EL CINE QUE NO VIMOS



EL BONAERENSE
(***)


Ernesto Diezmartínez Guzmán
Recuerdo que cuando salí de ver El Bonaerense (Argentina-Chile-Francia-Holanda, 2002), presentada en concurso en la XVIII Muestra Internacional de Cine de Guadalajara (ya convertida en Festival en la edición 2005), escuché a una mujer argentina (o con acento conosureño en todo caso) quejarse de que la película se había quedado corta en su “crítica” de la corrupción policial en Buenos Aires. Si hay una lectura, a mi juicio, completamente equivocada del segundo largometraje de Pablo Trapero es precisamente ésa: que El Bonaerense es una cinta “de denuncia”. Lo atractivo del filme del señor Trapero –cuya anterior cinta Mundo Grúa (1999) no he visto—es que su historia no cae en las redes convencionales del thriller liberal (su héroe no es un tipo honesto enfrentado valientemente a un mundo corrupto), del cine militante izquierdoso (no hay muchas intenciones de denuncia en el filme), ni del melodrama pesimista-demoledor (el protagonista no es un inocente que se vuelve un monstruo de maldad).

 El Bonaerense es una suerte de distante fábula con desazonante moraleja: quien nace pa’ maceta, no sale del corredor. Zapa (espléndido Jorge Román) es un pobrediablesco cerrajero involucrado por su jefe en un robo. Llevado a la cárcel por unas horas, Zapa es ayudado por un tío, quien consigue liberarlo para después enviarlo a Buenos Aires, en donde llegará recomendado a trabajar a la policía. El pasivo y atento Zapa terminará convertido en un policía de La Bonaerense –el cuerpo policial capitalino—en donde luego aprenderá las debidas transas que lo convertirán en un joven oficial de futuro… Hasta que la suerte le juega una mala pasada.

 La puesta en imágenes de Trapero –bien ayudada por la realista cámara de Guillermo Nieto— toma el punto de vista de un espectador neutral, que observa sin involucrarse y que mira sin juzgar, más interesado en retratar la cotidianidad de los trabajos, las ineficiencias y las pequeñas corruptelas de los cuicos bonaerenses, que en echarnos un rollazo acerca de las perversiones del “sistema represor” (no, por favor: con un Aristarain tenemos suficiente). Mitad antropólogo social (el sobrio retrato de las redes informales del poder policial), mitad cálido cronista (la magnífica secuencia del fin de año de los policías), Trapero nos entrega un absorbente relato a medio tono, sin indignación y sin énfasis de ningún tipo: la película le pertenece a Zapa, el pobre perdedor que se convierte en policía sin querer, que entra al mundo de la corrupción aprendiendo rápido y que terminará en el mismo sitio en el que inició, pues en una sociedad como la retratada en la cinta, el sobrevivir es ya un auténtico triunfo… aunque tenga sabor a fracaso.

 Zapa no es completamente inocente –sabe ejercer su poder y puede ser violento y atrabiliario como el que más—pero tampoco es un villano deshumanizado y caricaturesco. Su pasividad y medianía –que lo hacen tan moldeable por los jefes policiales—es, de hecho, la única arma que tiene para evitar ser aplastado. Es en esa fragilidad última de su persona –en su cojeante silueta del final, en el regreso al pueblo cual hijo pródigo—en donde resta su contradictoria –y atractiva—humanidad.
*****
 El Bonaerense se ha exhibido solamente en la televisión de paga, en Cinemax.


EL CINE QUE NO VIMOS

Escala de Calificación

**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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