EN CARTELERA
BRIDGET JONES AL BORDE DE LA RAZÓN
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Ernesto Diezmartínez Guzmán¿Para qué se tomaron la molestia de hacer la secuela Bridget Jones: Al Borde de la Razón (Bridget Jones: The Edge of Reason, EU-GB-Francia-Irlanda, 2004)? ¿No hubiera sido más fácil re-estrenar El Diario de Bridget Jones (Maguire, 2001)? Al final de cuentas, la continuación de marras tiene el mismo reparto, prácticamente los mismos gags y, de hecho, la misma historia. Es decir, el subtítulo “Al Borde de la Razón” bien podría haber sido, en su lugar, “Al Borde del Remake”.
La gordita, torpe e insegura Bridget Jones (Renée Zellweger) ha conseguido, por fin, a su príncipe azul: el serio, estirado pero siempre comprensivo abogado Mark Darcy (Colin Firth), quien posee más paciencia que el bíblico Job. Por más que Bridget meta la pata una y otra vez, abra su bocota en el momento menos esperado o lo avergüence apareciendo maquillada como payasa o ensopada hasta el copete, Mark le dirá una y otra vez que la ama. ¿Cómo premia Bridget a san Mark, no virgen pero sí mártir?: cortándolo a la primera oportunidad que tiene. He aquí, entonces, que aparece el avieso mujeriego Daniel Cleaver (Hugh Grant con jeta de hartazgo), el inesperado compañero de trabajo de Bridget quien, en las exóticas tierras tailandesas investigará si la obesa periodista insoportable todavía se viste con ropa interior “de la abuela”.
Hay varios momentos especialmente embarazosos en esta nueva aventura de Bridget Jones. En uno de ellos vemos a Colin Firth y a Hugh Grant pelearse a guantadas con un garbo digno de un par de escolares de primaria (se supone que esto debe ser gracioso; créame: no lo es). En otras escenas, vemos a dignísimos intérpretes como Jim Broadbent y Gemma Jones aparecer en pantalla cual sonámbulos. Pero todo esto no es nada: la secuencia en la cual Bridget comparte la celda con medio centenar de muchachas tailandesas a las que les enseña a cantar y a bailar como Madonna (nada menos que Like a Virgin) es de pena ajena. Es obvio que un filme como éste no tendría por qué ser sensible e inteligente, pero si no fuera menos condescendiente y racista sería ganancia.
Por lo demás, toda la comicidad de la película dirigida por Beeban Kidron está concentrada en las innumerables ocasiones en la que Bridget avergüenza a Mark, se avergüenza a sí misma y avergüenza, de paso, al respetable. Lo que me lleva, de hecho, a preguntarme (y a preguntarle a usted, de paso): ¿qué le ven Colin Firth, Hugh Grant y hasta una guapa lesbiana a Bridget Jones?
Hablemos en plata: la mujer no es ingeniosa, no es inteligente, no es atractiva. A lo mejor, el gran secreto es que, como dice el personaje encarnado por Hugh Grant, Bridget coge muy bien. La verdad, sólo que sea por eso.
Escala de Calificación
**** Excelente *** Muy recomendable ** Vale el boleto o la renta
* Palomera + Churrito ++ ChurroteComentarios: ernesto@cinevertigo.com