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MI NOMBRE ERA BOND, JAMES BOND

Ernesto Diezmartínez Guzmán
Antes de que el irlandés Pierce Brosnan tomara posesión de James Bond, el espía británico 007 “con licencia para matar”, el personaje creado por el novelista Ian Fleming había sido encarnado por –¿hace falta recordarlo?—el escocés Sean Connery, el australiano George Lazenby, el inglés Roger Moore y el galés Timothy Dalton –a este último, por cierto, habría que olvidarlo. Para los que crecimos creyendo que Bond sólo podía ser Roger Moore o para los fieles y nostálgicos admiradores del 007 de Sean Connery, el mercado de renta y/o venta de DVDs nos ofrece todos los discos habidos y por haber para que le echemos un vistazo a algunas de esas viejas aventuras jamesbondescas.

Por orden de antigüedad, veamos primero 007 Contra Goldfinger (Goldfinger, GB, 1964), de Guy Hamilton, el tercer filme de Bond y, para algunos, la mejor aventura fílmica del super-espía británico. En todo caso, habría que aceptar que se trata de la película en la que aparecen todas las características básicas que luego se volverían indispensables en todos los siguientes filmes del 007. Ahí está el prólogo en donde Bond se salva de morir por un pelito, la típica secuencia de créditos con siluetas de mujeres bailando y el 007 empuñando con seguridad un arma, la entrevista de Bond con M, sus coqueteos con Miss Moneypenny, los regaños de Q, los infaltables “gadgets” que se van a usar en la película, la presentación del villano y su letal achichincle, el enfrentamiento/conquista de la “chica Bond” de rigor, etcétera.

007 Contra Goldfinger tiene el regusto de lo clásico. Por supuesto, la película está protagonizada por un Sean Connery en su mejor forma –sin duda, el mejor de todos los Bonds--, el villano Goldfinger es encarnado por el sólido actor Gert Frobe muy en su papel, el sicario de turno es un siniestro coreano invencible (Harold Sakata) con un sombrero que sirve para degollar cristianos, y la película está llena de imágenes inolvidables (la muchacha asesinada bañada de oro, el enfrentamiento del coreano con Bond, el asalto de Fort Knox) y hay varias one-liners memorables (mis dos favoritas: después de electrocutar a un villano, Connery dice, impasible, “it’s shocking” y luego, cuando Bond está a punto de ser eliminado por Goldfinger, el 007 pregunta, desafiante: “¿Espera que yo hable?”. “No”, dice el pragmático maloso, “espero que muera”).

La octava cinta jamesbondesca es Vive y Deja Morir (Live and Let Die, GB, 1973), también dirigida por Hamilton. La cinta tiene cierto interés por ser el primer filme de Roger Moore en el papel del 007, por el magnífico tema musical escrito por Paul y Linda McCartney, por la partitura original del legendario George Martin y... casi nada más. De hecho, este filme es una de las más flojas aventuras de Bond –apenas comparable con las películas protagonizadas por Timothy Dalton—y es obvio que Moore no se sentía muy seguro aún en su papel. En todo caso ofrece algo de entretenimiento y por lo menos resulta curioso ver a Bond entrar solo a Harlem (¡ese sí es peligro!) y enfrentar a un villano (Yaphet Kotto) que resulta ser un vil narco adorador del vudú.

Mucho mejor, de lejos, es Sólo Para Tus Ojos (Only For You Eyes, GB, 1981), la quinta película de Moore en el personaje y décimosegunda cinta de la serie. Esta vez Bond escala montañas, esquía en la nieve, bucea en las profundidades del Mar Adriático, se salva de morir en un helicóptero teledirigido por el archivillano Blofeld en un pequeño cameo y prácticamente no tiene un momento de descanso en todo el filme... hasta que, al final, se encama –o algo por el estilo—con la preciosa Carol Bouquet, una de las más bellas “chicas Bond” de todos los tiempos.

En esta cinta Moore ya es Bond con todas las de la ley (con todo y esos toques de suavidad y donaire que lo distinguieron del rudo Connery) y, aunque ninguno de los villanos es digno de ser recordado, la segura dirección de John Glenn no deja que el interés decaiga un solo instante. Además, el tema musical, For Your Eyes Only, interpretado por Sheena Easton, se convertiría en una de las canciones ochenteras más emblemáticas de la década. De antología, eso sí, el divertido epílogo, con la mismísima Margaret Tatcher felicitando a Bond desde la cocina de su casa y con el delantal puesto.

Los tres discos de estas cintas ofrecen lo mismo: excelente calidad de imagen, formato letter-box y los trailers originales de las películas.


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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com
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