EL CINE Y SUS VOCES

ENTREVISTA
Fernando Eimbcke
Se libera con los límites


Por Javier Pérez

El debut de Fernando Eimbcke en el largometraje, Temporada de Patos, presenta a un cineasta con un sello y una propuesta personales

Son pocas las películas mexicanas que cuentan con el apoyo generalizado de la crítica nacional. La ópera prima del experto videoclipero y amante de la música Fernando Eimbcke es una de ellas.

Y es que desde su presentación en la edición 19 de la Muestra de Cine Mexicano e Iberoamericano de Guadalajara, Temporada de Patos ha conquistado las pantallas, y sus 7 premios Mayahuel (que incluyeron Mejor película, Mejor dirección y guión) están para corroborarlo.

Será por la sencillez del relato, por el trasfondo crítico y reflexivo relativo a la incomunicación, por el chispazo de sus actores, por el reflejo del tedio y el aburrimiento de la vida cotidiana, por su calidad técnica, por su visión de autor, o por lo que sea que se pueda enumerar, el chiste es que Temporada de Patos se ha convertido ya en la película mexicana más destacada de este 2004.

“Puede sonar cursi, pero Temporada de Patos se hizo con amor y respeto al público. La televisión tiene poca calidad, y eso lo sabe todo mundo; me molesta que entre los que hacen la televisión haya personas que opinen que eso es lo que quiere la gente. Creo que como comunicador tienes una labor muy especial y si haces algo con cariño es seguro que rendirá frutos”, opina en entrevista con cinevértigo el propio Eimbcke.

Para este realizador no son necesarios los contenidos estúpidos para llegarle al público joven. Su debut en el largometraje está para corroborarlo. Es cierto que tres adolescentes son los protagonistas, que hay malas palabras, una chica guapa, besos, videojuegos, pizza y cocacola, pero todo está en función de la verosimilitud (“no queríamos inventar nada que fuera falso”).

Y nomás hay que echarle un ojo a la propuesta estética para darse cuenta: fotografía en blanco y negro (“no es cierto que los jóvenes prefieran el color”), encuadres poco comunes y una sola locación en la que se desarrolla la historia: un departamento de clase media en Tlatelolco, Ciudad de México.

Quizá podría parecer poco interesante, e incluso podría pensarse en limitaciones, pero para Eimbcke significó mucho lograr que su historia funcionara trabajando sólo en el departamento.
“Creo que todo se pone más divertido cuando te pones límites. Un ejemplo claro de ello es el Dogma, que en realidad era un juego por parte de los cineastas que lo promovieron, ellos se divirtieron no sólo siguiendo las reglas que se impusieron, sino rompiéndolas.

“La idea de hacer Temporada de Patos en un departamento nació de una premisa: la libertad puede nacer de estar encerrado en cuatro paredes. Si te dan todo y no tienes límites, entonces todo se puede volver aburrido e incluso menos importante”, explica.

Trabajar la fotografía en blanco y negro no estuvo en función de moda alguna ni tampoco para dotar a la película de un sello “intelectual” que la alejara de las masas. Dice Eimbcke, quien ha dirigido videoclips para grupos como El Gran Silencio y Genitallica, que simplemente le iba bien a la historia.

“Siempre he visto los domingos –día en que se desarrolla la historia en la que intervienen Moko, El Flama, Rita y el repartidor de pizzas- como días muy grises; no importa qué tan soleado esté, veo la ciudad con un tono gris. Y el blanco y negro refleja bien eso, cómo el concreto se va apoderando de todo el panorama urbano”.

Para el cineasta, no hace falta poner énfasis ni en la crítica ni en el sello autoral que a final de cuentas consiguió. Para los jóvenes, el público al que está dirigida la cinta, no será difícil percibir eso, dice. “Están preparados para cualquier cosa”.

De ahí que en Temporada de Patos aparezcan de repente sucesos tan extraordinarios como un peculiar pastel, un lago michoacano o un repartidor de pizzas a quien lo que menos importa es el tiempo.

“Los personajes surgieron para crear conflictos. La vecina, por ejemplo, apareció de repente; en una etapa temprana del guión ella era la hermana de uno de los chicos; el repartidor de pizza no existía, era primo de uno de ellos. Pero tienes que dedicarle tiempo al guión y cuestionar todo. Por eso las películas de productor son peligrosas, porque muchas veces sus personajes e historias acaban por ser acartonados, pues el director no puede intervenir en el guión”.

Consciente de que los directores se hacen con su trayectoria (y que de hecho, son su trayectoria), Eimbcke espera darle continuidad a su carrera cinematográfica (cuya pasión sólo es superada por la música), aunque también sabe que en el cine mexicano se tiene que recurrir al apoyo económico de los fideicomisos gubernamentales (léase Fidecine o Foprocine).

“Es que si no existieran (los fideicomisos) ¿cómo le haces?, ¿quién le entraría si la recuperación es tan difícil? El último que recupera es el productor y en ese sentido resulta inverosímil que le digas a alguien que invierta a sabiendas que va a ser el último en recuperar, si es que consigue recuperar.. Por eso tienen que entrar estos fideicomisos. Aunque lo que se pide es que se recupere la legislación, que se apoye a los productores con incentivos fiscales, como se hace en otros países, y no que se regale el dinero.

“(En México) no se produce lo que se tiene que producir y eso que cada año hay una película mexicana colada en un festival importante… y haciendo un buen papel. Pero tenemos una producción de 10 o 12 películas anuales, lo cual está muy lejos de ser un reflejo de una industria sana”, concluye.

* Javier Pérez es periodista cinematográfico
j_pemar@yahoo.com

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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com
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