DVD verseBLIND SPOT: HITLER'S SECRETARY
Ernesto Diezmartínez GuzmánGanadora del Premio de la Audiencia en Berlín 2002 y disponible desde hace rato en un modesto DVD de Región 1 (fullscreen, trailer incluido y con subtítulos en inglés, francés y español), Blind Spot: Hitler’s Secretary (Im Toten Winkel – Hitlers Sekretärin, Austria, 2002) es un invaluable documento que merece una cuidadosa revisión. Estamos ante una larga entrevista de hora y media, minimalista en la forma (siempre aparece hablando la misma persona en primer plano, sin imágenes documentales ni fotos adicionales) y minimalista en el fondo (vemos y escuchamos el testimonio de quien fue la secretaria del máximo criminal del siglo XX, Adolf Hitler).
Los cineastas André Heller y Othmar Schmiderer convencieron a Traudl Junge, de 81 años de edad al momento de realizar la cinta, que contara su versión de su cercanía con Hitler, a quien conoció a los 22 años, cuando empezó a trabajar para él en 1942. Durante 55 años la señora Junge permaneció en silencio, viuda de un criado hitleriano con quien se casó sin amarlo (y que moriría a los pocos meses en el frente francés), prisionera de rusos y americanos en la post-guerra y, después, periodista profesional en revistas literarias y científicas.
Además de los orígenes clasemedieros de la familia de Junge, todo el testimonio de la señora está centrado en el propio Hitler, en sus allegados (Eva Braun, los Goebbels, Albert Speer y otros) y en ella misma a esa edad y en esa época. Frau Junge se dice avergonzada no tanto por el hecho de no haber descubierto la verdad, sino porque nunca se le ocurrió preguntar ni averiguar nada. Su juventud, llega a decir Junge en algún momento, no es disculpa: Sophie Scholl, una joven estudiante antinazi, fue decapitada el mismo año en el que Traudl entró a trabajar para el Führer. Dicho de otra manera, no hay disculpa que valga por no haber sabido, por no haber preguntado y, claro está, por no haberse opuesto.
Extremadamente articulada, Junge nos da una imagen de un Hitler amable y paternal, obsesionado con la limpieza, tan asexual como ingenuo (“no sabía mucho de mujeres”, dice la anciana cuando reporta que Hitler no entendía como uno de sus colaboradores engañaba a su bellísima pero aburrida esposa con otra mujer menos atractiva) y con ocasionales momentos de furia, como cuando una invitada protestó ante él por el trato que se les daba a los judíos en Holanda.
Es impresionante como una cinta visualmente tan plana (insisto: un solo plano, una sola persona hablando, sin imágenes ni fotos extras) empieza a capturar la atención de tal modo que no podemos despegar la vista de la memoriosa anciana y de sus palabras que salen, de improviso, a borbotones, sobre todo cuando recuerda los últimos días, antes de la caída del Tercer Reich. El retrato de esos últimos momentos que hace Frau Junge es fascinante: en el bunker, entre once toneladas de concreto, Hitler juega con su perra Blondie y los cachorros de ésta, mientras pierde su vista en la nada; empieza a comportarse de forma indolente, extraviada; alcanza a tener algún momento de negro humor (“mantengamos la barbilla en alto… mientras la tengamos”); se casa con Eva Braun en el último instante, le dicta su testamento a Traudl y se aleja para darse un tiro… Como ha dicho con sabiduría el veterano cinecrítico Stanley Kauffman, esta “humanización” del monstruo no hacer menor el horror, sino que lo magnífica. Ese monstruo no fue alguien extraño: fue un ser humano. Eso es lo auténticamente horroroso.
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