EL CINE QUE NO VIMOS
DONNIE DARKO
(***1/2)
Ernesto Diezmartínez GuzmánDonnie Darko (EU, 2001), la opera prima del cineasta veinte-añero Richard Kelly, se estrenó en febrero de 2001 en el Festival Sundance en donde causó fuertes debates entre los críticos presentes, discusiones que se repitieron cuando el filme se estrenó comercialmente en Estados Unidos, en octubre de ese mismo año. Para una parte de la prensa (el Village Voice, el Washington Post) Donnie Darko fue el mejor filme de cualquier debutante en 2001; para otros (en especial, el New York Times), la película del joven Kelly es un melodrama que parece “una novela de García Márquez adaptada por John Hughes”.En todo caso, un servidor diría que este filme no tiene nada que ver con el mundo autocomplaciente de John Hughes y el tono fantástico que poco a poco va desarrollando el guión original del propio Richard Kelly, le debe mucho más a los cerebrales cuentos de Jorge Luis Borges que al realismo mágico del escritor colombiano premio Nóbel. El problema de Donnie Darko –si es que a esto se le puede llamar un problema—es que se trata de un filme tan vago, enigmático e inasible como su propio personaje principal, el Donnie del título, encarnado con maestría por Jake Gyllenhaal.
Donnie es un adolescente o, lo que es lo mismo, un auténtico misterio envuelto en un acertijo dejado en el centro de un laberinto sin salida. El muchacho vive a finales de los 80 en una pequeña comunidad de Iowa, en el seno de una familia clasemediera común y corriente. Para el director de su high-school, Donnie es intimidante porque tiene las mejores calificaciones de todo el estado; para sus maestros, es un alumno difícil porque puede discutir con propiedad a Graham Greene o a Stephen Hawking, al mismo tiempo que ridiculiza con crueldad una “felizóloga” maestra de gimnasia; para sus compañeros, es un tipo demasiado listo que es capaz, en un par de frases bien hilvanadas, de deconstruir a Los Pitufos; para su psicóloga, se trata de un joven perturbado con claros padecimientos paranoico/esquizofrénicos y, finalmente, para él mismo, Donnie es quien puede salvar al mundo de su próxima destrucción.
El filme inicia con Donnie dormido a la orilla de un camino. Cómo llegó ahí y porqué es un misterio –hasta para él mismo—pero un posterior “episodio” de inexplicable sonambulismo lo salva de morir cuando una turbina de un avión cae en su cuarto, mientras él duerme en la mitad de un campo de golf. El problema es que nadie sabe ni puede explicar de dónde vino esa turbina, ni siquiera la propia agencia de aviación del gobierno federal. Estos dos misterios encadenados serán los primeros de un extraño filme que se niega a soltar prenda de cuáles son sus verdaderas intenciones, las cuales descubriremos, conmovidos, en un sorpresivo final digno del mejor Borges.
Las dudas son muchas, de principio a fin. ¿Todo lo que vemos es el producto de la enferma mente de Donnie, quien ha dejado de tomar sus medicinas? ¿De verdad el mundo peligra, como le dice un siniestro conejo llamado Frank que visita a Donnie continuamente? ¿Y que son esos gusanos transparentes que salen del pecho de los personajes? ¿Portales naturales hacia el futuro o qué demontres? ¿Y qué va a hacer Donnie en esa fecha que ominosamente se señala desde que inicia el filme? ¿Va a matar a alguien? ¿Al conejo Frank, a cierto gurú pedófilo, a su maestra felizóloga, a sus padres, a él mismo?
Como buen debutante con talento, Kelly resbala en algunas ocasiones en el aspecto estilístico. Es cierto que el movimiento de grúa con el que inicia la cinta es tan moroso como elegante –además de necesario, porque establece el extraño tono narrativo en el que se desarrollará toda la cinta--, pero muchas otras decisiones visuales de Kelly no se justifican tanto (por ejemplo: el uso del time-lapse al principio o el abuso del ralenti). Eso sí: Kelly ha elegido un sugerente soundtrack con música de los 80 y el tema Mad World de Tears for Fears tiene, en el desenlace, una resonancia insospechada.
Pero lo más notable de Donnie Darko –además de la actuación de Gyllenhaal—es su guión. Muy pocas veces en los últimos años nos ha tocado ver un filme que exprese tal cuidado y respeto por el desarrollo de su trama. Todos los acontecimientos –incluso los que parecen banales– resultarán ser parte de una compleja construcción dramática con impecable lógica interna, todo ello encaminado hacia un desenlace que no deja un solo cabo suelto. Pero Kelly, además, ha escrito una historia que no sólo es una inteligente pieza de género (¿y cuál género?: ¿ciencia ficción?, ¿horror?). Me atrevería a afirmar que Donnie Darko es, en el fondo, una provocadora relectura de Qué Bella es la Vida (Capra, 1946) hecha al revés, con un joven inteligente y soñador que tiene la suerte de ver cómo funciona él mundo cuando él está vivo y que, dado este extraordinario privilegio, tiene la oportunidad de cambiar su vida. De cambiar TODO.
······· Donnie Darko, nunca estrenada comercialmente en México aunque exhibida ocasionalmente en la televisión de paga, está disponible también en un notable DVD de aniversario.
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