EL CINE QUE NO VIMOS

CHUNKING EXPRESS
(***)


Ernesto Diezmartínez Guzmán
¿Qué hace un gran cineasta para descansar y relajarse en medio de la realización de un filme especialmente complicado? Fácil: escribe, planea o hasta dirige otra película. La muestra la dieron los hermanos Coen cuando, a la mitad de la escritura del guión de su filme de gangsters De Paseo a la Muerte (1990), decidieron hacer Barton Fink (1991) que trata, precisamente, de un guionista “bloqueado”.

Algo similar le sucedió al cineasta hongkonés Wong Kar-Wai. Después de terminar el difícil rodaje de su tercera película, Ashes of Time (1994), Wong se encontró agobiado por el trabajo en la sala de edición. Así, para descansar de la chamba de editar Ahses..., Wong decidió escribir y realizar un pequeño filme sin demasiadas pretensiones, con dos historias más o menos sencillas y con sólo cuatro personajes centrales en escenarios urbanos y cotidianos (Ashes of Time, en contraste, es una ambiciosa cinta de artes marciales y amores tormentosos, rodada completamente en la China continental durante varios meses y con un reparto impresionante de estrellas chinas y hongkonesas).

La “modesta” cinta “de descanso” se llama Chunking Express (Chongqing Senlin, Hong Kong, 1994) y es una encantadora y desconcertante historia de amor contada en dos vías que apenas si llegan a tener el mínimo contacto dramático. En cierta entrevista, Wong confesó que la idea original de Chunking... era contar tres historias de amor entrelazadas. Sin embargo, el cineasta decidió, finalmente, concentrase en sólo dos relatos y dejó la tercera historia para desarrollarla en su siguiente filme, Fallen Angels (1995).

La cinta extrae su título de un barrio hongkonés del centro del centro de la ciudad, Chungking Mansions, y por un changarro de comida rápida, el Midnight Express, que resultarán ser los lugares claves en los ires y venires de los cuatro personajes principales. He Qiwu (Takeshi Kaneshiro), el policía número 223, ha sido abandonado por su novia May y desde entonces compra latas de piña que caducan el 1 de Mayo –fecha del cumpleaños de He y día en que se cumplirá un mes exacto de su abandono. Después de zamparse 30 latas de piñas y varios alcoholes en cierto bar, He decide enamorarse de la primera que ve. La “afortunada” es una guapa mujer de impermeable (la diva Brigitte Lin) que se esconde tras unos lentes negros y una peluca rubia. La mujer es una violenta traficante de drogas y está buscando a un grupo de indios que le robaron su cargamento de heroína.

Después de pasar la noche con ella (y sólo verla dormir), He es abandonado ahora por la falsa rubia misteriosa. El policía 223 decide, entonces, invitar a salir a Faye (Faye Wong), la empleada de un restaurante de comida rápida. Demasiado tarde: Faye se ha enamorado de otro policía, el número 663 (Tony Leung). Aquí inicia la segunda parte del filme, un segmento notablemente más ligero en el tono y en su ejecución. El policía 663 también ha sido abandonado por su novia, quien le deja las llaves del departamento a Faye, la delgada empleadilla del susodicho restaurante de fast-food. La muchacha, quien se ha obsesionado por el policía 663, toma las llaves y visita el departamento del cuico cuando él no está, dejando nuevos peces en la pecera, arreglando el baño, dejando su música preferida al alcance del 663.

Los cuatro personajes apenas si se cruzan un par de veces y fuera de la simetría de las dos tramas (dos policías abandonados por sus respectivas novias), no hay muchos pretextos para que estas dos historias formen parte de la misma película. De hecho, uno se queda con la sensación que la primera parte está fatalmente inacabada (lo cual es cierto: Wong contó con muy poco tiempo con Brigitte Lin, así que su personaje es el más breve y desdibujado de los cuatro) y que la segunda se extiende demasiado. Aún y así, Chunking Express se eleva muy por encima de sus limitaciones: por principio de cuentas, el estilo narrativo y visual de Wong y su sempiterno fotógrafo Christopher Doyle termina unificando todo el filme: preciosista fotografía en time-lapse, insólitos encuadres definitivos, freeze-frame y cámara lenta usada a discreción, espléndido uso de la música ambiental y de las canciones elegidas, edición elíptica y sugerente más que demostrativa.

Además, Wong posee siempre el ojo, el oído y el verbo que todo gran cineasta conserva, aun en sus momentos “light”: Faye balanceándose en el Midnight Express al ritmo de “California Dreamin”, de The Mamas and the Papas, tema que se convertirá en una suerte de “mantra” que baila y vuelve a bailar ella durante toda la película; la virtual máscara que usa Brigitte Lin para ocultarse y las razones que da, en off, para llevarla: “uso lentes oscuros e impermeables, porque no sabes cuándo va a llover ni cuando va a estar soleado”; el colorido prólogo en time-lapse y la confesión profética de He Qiwu: “en 57 horas estaré enamorado de esta mujer”; los chispazos de humor autodenigratorio (las continuas llamadas de He a sus antiguas novias) y, después, el exultante happy-end que cierra una de las dos historias de amor, la que merecía cerrarse bien. En suma, la obra menor de un gran maestro o, dicho de otra manera, la obra maestra de casi cualquier otro cineasta que no sea Wong Kar-Wai.


EL CINE QUE NO VIMOS
Escala de Calificación
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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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