión tiene que luchar por mantener unida a su familia de tres hijos. ¿Qué de extraordinario tiene una historia así? En China, Irán y Apaseo el Grande pasa lo mismo: el hombre se va un buen día por cigarros y luego no aparece. Mientras regresa, la madre tiene que cargar con todos y con todo.
Pero ahora volteemos la tortilla: ¿qué pasaría si quien abandona es la mujer y no el hombre? ¿Y qué sucedería si el hombre es un despreocupado pintor y decorador que pasa una tarde sí y otra también en el pub de la esquina echándose unas cuantas heladas? ¿Y qué pasaría si el Estado y la Iglesia Católica –que son EXACTAMENTE lo mismo en la Irlanda de los años 50—le quitan los hijos al pintor borrachín porque no los puede mantener ni educar?Basada en hechos reales sucedidos en Dublín en los años 50 –un padre soltero luchó en contra de la Iglesia y el Estado para recuperar a sus tres hijos—, Evelyn (Ídem, Alemania-EU-Irlanda, 2002) es una efectiva “weepie male movie” –dicho en cristiano: una película para machos que quieren chillar—en donde Pierce Brosnan encarna a Doyle, Desmond Doyle, un pobre diablo al que las hipermochas instituciones irlandesas le arrebatan a sus hijos para mandarlos a orfanatos manejados por curas y monjas.
Dirigida por el australiano Bruce Beresford –realizador de otro buen melodrama centrado en una figura masculina: El Precio de la Felicidad (1983)—, Evelyn se beneficia por la presencia de un esforzado Pierce Brosnan huyendo del glamour del 007, y de un agradable reparto secundario en donde brilla el veterano Alan Bates en el papel de un abogado dipsómano y exjugador de rugby, quien será el gruñón consejero legal en la complicada batalla jurídica que enfrenta a Doyle con todo el sistema educativo y familiar de una Irlanda católica.
Con todo, Evelyn dista mucho de ser una película anticatólica o algo que se le parezca. Queda claro que, aunque hay alguna que otra monja abusiva y golpeadora, la enorme mayoría de los religiosos que aparecen en la cinta son buenas personas, la fe religiosa de Doyle y su familia nunca es puesta en entredicho y, de hecho, los alegatos judiciales con los que pelea el pintor regenerado están basados en una capciosa lectura de los propios valores católicos en los que estaban basadas (¿o aún están?) la constitución y las leyes irlandesas.
Una “feel-good movie” de principio a fin, la película no se eleva demasiado del nivel de cualquier telefilme familiar exhibido en Hallmark, aunque el reparto –ese sí—es de lujo. Al final, queda en el espectador un invencible sentimiento de alivio y no sólo por el previsible triunfo de Doyle (no estoy echando a perder nada: es obvio que el 007 no puede perder nunca, aunque esté desglamourizado) sino porque ante la evidencia de lo que puede provocar unas leyes ultracatólicas como las que regían (insisto: ¿rigen?) en Irlanda, uno le da gracias a Dios que vivimos en un país secular en donde la Iglesia y el Estado están sabiamente separados. Ah, y de pasada, ¡qué viva Benito Juárez!
*****
Inexplicablemente, Evelyn nunca fue estrenada comercialmente en México aunque se puede ver en la televisión de paga y está disponible en DVD, en regiones 1 y 4.
EL CINE QUE NO VIMOS Escala de Calificación
**** Excelente *** Muy recomendable ** Vale el boleto o la renta
* Palomera + Churrito ++ ChurroteComentarios: ernesto@cinevertigo.com