LAS VACAS SAGRADAS
LA DAMA DESAPARECE
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
La Dama Desaparece (Lady Vanishes, GB, 1938), el vigésimo-segundo largometraje de Alfred Hitchcock y el penúltimo de los realizados en Gran Bretaña antes de viajar a Hollywood para dirigir Rebeca (1940), es un delicioso muestrario de las estrategias narrativas y argumentales que el mismo Hitchcock había perfeccionado en años anteriores (en Los 39 Escalones/1935 y en Joven e Inocente/1937, sobre todo) y que llevaría a alturas insospechadas 20 años después en Intriga Internacional (1959).Estas estrategias son: el espionaje internacional como pretexto argumental, un héroe (o heroína) involucrados en un complot que no les va ni les viene, una desaparición (o crimen) misteriosos, salvaciones de último minuto, tensión amorosa/sexual entre el héroe y la heroína y, por supuesto, un apoteósico final feliz en donde los malos la pagan y los buenos salen avante. ¿Suena convencional?: por supuesto. Lo que pasa es que quien INVENTÓ estas convenciones --y otras muchas más—fue precisamente Hitchcock con este tipo de películas.
En La Dama Desaparece podemos observar muy claramente que es lo que el cineasta llamaba McGuffin, es decir, el pretexto argumental para que la trama avance y tenga el mínimo sentido dramático (aunque la historia fuera del todo inverosímil, como en este filme). En este caso, el McGuffin es una clave en forma del ritmo de una canción folclórica que una amable anciana, Miss Froy (la encantadora Dame May Whitty), una supuesta institutriz que en realidad es una espía, trata de llevar de los Balcanes hacia Londres. En un tren en el que viaja por el centro de Europa, la mencionada señora desaparece de improviso, y una audaz muchacha, Iris Henderson (la vivaz Margaret Lockwood), y un simpático investigador musical, Gilbert (Michael Redgrave), se dan a la tarea de buscarla.
La Dama Desaparece es una maravilla. Divertida, inteligente, pletórica de momentos de acción y suspenso, aderezada con brillantes situaciones humorísticas y/o satíricas (¡esos ingleses tan flemáticos como ridículos interpretados por Naughton Wayne y Basil Radford!), con personajes y subtramas plenamente desarrollados (el funcionario que viaja con su amante, la historia de amor entre Iris y Gilbert), La Dama Desaparece fue una de las películas más exitosas de las realizadas por Hitchcock en la Gran Bretaña y recibió un reconocimiento unánime de la crítica estadounidense en su tiempo (los exigentes críticos neoyorkinos la nombraron como la Película del Año en 1938 y a Hitchcock el Mejor Director).
El éxito económico de su cine, los elogios de la crítica y el proverbial profesionalismo de Hitchcock detrás de las cámaras (La Dama Desaparece no era un proyecto personal: la hizo el cineasta por encargo, en poco tiempo, con mínimo presupuesto y de manera eficiente), ya habían llamado la atención del productor más poderoso del Hollywood de la época: David O. Selznick. América estaba a la vista.
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