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CATCH-22
Ernesto Diezmartínez GuzmánEn 1970 Mike Nichols tenía 39 años, dos cintas muy exitosas en su haber y un Oscar como mejor director por El Graduado (1967). Sus dos primeras películas --¿Quién Teme a Virginia Wolf? (1967) y El Graduado—habían sido nominadas a veinte óscares de los cuales habían ganado seis. Así pues, después de una exitosa carrera como actor teatral, comediante y director de cine, parecía que el judío-americano Nichols no podía fallar en nada. Bueno, casi en nada.
Catch-22 (Ídem, EU, 1970), el tercer largometraje del berlinés Nichols, fue un fracaso anunciado desde el principio. La película está basada en la novela de culto homónima de Joseph Heller, un libro que, por el estilo en el que está escrito, parecía imposible de llevar al cine. Sin embargo, adaptado por el actor y guionista Buck Henry, he aquí la historia del Capitán John Yossarian (Alan Arkin), un bombardero asignado en el Mediterráneo en plena Segunda Guerra Mundial, quien hace todo lo posible por ser declarado loco para no ir a nuevas misiones suicidas. El problema de Yossarian es que es imposible que deje de volar: la única manera en que puede ser regresado a casa es que se declare loco y que, por lo tanto, no pueda subirse a un avión. Sin embargo, según el médico del regimiento (Jack Gilford), el piloto que no quiera volar no puede estar completamente loco. Dicho de otra manera: la única forma de ser declarado loco, es que él, Yossarian, vaya con el médico y declare que no está cuerdo. El doctor, entonces, le tendrá que prohibir que se suba a un avión... PERO como nadie que NO quiera volar puede estar tan loco, el doctor no lo puede declarar enfermo. ¿Resultado?: tiene que volar de cualquier manera.
La cinta está llena de estas paradojas que parecen provenir de algunos diálogos perdidos de El Sombrerero Loco de Alicia en el País de las Maravillas. El ambiente surreal del filme destantea desde un inicio: ¿lo que estamos viendo es una locochona sátira sobre la guerra o los sueños deshilachados de un moribundo? Fácil respuesta: SÍ es una sátira sobre los horrores de la guerra y, SÍ, también estamos ante la representación visual de los delirios oníricos de Yossarian, herido de muerte desde el inicio de la película. A decir verdad, nunca sabemos a ciencia cierta qué es real y qué no, qué es en serio y qué no, qué proviene de la mente del bombardero acuchillado y qué proviene de la película en sí. Por todo ello, la cinta desconcierta y fascina en proporciones idénticas.
Desconcierta porque no sabemos cómo reaccionar frente a todas las locuras que vemos en pantalla, fascina por su extraordinario reparto masculino (Arkin, Jon Voight, Martin Balsam, Orson Welles, Anthony Perkins, Bob Balaban, Buck Henry, Martin Sheen, Marcel Dalio) y por algunas escenas francamente delirantes: Yossarian siendo condecorado completamente desnudo, un capitán que sólo puede recibir a alguien en su oficina cuando él no esté ahí, un teniente (Voight) que por cuestiones de negocio intercambia un cargamento de dulces de algodón por el bombardeo de las propias bases militares americanas, un viejo italiano (Dalio) quien explica de manera desarmante que Italia ganará la guerra cuando sea completamente derrotada, además de incontables gags visuales ejecutados impávidamente por todo el reparto.
Sin duda, Catch-22 es un fracaso. La cinta no es lo divertida que debería de ser y su impulso surreal e iconoclasta no es lo radical que uno podría haber esperado. En todo caso, si el filme es fallido, es una de las más meritorias fallas del Hollywood de inicio de los 70’s. Se trata de una película de estudio con gran presupuesto, arriesgada, sin convencionalismos y con más ideas que la enorme mayoría de los filmes estadounidenses de inicio del Siglo XXI. Es cierto, no es ninguna obra maestra, pero tampoco se merecía el universal ninguneo a la que fue condenada hace más de 30 años.
Catch-22 está disponible en DVD en una buena edición de la Región 1. Además del trailer de rigor y una galería de fotografías, el disco nos ofrece el comentario en off del director Nichols conversando con uno de sus más encendidos admiradores: el oscareado cineasta Steven Soderbergh. Si Catch-22 fuera una basura –que no es—aun así valdría la pena ver la película, aunque sólo fuera por escuchar la plática entre Nichols y el director de Tráfico. He aquí a dos cineastas brillantes que han pasado del cine independiente al industrial y viceversa sin despeinarse. He aquí a dos cineastas de generaciones distintas que son imagen especular uno del otro. He aquí, en resumen, a dos de los más grandes cineastas del Hollywood de los últimos 40 años. ¿Necesita más recomendación para revisar esta cinta?
DVD verseComentarios: ernesto@cinevertigo.com