EL CINE QUE NO VIMOS
BAMBOOZLED
(***)

Ernesto Diezmartínez Guzmán
Bamboozled (EU, 2000), el decimosexto largometraje del cineasta afroamericano y neoyorkino Spike Lee pasará a la historia como una de sus películas más discutidas en el contexto de una filmografía que ya de por sí está repleta de cintas tan desafiantes como polémicas (empezando por Haz lo Correcto y continuando con Fiebre de Jungla, Malcolm X y otras más). La película provocó en Estados Unidos un intenso debate entre los cinecríticos de ese país, tanto por su contenido como por las elecciones tomadas por el cineasta para narrar la cinta.

A diferencia de prácticamente todo su cine anterior, Lee no echó mano esa vez de una inventiva secuencia de créditos y pasamos directamente, sin aviso, a conocer a nuestro pedante protagonista, Pierre Delacroix (Damons Wayans, adecuadamente insufrible), un guionista televisivo afroamericano que nos espeta frente a la cámara las diversas definiciones que existen de la palabra sátira, desde la que se usa comúnmente hasta la que se refiere al ámbito dramático y/o teatral. Sobre aviso no hay engaño: lo que veremos a continuación es una sátira, definida por la Real Academia Española como un “escrito cuyo objeto es censurar acremente o poner en ridículo a personas o cosas”. Y en efecto, tomando en cuenta la definición anterior, Bamboozled es una sátira y con todas las de la ley.

Delacroix es el guionista estrella de la CNS, una compañía televisiva de cable que está perdiendo audiencia dramáticamente. Presionado por su jefe Dumwitty (un magnífico Michael Rapaport), a Delacroix se le ocurre una idea descabellada y provocadora, con la idea de que el programa truene para que luego él sea despedido y, por supuesto, generosamente indemnizado. Sin embargo, para su sorpresa, el programa de marras resulta ser un auténtico trancazo, que lleva al negro sangrón al éxito y, en última instancia, también al desastre. El programa ideado por Delacroix es un “show” que trata sobre dos negros apodados Mantan y Duerme-y-Come (Sabino Glover y Tommy Davidson respectivamente) que se mueven en un terreno cómico repleto de clichés racistas: los negros viven en una plantación sureña, son flojos, ignorantes, tontos, comen sandía, roban pollos y corren como idiotas cuando su patrón blanco los persigue con una escopeta. Para ser más ofensivo aún el programa, los actores –todos negros—son obligados a pintarse de ¡negro! la cara, como lo hacían los cantantes y bailarines blancos (cf. Al Jolson en El Cantante de Jazz) en el Hollywood y el vaudeville de principios del siglo pasado.

Bamboozled –en “slang”, ser guiado erróneamente—es un filme fascinante pero mortalmente quebrado. Después de que Lee ha puesto a marchar su sátira sobre los medios de comunicación y su racismo apenas embozado, y después de plantear varios asuntos de manera capciosa y provocadora (la aceptación de la comunidad negra de la imagen racista que los medios construyen, la facilidad con que los propios actores negros aceptan ridiculizar a su raza con tal de tener dinero y éxito, las posiciones de los fundamentalistas negros anti-racistas que es ridiculizada con una crueldad digna de los Monty Python), el propio cineasta termina tan atrapado en su filme como el pedante Delacroix en su programa de televisión. Agobiado, acaso, por la multitud de frentes dramáticos/satíricos abiertos, Lee se desliza hacia un final desbocado que intenta llegar, infructuosamente, a los extremos delirantes de Network, Poder que Mata (Lumet, 1976). Nada de eso: la película termina diluyendo su inteligente propuesta en una serie de elementos genéricos que le deben más a cualquier thriller convencional que al provocador análisis que Lee nos propone sobre los medios estadounidenses y el racismo.

Con todo, hay dos secuencias antológicas en este –y repito el adjetivo—fascinante fracaso. La primera es aquélla en donde Delacroix se imagina recibiendo un par de premios: cuando recibe el primero, el guionista actúa como un orate (salta, grita, llora, brinca) y cuando recibe el segundo, decide renunciar a él y dárselo a un actor blanco, todo ello en una cruel burla de Cuba Gooding Jr., quien hizo exactamente lo mismo cuando le dieron el Oscar y el Globo de Oro. La segunda secuencia se refiere al mismo Delacroix viendo una edición de momentos en los cuales el cine y la televisión americanos han denigrado a los negros.

Así, desfilan por este rosario de imágenes lo mismo El Nacimiento de una Nación que Lo que el Viento se Llevó, caricaturas de la casa Disney, Judy Garland y Mickey Rooney pintándose de negros, el show de Cosby y decenas de fragmentos más que son más elocuentes que el deshilvanado desenlace ideado por el propio Lee.


EL CINE QUE NO VIMOS

Escala de Calificación

**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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