EL CINE QUE NO VIMOS
CAT'S MEOW
(** 1/2)


Ernesto Diezmartínez Guzmán
Según Stanley Kauffman en The New RepublicThe Cat’s Meow es una suerte de slang estadounidense de los años 20 y significa “perfección”. Por su parte, un servidor recuerda que The Cat’s Meow es el nombre de la simpatiquísima canción que canta y baila Debbie Reynolds al salir de un enorme pastel en Cantando Bajo la Lluvia (Donen y Kelly, 52), filme ambientado, por cierto, a finales de los 20. En todo caso, estas dos interpretaciones son más que pertinentes para explicar el curioso título original del más reciente filme del escritor, cinecrítico y cineasta Peter Bogdanovich, The Cat’s Meow (The Cat’s Meow, EU, 2001), ya que la cinta nos muestra la “perfecta” solución que encontró cierto magnate de los medios al enfrentar un terrible escándalo de infidelidad y asesinato y, también, al estar ambientada la película en 1924, era inevitable la puesta en imágenes de los famosos “roaring twenties” y sus excesos de alcohol, drogas y sexo.

La historia de The Cat’s Meow está centrada en uno de los mayores escándalos del Hollywood de los años 20. En noviembre de 1924, el poderoso William Randolph Hearst (Edward Herrmann) ofrece una fiesta de cumpleaños a su amigo Thomas H. Ince (Cary Elwes), el legendario productor y cineasta que había prácticamente inventado el western fílmico pero que en esos días se encontraba a punto de la bancarrota. Hearst y su juvenil amante Marion Davies (Kirsten Dunst, siempre bienvenida) reciben, pues, en el enorme yate Oneida, a media docena de invitados para recorrer los mares californianos en un fin de semana legendario que aun hoy en día es pasto de rumores y chismes. En esa fiesta participarían también familiares de la Davies y achichincles de Hearst, además de la amante del propio Ince, Margaret (Claudia Harrison), la escritora Elinor Glyn, la columnista de cine Louella Parsons (Jennifer Tilly) y el mismísimo Charles Chaplin (Eddie Izzard), quien en esos días estaba realizando La Quimera del Oro (1925). La versión oficial de esa fiesta fue que Ince tuvo un ataque de congestión y murió, por ello, días después. El rumor, por el contrario, nos ha dicho, desde hace mucho tiempo, que Ince falleció baleado por el propio Hearst, quien confundió al desafortunado productor con Chaplin, quien parecía andar tras los huesitos de Marion Davies. Aparentemente, ciego de furia y celos, Willie –como lo llamaba su amante—no distinguió bien en la oscuridad, y Chaplin salvó la vida mientras el mundo del cine perdió a Ince, un has-been que no había conocido el éxito desde hacía varios años.

Bogdanovich ha declarado que esta historia se la contó el propio Orson Welles –hay que recordar que Boganovich fue amigo de Orson y que El Ciudadano Kane (1940) está basado en la vida del propio Hearst--, aunque cualquiera puede leer con lujo de detalles todas las minucias del escándalo en el fascinante primer tomo de Hollywood Babilonia (Tusquets editores, pp. 139-150), escrito por Kenneth Anger –sin contar que The Cat’s Meow no fue escrito por Bogdanovich, sino por un tal Steve Peros, basado en su propia obra de teatro. En todo caso, venga de donde venga el origen de la historia, es indudable que Bogdanovich ha sabido explotar con inteligencia y gracia los entretelones de ese presunto crimen cometido por el futuro Charles Forster Kane.

La película se deja ver sin dificultad. Boganovich nunca ha sido un cineasta de grandes alardes estéticos y la funcionalidad de su estilo le ayuda, por un lado, a hacer más fluida la película y, por el otro, le obliga a concentrarse en sus actores. En este sentido, Herrmann se roba la película como el magalomaníaco y excéntrico Hearst: Herrmann es patético, temible y práctico, una combinación que resulta extrañamente convincente gracias al talento de este veterano actor. Kirsten Dunst encarna a Marion Davies, que Welles mostrara en El Ciudadano Kane como una rubia simplona y sin talento.

Tampoco Kenneth Anger en Hollywood Babilonia la trata muy bien. Sin embargo, en The Film Encyclopedia de Ephraim Katz, se describe a la Davies como una actriz bella y de talento cuya carrera fue echada a perder por el propio Hearst, que la obligó a ser una especie de nueva Lilian Gish, cuando lo suyo era la comedia  slapstick. En todo caso, la Marion Davies de The Cat’s Meow encarnada por la señorita Dunst es divertida, apasionada y no tiene un pelo de tonta. Finalmente, a Eddie Izzard como Chaplin le tocó el papel más difícil: por fortuna para él, interpreta al ególatra Chaplin y no a Charlot, así que sale más que bien librado.

El filme tiene dos aciertos más: la impecable ambientación de época y la magnífica banda sonora, repleta de éxitos del jazz de los años 20 (de hecho, en los agradecimientos finales, aparece el nombre del historiador fílmico del jazz Ken Burns, seguramente responsable de la elección de la música). Sin embargo, con todo y lo disfrutable que resulta el filme, la realidad es que The Cat’s Meow no es más que un capítulo extraordinariamente bien hecho de Mysteries and Scandals de E!-Entertainment y muy poco más. A mí, por supuesto, me encanto la película –y es que a un servidor le encanta el chisme y la maledicencia—pero aún no me queda clara la razón por la cual Bogdanovich la dirigió. Como dicen en el país del norte: what’s the point?

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The Cat’s Meow nunca se estrenó en México. Se ha exhibido en televisión con el título de El Maullido del Gato.


EL CINE QUE NO VIMOS

Escala de Calificación

**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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