ESE CIERTO CINE
CRASH
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Ernesto Diezmartínez GuzmánMientras el productor cinematográfico James G. Ballard (James Spader) hace el amor en su oficina con cierta cinefotógrafa oriental, su esposa Catherine Ballard (Deborah Kara Unger) lo hace con su instructor de vuelo en el aeropuerto de la ciudad de Toronto. Momentos después, al contarse mutuamente sus experiencias sexuales, Catherine confiesa no haber llegado al orgasmo. "Maybe the next one, baby", le contesta suavemente su marido.Ballard choca su auto en pleno free-way contra el automóvil de la Dra. Helen Remington (Holly Hunter irreconocible), accidente en el cual muere el marido de ella. La colisión provoca que Ballard y Helen entren en contacto con Vaughan (el actor-fetiche de Atom Egoyan, Elias Koteas), un bizarro gurú de una minisecta que busca el máximo placer sexual a través de la fusión del cuerpo humano y el automóvil. En otras palabras, el orgasmo en forma de un choque violento... con suerte, hasta mortal. Si no se logra a la primera, "a lo mejor la próxima, nena", maybe the next one, baby.
El genial duodécimo largometraje del fuera de serie David Cronenberg, Crash (Canadá, 1996), es un inclasificable filme/provocación que se puede comparar,, en su audacia y perfección, los primeros filmes-manifiestos de Buñuel. Un hiperaudaz "tecno-porno-thriller" que se adelanta --acaso no muchos años-- en la descripción desazonante, más que perversa, de una sicopatología sexual que une a los autos y al hombre o, mejor dicho, que une sexualmente al hombre a través del auto.
Basado en la legendaria novela de ciencia ficción homónima escrita por el británico James G. Ballard en 1973, con absorbente música metálica de su inseparable colaborador Howard Shore, con precisa (y preciosa) fotografía de Peter Suschitzky, Cronenberg creó una hipnótica cinta que rechaza toda narración cinematográfica clásica y que está desarrollada a partir de la sucesión de diversos actos sexuales que tienen como sempiterno tercero en discordia al automóvil. Sin embargo, la película está años luz de servir como cinta pornográfica típica, sea soft o hard-core: nada de acercamientos a los genitales, nada de idealización del acto sexual o de los cuerpos, sean masculinos o femeninos, nada del éxtasis siempre esperado por los jariosos espectadores de este tipo de cine.Mas bien este "tecno-porno-thriller" deviene hacia el final en una torcida historia de amor, en una patética búsqueda del perfecto acto amoroso/sexual aunque éste sea alcanzado a través de la velocidad, del volcamiento, del estallamiento del parabrisas, de la propia muerte del ser amado que así alcanzará lo inalcanzable. Los choques por detrás como metáfora apenas sugerida del acto sexual; los incontables coitos anales como metáfora apenas sugerida de los encontronazos automovilísticos.
Filme-escándalo automático premiado en Cannes 96 "por su audacia e originalidad" y prohibido tácitamente en algunos países (como Gran Bretaña) mientras en otros fue virtualmente ninguneado (en Estados Unidos), Crash es, hasta la fecha, muy probablemente el filme más personal de todos los realizados por Cronenberg. Como en muchas de sus primeras cintas (Rabia, Los Engendros del Diablo, Telépatas, Mentes Destructoras, Videodrome, La Mosca), aquí lo que le interesa a Cronenberg es explorar las mutaciones que sufre el cuerpo humano frente a la tecnología. Esta vez la mutación, es cierto, no es sólo física --como la mujer de Vaughan, Gabrielle (Rossana Arquette bellísima con todo y sus prótesis)-- sino también mental, interna, diríase hasta espiritual. El auto no sólo como extensión física del ser humano sino como único medio para llegar a obtener la añorada felicidad. El auto como último reducto de la humanidad/sexualidad.El filme, ambientado en Toronto en lo que parece ser el presente, es narrado de una forma nada convencional, pulverizando las ideas que tiene el espectador de cómo debe ser contada una historia ("Un espectador me dijo: una serie de escenas sexuales no hacen una trama, y yo le respondí: ¿Por qué no?, ¿en donde dice que no puedo hacer eso?", Cronenberg dixit). Así, vemos una avalancha de actos sexuales, dos, tres o más consecutivos, mientras vamos conociendo más la patología de estos personajes. Volvemos a otros actos sexuales (hetero, homo, bi, poco importa, pues el auto sigue siendo el protagonista principal), para adentrarnos luego aún más en este mundo paralelo que, de cualquier forma, no parece alejarse mucho del que ya conocemos, por lo menos en su afán por encontrar la perfección y el amor. Un amor que parece sólo destinado a los que se atreven a arriesgarlo todo, a los que se atreven a perderlo todo... incluso la vida. Y si no se logra a la primera, maybe the next one, baby; maybe the next one...
ESE CIERTO CINEEscala de Calificación
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