DVD verse BEAN: UN DESASTRE DE PELÍCULA
Ernesto Diezmartínez GuzmánIngeniero electrónico de profesión y comediante por vocación –empezó su carrera como guionista y actor cómico desde fines de los 70, junto a su colega y amigo Richard Curtis-, Rowan Atkinson saltó a la fama con la teleserie británica Mr. Bean (1990-1995), protagonizada y escrita por él mismo, al lado de Curtis y otros cuatro guionistas más. El éxito literalmente mundial de la serie televisiva provocó su primera aparición protagónica en la pantalla grande, estrenada en México en 1998 y disponible en un modestísimo DVD de Región 1, sin extras de ninguna especie: Bean, un Desastre de Película (Bean, GB, 1997). El reciente estrenode la tardía secuela Las Vacaciones de Mr. Bean (Bendelack, 2007) puede servir de coartada para revisar la mencionada cinta de hace una década.
El Bean de Atkinson es una ingeniosa invención que tiene un poco del primer y más rudo Chaplin –antes de convertirse en el sentimental y heroico vagabundo-, algo del fatalismo materialista keatoniano y su difícil relación con los objetos que le rodean, y mucho de la comicidad física/gestual del mejor Jerry Lewis. Evidentemente, cada uno de los arriba mencionados es mejor que Atkinson, pero el mérito de este actor británico es haber abierto un pequeño espacio que le pertenece a él, por más que de nos remita, en una y otra ocasión, a los insuperables maestros de antaño. Así, Bean es brutal como el más rudimentario Charlot, ingenioso como el Keaton de siempre y perpetuamente infantiloide como Lewis. Si, es cierto, lo que hace Atkinson no es muy original que digamos pero, en muchas ocasiones, sí genuinamente hilarante.
Dirigida por el también comediante –actor y guionista por añadidura- Mel Smith y con guión de Curtis y Robin Discroll -otro colaborador habitual de Atkinson-, Bean, un Desastre de Película, es la efectiva extrapolación de los gags de la teleserie original (construidos alrededor de las guarradas fisiológicas de Bean, su invencible estupidez y una torpeza que parece metafísica) en una adecuada trama-excipiente llena de enredos. La cinta inicia con el envío de Bean de Londres a Los Ángeles –él trabaja en la Galería Nacional británica- debido a que sus empleadores ya no lo soportan. Ya en L.A. y confundido por un genio de la apreciación artística, Bean hará de las suyas mientras se involucra con un desafortunado curador (Peter McNichol, muy bien como patiño), al que le causa infinitos problemas laborales y familiares.
En algún momento, el sufrido curador dice que no sabe explicarlo, pero Bean, a pesar de todo, le cae muy bien. A nosotros también, sólo que sí sabemos la razón: simplemente es muy gracioso.
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