DVD verseENCUENTROS CERCANOS DEL TERCER TIPO
Ernesto Diezmartínez GuzmánHace unos años, ante el estreno de la extraordinaria e incomprendida Guerra de los Mundos (Spielberg, 2005) -incomprendida por los colegas que nunca leyeron el texto de H.G. Wells y/o ejercen la crítica de cine como una forma de anti-americanismo ramplón-, me di a la tarea de revisar en DVD la primera película en la que Spielberg reunió a los seres humanos y a los extraterrestres. La “edición especial” de Encuentros Cercanos del Tercer Tipo (Close Encounter of Third Kind, EU, 1977/1980) cuenta con dos discos con la cinta de 1977 re-estrenada en 1980 con algunos minutos de más y, ahora, presentada en formato digital con 137 minutos de duración. El paquete entrega valiosos extras (once escenas borradas, un mini-promocional de 1977, un interesante documental de aniversario de 100 minutos) además de lo infaltable: trailer original, notas de producción, filmografías… Por supuesto, el filme se ve (formato widescreen) y se escucha (sonido 5.1) mejor que nunca.
Si uno revisa esta la cinta al mismo tiempo que Guerra de los Mundos, queda claro algo que el mismo Spielberg confiesa en el documental Mirando al Cielo, realizado en 1997 para esta edición especial en DVD. Me refiero a la inevitable –y para bien—transformación/maduración del cineasta. Mientras que en Encuentros… el Spielberg de 1977 veía con esperanza casi religiosa el advenimiento de los extraterrestres, de tal manera que un hombre común y corriente (Richard Dreyfuss) decide abandonar a su familia para irse de paseo con los “E.T.s”, el Spielberg de 1997 dice ante cámaras que, ahora, no podría hacer un final así: “He envejecido, no soy tan optimista, veo el mundo de manera diferente… Ahora no podría permitir que un hombre abandonara a su familia”.
En efecto, el Spielberg del nuevo siglo puede ser cruel e irónico hasta el grado de ser --¡otra vez!—incomprendido (léanse las reseñas que se publicaron de Inteligencia Artificial/2001) o, de plano, oscuro, apocalíptico, desencantado (Guerra de los Mundos). El Spielberg de los años 70 tenía su perfecto alter-ego en el energético adolescente perpetuo Richard Dreyfuss quien, influido por los aliens, deja toda su vida atrás con tal de vivir una aventura. El asombro de Dreyfuss es el asombro de Spielberg y, por ende, de nosotros como espectadores. Esa ingenuidad ha desaparecido –o, en todo caso, disminuido—en la mejor y más reciente obra spielbergiana.
Técnicamente la película sigue siendo una maravilla, con 5 minutos de más o de menos. Es cierto que los efectos especiales setenteros eran más bien artesanales (maquetas, naves a escala, trucos fotográficos) pero siguen siendo más emocionantes, de lejos, que cualquier Matrix y copiones que la acompañan. Y he dicho.
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