ESE CIERTO CINE

EL GABINETE DEL DR. CALIGARI
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
El Gabinete del Dr. Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, Alemania, 1920) es la cinta que “inauguró” el expresionismo alemán y, acaso, la única que siguió fielmente todas y cada una de las premisas originales expresionistas llevándolas, además, al límite. Los preceptos del expresionismo germano, por cierto,  provenían del teatro y las artes plásticas de principios del siglo XX y de la literatura fantástica alemana y nórdica del siglo XIX. El expresionismo se convertiría, a finales de la Primera Guerra Mundial, en la corriente artística dominante en Alemania. Resumiendo, "una revuelta contra el naturalismo, provocado por el trauma de la guerra y las propuestas de Freud sobre el subconciente, (el expresionismo) buscaba mostrar que bajo la superficie aparente se esconden los deseos y los temores más profundos del hombre" (World Film Directors, Tomo I, p. 1203).
 
El Gabinete… ha sido la película más discutida de su realizador, el oscuro Robert Wiene (1873-1937), quien fuera hijo de un reputado actor teatral, y que después de estudiar derecho, se dedicaría a la administración de teatros y al estudio de diferentes artes, hasta pasar a la escritura de guiones cinematográficos y a la propia dirección fílmica en 1912.

Con Caligari como centro fundamental de su obra, poco o casi nada se sabe del trabajo anterior y posterior de Wiene y apenas en los últimos años se han encontrado y restaurado varios filmes en donde él participara como guionista, productor, director o consejero. Con una larga y prolífica filmografía que inició en Alemania y luego continuó, alternándose, entre Berlín y Vienna, Wiene terminó exiliándose, a la llegada de los nazis al poder, en París, luego en Londres --en donde trabajó como consultor fílmico--, y de vuelta en París, en donde murió en 1937 después de dirigir Ultimatum, una película de espionaje.

Aunque el nombre de Wiene se ha ido borrando con el paso del tiempo, en su época, en la industria fílmica austriaco-germana, su nombre era conocido y reconocido como el primer gran maestro de su tiempo, y su prestigio como cineasta innovador y arriesgado --a principios de los 20-- o de realizador profesional y eficiente --en la última parte de su carrera-- le ganó para sí condiciones ventajosas hasta el final de sus días. Wiene, por ejemplo, llegó a trabajar para dos compañías al mismo tiempo, y todos sus contratos le dieron la suficiente libertad para tomar las decisiones artísticas y de producción que él consideraba pertinentes en cada momento.
Con todo, su carrera se vio opacada después de Caligari, su temprana obra maestra, y como ha sucedido en otros muchos casos (con Welles y El Ciudadano Kane para no ir tan lejos), ese primer gran logro ha provocado que se desdeñe toda su restante obra.
 
El Gabinete del Dr. Caligari narra en un ambiente de auténtica pesadilla las aventuras de un estudiante, Franz, que visita una feria y conoce a un extraño personaje, el Dr. Caligari (Werner Krauss), un siniestro hipnotista que domina a un enorme hombre, Cesare (el formidable Conrad Veidt, luego transformado en habitual actor de carácter del cine británico y de Hollywood), mediante el cual comete horrendos crímenes. Al final, después de seguir a Caligari hasta un manicomio, Franz se da cuenta que el hipnotista es, también, el director del hospital psiquiátrico. Finalmente, en una inesperada vuelta de tuerca, ni Franz ni Caligari son realmente los personajes que creíamos que eran.

Caligari revolucionó el cine porque llevó al límite todos los elementos estilísticos que luego serían comunes en la filmografía expresionista alemana de los siguientes años y en el cine de horror y en el film-noir, los dos géneros por excelencia influidos por esta corriente: claroscuros, personajes lindando con el guiñol, ambientes de locura y crimen, imágenes distorsionadas, etcétera.
Aunque como mero lenguaje fílmico Caligari es muy pobre --hay muy pocos movimientos de cámara y, en general, ésta permanece fija frente a las acciones que se suceden--, el uso de la iluminación, el diseño de decorados y vestuario, y la propia arquitectura general de la cinta captarían a la perfección este delirante y oscuro mundo de las sombras y los monstruos que se volvería lugar común en unos cuantos años más. Es inevitable, finalmente, ver a Caligari como una premonición del movimiento nazi en ciernes: un enorme individuo sin voluntad manejado por un siniestro hombrecillo tenebroso.
 
Si el expresionismo se define por crear una realidad alterna, diferente a la realidad cotidiana, Caligari se puede definir, además, por advertir una realidad que estaba a pocos años de ser dolorosa y trágicamente real.



ESE CIERTO CINE

Escala de Calificación

**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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