LAS VACAS SAGRADAS

BELLA DE DÍA
(****)


Ernesto Diezmartínez Guzmán
Bella de Día (Belle de Jour, Francia-Italia, 1966), es uno de los filmes más personales --y con más influencia surrealista explícita-- del cineasta aragonés Luis Buñuel. El filme es todo un clásico: una joven ama de casa burguesa, Sévérine (Catherine Deneuve en su papel de consagración), tiene una fría relación sexual con su esposo, Pierre (Jean Sorel). Atacada continuamente por sueños y pensamientos sadomasoquistas, Sévérine decide trabajar en un burdel con el seudónimo de Belle de Jour, pues sólo "labora" de 2 a 5 de la tarde.

La película más exitosa --comercialmente hablando-- en la extensa y fructífera carrera fílmica de Don Luis, Bella de Día está basada en una novela folletinesca homónima de Joseph Kessel, a la cual Buñuel le agregó una serie de escenas --los sueños y pensamientos de Sévérine-- que le dan el genuino tono inquietante, surreal con el cual es recordada esta cinta. Fiel a su estilo narrativo ambiguo y abierto, Buñuel pasa de la realidad plácida del matrimonio de Sévérine y Pierre a la realidad enfermiza del burdel y de ahí a los sueños sadomasocas de la seria ama de casa, todo ello en corte directo y sin prevenirnos a nosotros, los espectadores, de tal manera que llega un momento que es difícil saber qué es fantasía o qué es realidad, como en la perversa secuencia necrofílica-incestuosa en donde Sévérine juega el papel de la joven hija muerta de un aristócrata (Georges Marchal).

Bella de Día ha conservado, casi 40 años después de su estreno, todo su poder subversivo. De principio a fin muestra una serie de desviaciones sexuales reales o imaginarias, perversiones diversas, necrofilia y masoquismo, todo ello un ataque frontal a los valores más acendrados de la moral burguesa. Sin embargo, para algunos, lo más molesto de la cinta número 27 en la filmografía buñueliana no es tanto el tema sexual sino la libertad narrativa de Don Luis y su negativa radical a darle certidumbre al espectador sobre lo que tiene que pensar acerca de lo que está viendo en la pantalla. De hecho, la escena emblemática de la película –y, acaso, del gran cine de Buñuel-- es aquella en donde un gordazo oriental le enseña una misteriosa cajita a Sévérine, conteniendo, tal vez, una especie de insecto. ¿Exactamente qué tiene la cajita?: nunca lo sabemos a ciencia cierta, pues Buñuel no nos muestra nunca el contenido de la cajita de marras. Lo deja a nuestra imaginación. Lo deja a nuestras perversiones.


LAS VACAS SAGRADAS

Escala de Calificación

**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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