EN CARTELERAYO LOS DECLARO MARIDO Y... LARRY
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Ernesto Diezmartínez GuzmánAunque hay un conocido lema hollwyoodense -atribuido al fundador de la MGM Sam Goldwyn- que aconseja que “si quieres mandar un mensaje, usa Western Union”, Hollywood nos ha recetado, desde siempre, mensajes sociales y políticos de toda naturaleza. Ningún tema –la miseria, el racismo, discapacidades varias, la discriminación, el homosexualismo, los crímenes bélicos…- ha dejado de ser cubierto por Hollywood, para bien o para mal.
O para peor, como podría parecer, a bote pronto, la idea de una comedia orgullosamente vulgar sobre dos amigos que se hacen pasar por gays para obtener los beneficios legales que Nueva York les ofrece a las parejas homosexuales. Chuck (Kevin James) es viudo, tiene dos hijos y el heroico pero peligroso trabajo de bombero; Larry, su mejor amigo y compañero apaga-fuegos, es soltero, mujeriego, irresponsable y… está interpretado por Adam Sandler, con lo que está dicho todo lo demás. La única forma en la que Chuck puede arreglar la pensión para sus hijos es casándose… y Larry está a la mano. Total: ¿para qué son los amigos?
Yo los Declaro Marido y… Larry (I Now Pronounce You Chuck and Larry, EU, 2007) tiene sus altas (varios chistes graciosos, un buen rapport cómico entre Sandler y James) y sus bajas (no hay los suficientes buenos chistes y una duración excesiva), pero el resultado final es sorprendentemente positivo, hasta para un servidor, que no se considera el más apasionado fan de Mr. Sandler.
Y es que aunque todas las características de las mejores/peores comedias “à la Sandler” están ahí –la rampante vulgaridad, la alusiones sexuales, el sexismo desvergonzado y hasta la infaltable flatulencia-, todo lo anterior está al servicio de un pertinente discurso en el que la tolerancia y la comprensión son el centro cómico del filme, sin que la cinta se convierta nunca en un sermón políticamente correcto.
Así, la trama escrita, en parte, por –nada menos- el cineasta Alexander Payne (Las Confesiones del Sr. Schmidt/2002, Entre Copas/2005) se mueve en un difícil balance entre lo vulgar y lo sensible, en el cual hasta los viejos chistes homofóbicos (“¿me pasas el jabón que se me cayó?”) son usados para hacernos aceptar que, como dice el francote jefe de bomberos (Dan Aykroyd), lo que cada quien se mete por atrás es asunto de cada quien. Amén a eso.
Escala de Calificación
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* Palomera + Churrito ++ ChurroteComentarios: ernesto@cinevertigo.com