EL CINE Y SUS VOCES

ENTREVISTA
Brad Bird
Goza de libertad increible


Por Javier Pérez

Brad Bird dirige la penúltima cinta de la mancuerna Disney-Pixar, Los Increíbles, y habla en entrevista de sus ideas y su proyecto

Como viene siendo costumbre con las producciones firmadas por la mancuerna Disney-Pixar, éstas tienen mucho más de lo que a simple vista puede percibirse. En el caso de Los Increíbles (The Incredibles, EU, 2004), al subtexto hay que añadirle algo excepcional: la sensación de que se está viendo una película de autor.

Dicha sensación no radica únicamente en el hecho de que por primera vez los protagonistas de la animación pixariana son humanos (bueno, es un decir), sino en las motivaciones que se notan de fondo en el filme escrito y dirigido (otra cuestión excepcional) por Brad Bird (el mismo de El Gigante de Hierro).

La mofa y homenaje sobre los súper héroes, los apuntes existenciales y sobre el mal manejo del poder o del tedio al que se somete el humano en su vida cotidiana, y hasta esa lectura política acerca del villano que genera y acaba con el mal para hacerse pasar por el bueno, son simplemente el reflejo de preocupaciones personales del propio Bird.

El cineasta nativo de Montana, además, pudo dotar de irreverencia e imperfecciones a sus personajes, quienes al final acaban por lanzar el infaltable mensaje característico de la casa Disney… aunque eso sí, sin desmejorar su producto.
Durante su visita promocional a la ciudad de México, Bird (Los Simpson) habla de sus motivaciones al hacer Los Increíbles y de su pasión por el cine animado.

-Es escritor y director de esta película, en ese sentido, ¿se podría hablar de una película de autor?
Hay algo pesado en esa palabra, no refiere para nada a algo ligero, casi suena pretenciosa. Es la película que decidí hacer y fue maravilloso tener la idea y seguirla desde que comenzó a planearse hasta que se terminó el filme, y si eso es lo que defines como un filme de autor, entonces, sí, es una película de autor. Pero hay algo rígido, pretencioso y académico en esa palabra. Yo sólo creo que soy un cineasta, equiparable a un juguetero, y tenía que hacer este filme.

-¿Qué lo apasiona de hacer cine?
Me encanta dirigir cine. Amo a las artes y si éstas no existieran no sé lo que estaría haciendo en este planeta, estaría buscando cosas en la basura de alguien más o algo por el estilo. Me encanta la fotografía, la actuación, la danza, la música, el color, el diseño, todas estas cosas; las películas son el único arte que combina todas estas artes en uno solo, entonces es como tener una barra de ensaladas infinita con pura comida deliciosa, y puedo agarrar un poco de esto, otro de aquello, y así me puedo pasar todo el día haciendo una película. Soy feliz haciendo cine. Es difícil, realmente difícil, es demandante, casi ni duermes, y te pasan cosas raras: de repente me aparecen unas como ampollas en los dedos y a veces me aparecen barros en la cara, acné, como si fuera un adolescente, pero todo es por el estrés. Pero no hay ningún arte en el planeta como el del cine. Me encanta.

-¿Por qué hizo un filme acerca de súper héroes?
Creo que es una mitología muy antigua. Nos referimos a ideas muy simples, sobre qué significa ser un humano. De hecho, todos los mitos griegos no son más que historias de superhéroes, son historias sobre dioses con grandes poderes pero con debilidades. Lo que hacemos es buscar lo que es ser humano, porque somos suficientemente listos como para construir una cámara de televisión y una ciudad tan grande como México, e incluso cosas como una bomba, que nos puede matar a todos, pero de lo que se trata es de hablar de lo que haríamos con mucho poder. Y la mitología de los dioses o los súper héroes está respondiendo a esa teoría de lo que se haría con gran poder.

-De alguna manera, lo que acaba de decir conecta a Los Increíbles con El Gigante de Hierro, ¿le gusta poner sus obsesiones en pantalla?
No le llamaría obsesiones porque eso suena a insano. Definitivamente hay ideas que tengo y regularmente, cuando tienes esas ideas tú eres el alimento y estás en el centro de ellas. Por ejemplo, El Gigante de Hierro. El libro no está ubicado en una época específica. Hogart, el niño, tiene padre y madre y la primera parte del libro es el niño y el gigante, luego los habitantes encuentran al gigante y Hogart tiene que defenderlo.

La segunda parte del libro es una disputa entre el gigante de hierro y un gigante espacial que está cerca de Australia. Me gusta mucho el libro, pero sentí que como película tenía que tratarse de la relación de este buen chico con el gigante. Cuando regresé con la gente de Warner les dije que me había gustado mucho la historia, pero ¿qué tal si el arma tiene un alma y no quiere ser un arma? Esa idea no está en el libro, pero fue el detonante para que Warner Bros. me diera la historia.

Una vez que tuvimos esa idea, surgieron las demás: el tipo del gobierno, la ubicación en 1957, con el Sputnik en el cielo y todo esto. Pensé: si tienes a este gran hombre de metal, ¿por qué no ponerlo en un ambiente de miedo? Hubo una época en la que empezamos a asombrarnos con la tecnología, pero también le temíamos. Eso pasó en 1957, cuando teníamos a ese pedazo de metal volando sobre nosotros. Sabíamos eso, y era el “malvado” gobierno de la Unión Soviética el dueño, estaba flotando sobre nosotros, sentíamos que había ojos arriba, viendo y vigilando todo.

Pensé que era un buen ambiente para poner a este robot. Creo que haces estas cosas y te sientes bien haciéndolas, pero realmente no sabes cómo llegas a ellas. Esto es lo que he estado haciendo.

-¿Cómo maneja esta cuestión de la relación entre los seres humanos y la tecnología?
Creo que remite a la pregunta de qué hacer con el poder y con nuestras propias mentes. La tecnología es producto de nuestra imaginación. Creo que la gente siempre está luchando en estar, por un lado, a la vanguardia de la tecnología, y, por otro, espiritualmente avanzados. Por eso la tecnología siempre está delante de nuestro desarrollo espiritual. Parece que siempre estamos en el mismo lugar espiritualmente, tratamos de llegar más lejos, pero es mucho más fácil crear lo último de lo último en tecnología que tener un alto desarrollo personal.

Puedes medir el progreso con el desarrollo tecnológico, pero es más difícil medir el progreso con el desarrollo espiritual. Creo que esto último es más importante, pues para mí todas las preguntas más difíciles de la vida no pueden ser medidas. No puedes explicar de dónde viene una broma o porqué es divertida, no puedes medir cuánto te aman, no puedes probar ni la existencia o inexistencia de Dios. Todas ésas son preguntas importantes y ninguna es mensurable. Queremos ir y dominar la tecnología porque es algo que podemos controlar y gravar, pero lo más importante está en otra parte.

* Javier Pérez es periodista cinematográfico
j_pemar@yahoo.com

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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com
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