DVD verse
BAILANDO EN LA OSCURIDAD
Ernesto Diezmartínez GuzmánEn su momento se estrenó en México Bailando en la Oscuridad (Dancer in the Dark, Finlandia-GB-USA-Dinamarca-Francia-Suecia-Italia-Alemania-Noruega-Holanda-Islandia, 2000), de Lars von Trier, y si usted no tuvo oportunidad de verla, desde hace un par de años está a la venta un magnífico DVD de importación, disponible en las tiendas especializadas o en sitios de internet como amazon o ebay.Las reacciones encontradas que provocó el filme provienen de la insólita combinación genérica que ha ideado el cineasta danés para contar su terrible y cruel historia: se trata de la unión del cine musical con el melodrama femenino más chantajista, tal y como sigue. Estamos en un pueblo del estado de Washington, en los años 60/70. La amable y bondadosa obrera de origen checo Selma Jezkova (la cantante islandesa Bjök, prodigiosa) está perdiendo la vista por una enfermedad incurable y hereditaria. Su único objetivo es ahorrar cada centavo para pagarle una operación que salvaría de la inminente ceguera a su único hijo, Gene (Vladica Kostic). Sin embargo, el vecino de Selma, Bill (David Morse), que además es el jefe de la policía, le roba todo el dinero, y ella, al ir a recuperar sus ahorros, lo mata, por lo que es apresada y condenada a muerte.
Como quien dice, ni a Griffith se le podría haber ocurrido una historia tan melodramática. Pero he aquí la gran provocación estilística/genérica/dramática de Lars von Trier: esta historia –escrita por el mismo cineasta sádico—está enmarcada por varios números musicales cantados y bailados por Selma y todos los personajes.
En un momento clave de deconstrucción fílmica, el buenazo galán de Selma, Jeff (Peter Stormare), le dice a ella que nunca le han gustado los musicales, pues no entiende por qué de repente todos empiezan a cantar y a bailar. En otra escena de la cinta, Selma le dice a su amiga y protectora Kathy (Catherine Deneuve) que a ella le encantan los musicales porque en ellos no pasa nada malo. Por supuesto, la suprema ironía genérica que hace von Trier en este filme es que todo lo malo que es posible que le suceda a Selma, le sucede, y que la coartada para que todos canten y bailen es impecable: para olvidarse de la miseria en la que vive, para borrar el sufrimiento que esconde, para desplazar la monotonía de su trabajo diario, Selma sueña despierta que vive en una suerte de musical hollywoodense clásico, en donde las máquinas se convierten en instrumentos rítmicos, los obreros bailan y cantan, y nadie es infeliz. Más aún: como en todo musical que se precie de serlo, los números tienen que ver con los personajes, su entorno, sus deseos, sus tristezas y alegrías. Es decir, las canciones (letras de von Trier y Sigurdsson, música de Björk) no son meros rellenos musicales sino que representan algunos de los momentos más importantes del filme (el número “I’ve Seen It All”, por ejemplo, es el clímax musical y dramático al mismo tiempo que la secuencia más bella y conmovedora de toda la cinta; “Smith & Wesson”, en contraste, es un extraño número musical/surreal en donde Björk y el cadáver de Bill se reconcilian después de haber sucedido el crimen).
En la forma, von Trier extiende su provocación al máximo: filmada –más bien grabada—en vídeo digital, en ocasiones usando cien videocámaras a la vez (en la secuencia de “I’ve Seen It All”) y en un estilo de video-home malhechote, la película se desentiende de lo que convencionalmente llamamos “una buena fotografía” –es decir, imágenes fotogénicas y preciosistas—para contar la historia con las vísceras, con cámara en mano, con violentos paneos de un personaje a otro, cual testigo ávido de las desgracias, miserias y sublimes sacrificios de sus personajes. Y todavía queda la máxima provocación: el desenlace, en donde la admiración racional por la audacia de von Trier se mezcla con los más encontrados sentimientos por haber sido atrapado en un discurso melodramático llevado a extremos indescriptibles. En ello radica la grandeza de Bailando en la Oscuridad: uno termina vapuleado –y agradeciéndole a von Trier la paliza.
El DVD de este filme es impecable: formato widescreen, permite el acceso directo a las canciones, ofrece el típico archivo de talentos y los trailers, tiene una sección de escenas alternativas y, sobre todo, dos espléndidos documentales –Musical Mysticism: Creating the Modern Musical y Lars von Trier’s Creative Infrastructure: An Exploration of DV Filmmaking—que discuten el musical entendido por von Trier y sus experiencias al trabajar en el formato digital. Un filme fascinante y provocador; un DVD apasionante que no debe faltar en la dvdteca de cualquier cinéfilo que se precie de serlo.
DVD verseComentarios: ernesto@cinevertigo.com