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DOS EPICAS DOS
Lawrence de Arabia/Alejandro El Grande


Ernesto Diezmartínez Guzmán
Desde hace tiempo circula en DVD en México la versión completa (con casi 4 horas de duración) de Lawrence de Arabia (Idem, GB, 1962/1988), el décimotercer largometraje de Sir David Lean.
En esta epopeya histórica, Lean recreó parte de la vida del complejísimo personaje histórico que fue T.E. Lawrence, el legendario oficial inglés que, en plena Primera Guerra Mundial, ayudó a los árabes a unirse para expulsar a los turcos de su territorio. Cuando Lawrence dejó de ser útil tanto para los ingleses como para los árabes, fue mandado de regreso a casa con el título de coronel.

 Preparada, filmada y postproducida a lo largo de 3 intensos años, Lawrence de Arabia es una obra espectacular en cada toma, escena y secuencia y, al mismo tiempo, cada batalla, cada paisaje desértico, cada escena de suspenso y acción, están plenamente justificadas en el guión de Robert Bolt –después de esta cinta, colaborador habitual de Lean. En otras palabras, estamos muy lejos de una apantallante espectacularidad vacía o de una sucesión de escenarios bellamente fotografiados (cámara de F. A. Young) tomados solamente por la belleza de los mismos. El complejo entarimado de situaciones dramáticas y los impresionantes paisajes desérticos tienen funciones eminentemente pragmáticas: revelan el carácter de sus personajes, las relaciones entre ellos, sus intenciones ocultas o manifiestas.

 El filme funciona como estudio psicológico sobre la enigmática personalidad de Lawrence, pero también como cine épico-bélico espectacular y de gran presupuesto. Hay también–como es costumbre en el cine de Lean—grandes actuaciones de un magnífico reparto (formado por Alec Guiness, Anthony Quinn, Claude Rains, Arthur Kennedy, Omar Sharif y otros más) y una magnética interpretación protagónica de Peter O’Toole. Particularmente memorable, por cierto, resulta la presencia de José Ferrer, quien encarna a un desviado oficial turco.

 El DVD ofrece imagen impecable, widescreen original (radio 2.20:1) y el audio remasterizado. No tiene muchos extras (avances de cine, archivo de talentos, notas de producción y párele de contar) pero esta ganadora del Oscar a la Mejor Película vale por sí misma. Una de las obras definitivas de Lean. Y, en contraste…

 …qué decepción. Esa fue mi primera impresión después de ver Alejandro el Grande (Alexander the Great, EU, 1956), de Robert Rossen, disponible en un lamentable DVD de Región 4 (sonido 2.0, criminal full-screen). Compré el sexto largometraje de Rossen con el fin de revisar este discutido filme épico que, en el momento de su estreno, recibió una acogida crítica dispareja. La idea era, por supuesto, comparar aquella lejana película del gran cineasta realista y comprometido Rossen con la más reciente “biopic” sobre el Rey Macedonio Alejandro, realizada por Oliver Stone (Alejandro Magno, 2004). Y fue después de ver el fallidísimo filme de Stone cuando me di cuenta que, en realidad, el intento de Rossen no fue tan malo.

 Filmada en España con un reparto internacional (Richard Burton, Fredrich March, Danielle Darriuex, Peter Cushing, los hermanos Gustavo y Rubén Rojo), Alejandro el Grande es un serio (aunque demasiado sobrio) intento de acercarse a la vida del más grande militar que haya dado el mundo antiguo. Rossen, un cineasta que había logrado un nombre como guionista y director de serios melodramas sociales y urbanos (ya había realizado All the King’s Men/1949 y estaba a unos cuantos años de dirigir acaso su mejor cinta, El Audaz/1961) se nota fuera de ambiente en los grandes espacios abiertos –las batallas no están todo lo bien montadas que deberían—pero se muestra en su elemento en el retrato que logra de Alejandro: un hombre partido por sus ambiciones, sus sueños y su afán de pasar por encima de su poderoso padre, el legendario Rey Felipe II (Fredrich March). En el montaje de las intrigas cortesanas y en la descripción de las dinámicas de poder de la Grecia del siglo IV a.C. Rossen logra darle vida a su dispareja película.

 En cuanto al Alejandro encarnado por un Richard Burton con risible peluca rubia, habría que aceptar que es mucho más convincente cuando actúa como ingobernable “rebelde-sin-causa”, desafiante, agresivo y con rencores freudianos anidando en su interior, que en los momentos épicos en los que tiene que dirigir a sus tropas. Con todo, Mr. Burton, con su inconfundible voz, termina siendo más Alejandro Magno que su descendiente irlandés, el pobre Colin Farrell,  que da pena ajena arengando a sus machotes soldados con su voz y aposturas metrosexuales.


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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com
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