EN CARTELERA

SWEENEY TODD: EL BARBERO DEMONIACO DE LA CALLE FLEETTULO
(**1/2)


Ernesto Diezmartínez Guzmán
Con Sweeney Todd: el Barbero Demoníaco de la Calle Fleet (Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street, EU-GB, 2007), Tim Burton ha decidido caminar por la cuerda floja y sin red de protección. No porque su décimo-segundo largometraje sea un musical (no es la primera vez que el codirector de El Cadáver de la Novia/2005 trabaja en el género) ni porque estemos ante una desesperanzadora comedia sanguinolenta slasher-gore que no tiene nada de infantil/juvenil (tampoco es la primera vez que el cineasta se distancia calculadoramente del mainstream hollywoodense). Lo asombroso es que el filme protagonizado por Tim Burton no sólo es un musical con raíces inocultablemente teatrales (funciona más como opereta que como musical clásico de los 50, de hecho) sino que, además, es también una cruel comedia de horror en donde la sangre fluye, y no es metáfora, a borbotones. Es decir, es lo uno y lo otro. El musical y la sangre, la carcajada y el horror, la teatralidad estática y la cinemática desbordante.

 Esto nos deja con una pregunta en el aire: ¿a qué tipo de público está destinada una cinta así? No a los niños que, acaso, tendrían pesadillas con los ríos de sangre que corren hacia el final; no a los que buscan el “cine de calidad” correcto y nada arriesgado que en estas fechas nos recetan de Hollywood, previo a la entrega del Oscar; ni siquiera a los que buscan una dosis pura del histérico cine sanguinolento de, digamos, un Darío Argento. Y es que si bien Sweeney Todd… tiene algo para todos ellos (niños buscando divertirse, padres de familia buscando cine oscareable y fans de gore buscando ser salpicados de moronga), el balance, auguro, no será del agrado ni de unos ni de otros ni de otros.

 De hecho, si bien la cinta no es –en mi percepción- lo más logrado de Tim Burton,  sí es, y con mucho, lo más arriesgado que ha dirigido. Sobre una obra musical de Stephen Sondheim de 1979, he aquí la historia del ingenuo barbero Benjamin Barker (Johnny Depp) que, acusado falsamente por el malvado juez Turpin (Alan Rickman, muy en su papel), es enviado injustamente a prisión, dejando atrás a su bella esposa (Laura Michelle Kelly) con todo e hijita bebé (“Poor Thing”). Años después Barker regresará a un Londres oscuramente dickensiano con la personalidad de un tal Sweeney Todd (mirada dura, ojeras enrojecidas), buscando vengarse no sólo de quien lo mandó a la cárcel sino de Londres entero (“No Place Like London”), así que instalará su nueva barbería arriba de la tienda de pasteles de carne de la señora Lovett de Helena Bonham-Carter (“The Worst Pies in London”), quien se convertirá no sólo en su gustosa cómplice, sino que le encontrará un muy práctico uso a los cadáveres regados por “Mr. T.” (“A Little Priest”), además de convertirse en su fiel y añorante enamorada (“By the Sea”).

 Como el guión de John Logan cortó muchas de las canciones originales y otras ni siquiera entraron a la edición final de la película –además de que nunca he visto montada la obra teatral de Sondheim-, es difícil juzgar la calidad de la música y sus canciones. En todo caso, por lo que ha quedado en el filme de Burton, no hay muchas piezas que sean musicalmente atractivas: sin duda la muy graciosa y asquerosa “The Worst Pies in London” o el torcido canto caníbal “A Little Priest”, y nada más. De hecho, si la secuencia en la que Mrs. Lovett entona “By the Sea” se queda en la memoria, no es tanto por la música o la letra, sino por la apabullante artificialidad de la puesta en imágenes (diseño de producción de Dante Ferreti, cámara de Dariusz Wolski) y por el hilarante rapport de Depp y Bonham-Carter (él, siempre con la misma jeta sombría; ella, imaginando su felicidad con su nueva familia “hechiza”).

 La película de todas maneras funciona, aunque sea a ratos y no siempre con la misma intensidad: inicia lentamente, despierta cuando aparece Bonham-Carter, brilla con el extendido cameo de Sacha Baron-Cohen, se apaga a ratos con la melosa historia de amor juvenil, revive cuando Todd desata su furia sanguinaria y cuando Mrs. Lovett empieza a tener éxito con sus pasteles de carne y así va, de cima a sima, hasta su oscuro desenlace tan sanguinolento y cruel como arriesgado y anti-climático.

 Ahora que lo pienso, creo que ya encontré la respuesta a la pregunta planteada líneas atrás. ¿A quién le podría interesar una cinta como ésta, tan fascinante, tan dispareja? Es simple: a quien le guste el buen cine.


Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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