CINE NACIONAL

BATALLA EN EL CIELO
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
Después de haber provocado polémicas en Cannes 2005 -de donde regresó con las manos vacías- y después de haberse estrenado en nuestro país con más pena (taquillera) que gloria (crítica), ha llegado en DVD nacional Batalla en el Cielo (México-Bélgica-Francia-Alemania, 2005), segundo largometraje del exjurista convertido en cineasta Carlos Reygadas, candil de la calle festivalera/internacional ya que, con apenas dos cintas en su haber, se ha convertido en uno de los nombres y los rostros más conocidos del mundo fílmico internacional.

 Con Batalla en el Cielo –ahí lo dejo a usted interpretando la razón del título, como con Japón (2002)- Reygadas cambió de escenario –del remoto México rural de Japón a la urbe más grande del mundo, nuestra Ciudad de la Esperanza- pero no de estilo (“intento someter el estilo a mi persona”: Reygadas  entrevistado por Karin Badt en REFORMA): expresivo uso poético del sonido, planos secuencia claves bien ejecutados, realismo crudo/provocador embarrado en la jeta de las buenas conciencias, actuaciones amateurs que pueden funcionar o ser un franco estorbo y, por supuesto, una antología de imágenes portentosas que valen por sí mismas, más allá de cualquier explicación reduccionista, como las secuencias del izamiento de la bandera en el zócalo, que nos remite al cine de Rubén Gámez.

 La trama, narrada/escamoteada por Reygadas (“la narrativa para mí… pasa a un plano secundario”: el cineasta entrevistado por Javier Pérez en www.cinevertigo.com), está centrada en la relación (emocional, sexual y de otras) que tiene la niña rica güerita Ana (Anapola Mushkadiz) –que se prostituye nomás porque sí- y su gordazo chofer mestizo casi mudo Marcos (Marcos Hernández, auténtico chofer del papá de Reygadas), quien ha secuestrado a su propio sobrino sólo para que se le muriera.

 La historia es, como en Japón, un mero excipiente para que vuelvan por sus fueros las obsesiones (y con ellas las imágenes) sociales, religiosas, rituales y sexuales de Reygadas. Así, el cineasta volvió a encontrar la manera de escandalizar a quien se deje, en este caso, a sus propios actores, que le pidieron censurar las dos felaciones de Ana a Marcos, un par de escenas prefabricadamente escandalosas, cual vulgares remedos del espectacular disparo hacia la cámara de El Gran Robo al Tren (Porter, 2003), según J. Hoberman en el Village Voice, pues lo que busca Reygadas, a veces, es nomás joder. Pero, ¿no hacen esto siempre los provocadores?

 Eso sí: en el DVD no hay censura. Usted puede ver las dos escenas “malditas” sin corte alguno. Para bien y para mal.


CINE NACIONAL
Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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