EL CINE QUE NO VIMOS
BRICK
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Ernesto Diezmartínez GuzmánBrick (EU, 2005), la ocurrente opera prima de Rian Johnson que ganó el Premio Especial del Jurado en Sundance 2005 “por la originalidad de su visión”, nunca llegó a exhibirse comercialmente en nuestro país. ¿Por qué?: misteriosas son las (sin)razones de nuestros distribuidores fílmicos. La “originalidad” de Brick por la que fue premiada en Sundance 2005 no se refiere, por cierto, a lo que cuenta ni a cómo lo hace sino en dónde lo hace: qué escenario es el que usa y cuáles son los personajes que utiliza.
Pero entremos en detalles: estamos en una prepa californiana, tiempo presente. El solitario adolescente Brendan Frye (Joseph Gordon-Levitt) recibe un mensaje de ayuda de su exnovia ahora adicta a las drogas Emily (Emilie de Ravin). Al tratar de comunicarse con ella, la muchacha cae en evasivas: Emily teme algo o a alguien y las predicciones se cumplen cuando la jovencita aparece muerta. El tranquilo Brendan empezará entonces la búsqueda del culpable y para ello tendrá que sumergirse en el submundo preparatoriano de los traficantes de drogas, los golpeadores gratuitos y las femme-fatales de 17 años. Así pues, el anteojudo y serio Brendan, con sus manos perpetuamente escondidas en los bolsillos de su sudadera, iniciará las pesquisas cual Bogey adolescente del siglo XXI.
Creo que “la originalidad” por la que fue premiada Brick salta a la vista: se trata de la muy ingeniosa adaptación al mundo juvenil contemporáneo de una historia que parece sacada de alguna novela hard-boiled de Dashiell Hammet o Raymond Chandler o, en su defecto, de un film-noir de hace más de medio siglo, como El Halcón Maltés (Huston, 1941) o El Gran Sueño (Hawks, 1946). De hecho, no es casualidad que la fémina mala (que está muy buena) interpretada por Nora Zehetner tenga los ojos de Mary Astor y la languidez felina de Lauren Bacall.
Claro que el asunto apenas pasa de ser un muy entretenido juego cinefílico –si usted ha visto los clásicos bogartianos, ya sabe cómo va a terminar todo- pero la realización de Johnson es impecable y el desempeño del juvenil reparto no merece tacha alguna. Y en cuanto al protagonista se refiere, el veinteañero Joseph Gordon-Levitt hace mucho más que una simple encarnación caricaturesca de Bogey: se trata de una mezcla entre la calculadora dureza bogartiana y la conmovedora vulnerabilidad de James Dean.
Brick fue, de hecho, la segunda película consecutiva en la que Gordon-Levitt nos ofreció interpretaciones memorables –la anterior había sido Piel Misteriosa (Araki, 2004), también inédita comercialmente en México-, lo que se ha venido repitiendo en los siguiente años. El muchacho va que vuela para ser nominado, cualquier rato, al Oscar.
EL CINE QUE NO VIMOS Escala de Calificación
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