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THE BIG COUNTRY
Ernesto Diezmartínez GuzmánLa cinefilia de Martin Scorsese es bien conocida. Además de sus esfuerzos por el rescate y la preservación del cine clásico americano –trabajos que ha realizado junto a sus colegas Woody Allen o Francis Ford Coppola--, es el autor total –director, guionista y narrador—de un formidable documental televisivo, A Personal Journey with Martin Scorsese Through American Movies (1995), filme que trata acerca de la historia del cine estadounidense contada desde su muy personal perspectiva. En el citado telefilme –de casi 4 horas de duración y que está disponible también en DVD—el gusto de Scorsese por el cine casi desconocido salta a la vista: filmes subvalorados, cineastas expulsados del Olimpo de los grandes autores, películas de serie B, directores “malditos”, son el centro de su fascinante discurso como apasionado defensor de sus filias, admiraciones e influencias.Todo esto viene a cuento porque en una entrevista otorgada hace unos años, cuando estaba terminando la edición de Pandillas de New York (2002), Scorsese confesó que, para el montaje de esta película, se había inspirado en dos filmes poco conocidos. El primero, The Tall Target (1951), es un thriller de ambientación histórica dirigido por Anthony Mann, centrado en un detective que trata de evitar el asesinato de Abraham Lincoln. La película, por desgracia, es imposible de encontrar en formato casero, sea VHS o DVD.
El segundo filme es el tema de esta columna. Se trata de The Big Country (EU, 1958), un subvalorado western dirigido por William Wyler (1902-81), acaso el más talentoso artesano de la Era Dorada de los Grandes Estudios hollywoodenses. Wyler es el director de clásicos de la talla de Jezebel (1938), Cumbres Borrascosas (1939), Mrs. Miniver (1942), Los Mejores Años de Nuestras Vidas (1946), La Heredera (1949), Las Horas Desesperadas (1955) y, por supuesto, la multioscareada Ben Hur (1959). Como director, Wyler ganó tres oscares, la Palma de Oro en Cannes y un Premio Especial del Jurado en Venecia; sus actores fueron nominados una treintena de veces al Oscar y ganaron en 14 ocasiones la estatuilla. Dicho de otra manera, Wyler, sin los laureles de autor de un Capra, Ford, Hawks o Welles, merece por derecho propio un lugar en el panteón de los grandes cineastas hollywoodenses de todos los tiempos.
Wyler trabajó bajo contrato para la Universal, la MGM y la Paramount durante más de 20 años. Para la época de The Big Country, el alemán naturalizado estadounidense ya se había ganado su “libertad”, es decir, trabajaba con el estudio que fuera, dependiendo de la calidad de cada proyecto. The Big Country es, en este sentido, un filme muy personal para Wyler. Se trata de un western fotografiado con grandiosidad por Franz Planer en Technirama (Wyler inició su carrera dirigiendo baratonas cintas del oeste en los años 20) que, además, trata uno de los temas ya explorados por el cineasta en otros de sus filmes: la opción de vivir racionalmente y sin violencia en una sociedad cruel y brutal.
El civilizado citadino James McKay (el productor del filme Gregory Peck) llega a algún lugar del lejano Oeste para casarse con una maleducada heredera, Patricia Terril (Carroll Baker), hija del poderoso ranchero Henry Terril (Charles Bickford). Terrill y sus hombres han luchado toda la vida en contra de los Hannasey, una ruda familia comandada por el violento patriarca Rufus (Burl Ives, ganador del Oscar por este trabajo). La posesión de un arroyo estratégico para las dos familias, vendido por la maestra de escuela Julie Maragon (Jean Simmons) a McKay desatará las pasiones apenas contenidas. El sensato McKay será presionado para tomar bando en esta absurda guerra civil, más aún cuando su prometida Patricia parece estar más atraída por el caporal Steve Leech (Charlton Heston) que por él.
Aunque la historia es bastante predecible, The Big Country tiene mucho qué ofrecer aun al cinéfilo más exigente: suntuosa fotografía, buena partitura épica de Jerome Moross, espléndidas actuaciones de un reparto multi-estelar y varias secuencias memorables, entre ellas, el solitario duelo a puñetazos a media noche entre el “bronco” Heston y el “educado” Peck. Tal vez la mejor prueba del talento de Wyler como director es que a pesar de la duración de la cinta –casi tres horas--, The Big Country no tiene un solo momento aburrido.
El DVD de este filme ofrece una imagen impecable en wide-screen, colores perfectos, la posibilidad de subtitularlo y verlo en diferentes idiomas y el trailer respectivo. No es mucho, pero el disco no necesita más: la pura película basta para recomendarse. Y, de nuevo, gracias a Marty –así le decimos los cuates—por descubrirnos esta cinta casi olvidada.
····· The Big Country se encuentra en venta en sitios de internet y en tiendas que venden productos importados.
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