ENTREVISTA EL CINE Y SUS VOCES
Jean-Claude CarrièrePor Javier Pérez
El trabajo como guionista de Jean-Claude Carrière es impresionante. Sus créditos, por su inspirada labor en más de 120 cintas, incluyen colaboraciones con Volker Schlöndorff, Luis Buñuel, Nagisa Oshima, Andrej Wajda, Milos Forman y Philip Kaufman, entre muchos otros reconocidos cineastas.
“Lo único que me interesa en los intercambios profesionales, por ejemplo al trabajar con Milos, Schlöndorff u Oshima, es, como lo dicen los antropólogos, la mirada del otro. El conflicto entre dos miradas, de entender y ver, da unos resultados inesperados e interesantes. Pero ésa es mi manera de concebir mi trabajo y no lo tomo como el mejor ejemplo posible”, asegura Carrière en entrevista colectiva realizada vía telefónica.
El guionista de 74 años fue el invitado de honor en la tercera edición del Festival Internacional de Cine Contemporáneo de la Ciudad de México, donde impartió un taller de guión.La guerrilla localista
Coautor de guiones como los de El Fantasma de la Libertad, La Insoportable Levedad del Ser, Cyrano de Bergerac o Danton, Carrière se declara en contra de lo que llama “el cine masticado por los niños americanos (estadounidenses vaya) de 14 años”.
Desde su óptica, el cine ha perdido la importancia cultural que en Francia, a la que cita como ejemplo, tenía en los años 60 ó 70. “El cine que a mí me interesa ahora, como el de Kiarostami o Wong Kar-Wai, es muy diferente. Es mucho más alusivo y elíptico que el cine explicativo y realista de la época clásica.
“(Aunque) el cine ahora es más viejo que cualquiera de nosotros. Tiene su pasado, su aspecto clásico y es parte de nuestra vida y sustancia; no se puede olvidar ni borrar”.
Para Carrière, el problema principal al que enfrenta el cine está estrechamente ligado a la globalización de la economía. “Hay que resistir a la imposición de ver la realidad de manera uniforme. Creo que eso es el deber de la cultura, resistir a la economía. La globalización de ésta no corresponde con la de la cultura. (En cuanto al cine), creo que a la globalización del cine norteamericano, que es una cuestión de negocios, debe corresponder una localización, de centenares, de docenas de formas de cine local. Eso me parece el provenir del cine: la guerrilla del cine local contra la invasión norteamericana que uno u otro día va a caer, a fallecer”.
¿Y cómo hacerle? El autor francés responde: “La primera cualidad de una película es tener raíces, para estar ligada a un país, a un pueblo. El resto sería pretender rivalizar con la producción norteamericana, y eso sería imbécil. La única manera de hacer algo diferente es hacer un cine de calidad con raíces precisas, auténticas y destinadas a un público local. Es la guerra entre la variedad de la cultura y la uniformidad de la economía. Una cultura uniformizada no tiene sentido; una economía uniformizada, sí. La cultura así no quiere decir nada, es la negación misma de la noción de cultura”.
En ese sentido, el trabajo de los políticos resulta trascendente, al menos desde la perspectiva de Carrière. Nada como el poder político para defender la imagen de cada país ante el resto del mundo, dice.
“Es necesario para un gobierno, para un poder político, reconocer que el cine es un arte y considerar que debe ser defendido por los poderes políticos. A veces los gobiernos pretenden que un cine de calidad podría existir únicamente con reglas económicas. Eso es una ilusión, porque si tenemos sólo reglas económicas, es decir, si trabajamos para tener éxito comercial, vamos a competir con los norteamericanos, que lo hacen mejor. La única manera de mantener un cine interesante, de identidad profunda, es vincularlo con las necesidades políticas. Eso lo hizo el gobierno de Brasil. Comprendió que un país, en el futuro, (sin el cine) no podrá presentar su imagen, sus historias, sus problemas, sus personajes, al resto del mundo”.Intereses compartidos
Los intereses de Carrière, cuyo más reciente trabajo (Los Fantasmas de Goya, dirigido por Milos Forman) se encuentra ya en posproducción, tienen que ver más con mirar un universo particular (una cultura, un personaje, un libro) desde una perspectiva exterior.
Y cita ejemplos. El trabajo que hizo sobre la revolución francesa con el polaco Wajda, Danton; la mirada de Buñuel sobre la burguesía francesa; la del británico Peter Brook sobre el Mahabharata para una miniserie televisiva, o la de Philip Kaufman en La Insoportable Levedad del Ser son siempre factores que lo motivan a realizar sus famosas adaptaciones.Aunque está en contra “del cine uniformalizado” de Hollywood, tipo King Kong, acepta que hay cine interesante en los Estados Unidos (donde, dice, es difícil que un joven pueda hacer cine), como la última película de Clint Eastwood, Golpes del Destino.
Y en cuanto a la absorción de historias exitosas generadas en el mundo para replantearlas en el cine de Estados Unidos, Carrière asegura que es un fenómeno interesante en términos financieros.“Me ha ocurrido varias veces que me han comprado películas, como Le retour de Martin Guerre (1982), de las que han hecho un remake en los Estados Unidos (Sommersby, de 1993, responde al ejemplo citado por el entrevistado). Cuando hay que tomar dinero de los Estados Unidos, por qué no”.
Experiencia renovada
Carrière asegura que la experiencia no basta al momento de escribir un guión. Para él, por definición, estos trabajos deben partir de cero. “La experiencia es algo precioso, pero no tiene nada que enseñar a otros. Cada obra nueva debe ser nueva por definición. La experiencia es otra cosa, es otra mirada, que debe ser ligera, inconsciente, y que debe aparecer a través del trabajo, sin tratar de decir eso ya lo hice una vez, de tal manera, y funcionó muy bien. Eso es fatal. Si tuviera únicamente experiencia, habría sido olvidado desde hace mucho tiempo. Considero que cada película, cada obra de teatro, cada película de televisión que escribo, es la primera. Hablando conmigo mismo me pregunto qué es, de qué trata: hay una página en blanco. Claro que mi experiencia no la puedo cancelar. Está aquí, pero va a aparecer poco a poco, sin que sea una necesidad mía ir a ella. Tiene que ser al revés”.
* Javier Pérez es periodista cinematográfico
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