ESE CIERTO CINE
BRASIL
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Ernesto Diezmartínez GuzmánLa vi en su momento en el estreno y la volví a ver años después, un par de veces, en vídeo. ¿Hay alguna diferencia en aquella versión de los años 80 con el “director’s cut” que ha sido distribuido en DVD a partir de abril del año pasado? Honestamente, no tengo la menor idea. Los once minutos de diferencia entre el Brasil (Brazil, GB, 1985) de antes con el Brasil nuevo me parecen, en todo caso, irrelevantes. Estamos ante uno de los grandes filmes de los años ochenta, con once minutos de más o de menos.
Hay varias escenas de Brasil que tienen un significado diferente en el nuevo siglo. Por ejemplo, el momento en el que la supuesta terrorista encarnada por Kim Greist le pregunta al burócrata Sam Lowry (Jonathan Pryce) si conoce, de verdad, a algún terrorista. A lo largo del filme hemos visto cómo el terror (entiéndase bombazos y atentados dinamiteros) forma parte de la vida cotidiana de la sociedad futura: si alguien coloca un explosivo en un restaurante y varios vuelan en mil pedazos, el “maitre” se disculpa frente a los clientes no heridos, como si un mesero hubiera dejado caer una bandeja. Cuando la rebelde mujer interroga a Sam sobre la identidad de los “terroristas” es imposible no extrapolar esa pregunta al paranoico mundo post-11-de-septiembre en el cual vivimos.
Así, esta comedia retro-futurista de humor negro, acaso el filme anti-burocrático más rabioso de todos los tiempos, tiene algo nuevo que decirnos 20 años después de su estreno.
Para ser francos, lo que más recordaba de esta cinta era su impresionante diseño de producción y su desolador desenlace abierto en el cual no quedaba nada aclarado. Ahora, vuelta a ver después de varios años, noté muchas de las referencias cinefílicas que no había notado (o que había olvidado, en todo caso): la secuencia de las escalinatas, cual homenaje/parodia de El Acorazado Potemkin (Eisenstein, 1925), el top-shot de Sam saliendo de la oficina como copia de uno muy similar de El Hombre Equivocado (Hitchcock, 1956) y, por supuesto, una ambientación de film-noir americano que contrasta violentamente con el socarrón humor surreal del exMonty Python Terry Gilliam, quien lanza sus baterías en contra de la belleza artificial (¡ese horrendo roller-gag de la cirugía de una anciana ridícula!) y de la estupidez burocrática, que es capaz de arruinar la vida de alguien sólo porque un bicho cayó en el papel equivocado, cambiando la letra del apellido.En su momento, la película no fue entendida (fue nominada a dos oscares y no ganó ninguno), aunque es probable que Gilliam la haya realizado con 20 años de anticipación. En este enloquecido y horrorizado nuevo siglo, Brasil resulta la más contemporánea de todas las cintas.
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