CINE NACIONAL

LA HIJA DEL CANIBAL
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
Mal empieza el año para quien ahorcan en enero. O lo que es lo mismo, mal inició el cine nacional en el 2003 con La Hija del Caníbal (México-España, 2002), el mediocre segundo largometraje del exitoso director teatral y telenovelero Antonio Serrano (obra Sexo, Pudor y Lágrimas convertida en película en 1999, famosas telenovelas Nada Personal/1996 y Mirada de Mujer/1997).

 Ignoro si la novela en la que está basada esta película vale la pena o no (se trata del libro homónimo de la escritora española Rosa Montero), pero, para el caso, da lo mismo. La Hija del Caníbal, la película, es un interminable muestrario de oportunidades perdidas: una lamentable cinta que no alcanza a construir algo (una escena, un personaje, un giro argumental) cuando ya lo está derrumbando a base de torpezas increíbles.

 De-efe, tiempo presente. La clasemediera Lucía (Cecilia Roth, de pena ajena) pierde a su marido (José Elías Moreno) en el Aeropuerto de la Ciudad de México, a punto de subirse al avión con rumbo a Brasil. Al parecer, el hombre –un burócrata de Hacienda—fue secuestrado por un grupo guerrillero quien exige una estratosférica cantidad de dinero para liberarlo. La sorpresa de Lucía es mayúscula cuando descubre que su “mariachi” sí tiene esa cantidad de plata guardada en el banco. Junto con dos imprevistos vecinos/socios/amigos/admiradores/¿amantes?, un anciano español antifranquista (el digno Carlos Álvarez-Novoa) y un barbilindo muchacho mazatleco (Kuno Becker), Lucía buscará resolver el enigma de su marido que no es otra cosa que el misterio de su propia vida, de la de ella.

 Crisis femenina de edad madura, tensiones sexuales entre el trío de protagonistas, corrupción nacional que alcanza a la Secretaría de Gobernación, comercio ilegal de armas, narcos al estilo del Guicho Domínguez, viaje al norte del país al ritmo de Caballo Dorado (“No rompas más, mi pobre corazón”)… Los cabos sueltos de La Hija del Caníbal darían para media docena de películas diferentes, todas ellas, sospecho, más interesantes y entretenidas que este amasijo de anécdotas mal hilvanadas. Vaya, tan mal está Serrano en este, su segundo filme, que ni siquiera se le ocurre explotar como se debe la cultura norteña/grupera que tanto éxito ha conocido en los últimos años.

 Es cierto que, al inicio, no deja de ser interesante la narración en-off (que se va corrigiendo a sí misma, pues Lucía nos cuenta mitad verdad, mitad mentiras), pero con el paso del tiempo este artilugio narrativo resulta no sólo inútil sino, peor aún, aburrido. Es decir, llega un momento que al espectador le vale si Lucía está diciendo la verdad o si está inventando todo. Lo que uno quiere es que la tortura se acabe, y ya.

PS. Una pregunta: ¿para esta clase de películas quieren los cineastas mexicanos el pesito de más de la taquilla?


CINE NACIONAL
Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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