EN CARTELERA
¿BAILAMOS?
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Ernesto Diezmartínez GuzmánBajo el Sol de Toscana (2003), dirigida y escrita por Audrey Wells, fue una aceptable comedia de crecimiento femenino en donde una atractiva mujer de mediana edad (Diane Lane) revitaliza su aburrida vida viajando a Italia. En ¿Bailamos? (Shall We Dance, EU 2004), estamos ante una aceptable comedia de crecimiento masculino en donde un atractivo hombre de mediana edad (Richard Gere) revitaliza su aburrida vida bailando rumba, valses y fox-trot. Wells no dirige ¿Bailamos?, pero sí ha escrito el guión, basado en la encantadora comedia japonesa inédita en México (aunque vista en la tele de paga) Shall We Dansu? (Suo, 1996).
Los hacedores de ¿Bailamos? –el guionista Wells y el competente director Peter Chelsom—han permanecido más o menos fieles a trama original y esto se les agradece. Al elegir a Jennifer López para el papel de la sexi pero distante maestra de baile, uno esperaba lo peor: que el remake hollywoodense se transformara en una aceda historia de amor entre la “bomba latina” Paulina (J.Lo.) y su alumno de baile, el tímido y serio abogado de herencias John Clark (Gere). Pero no, con una sensatez no tan común en el Hollywood contemporáneo, la historia está centrada en cómo el baile transforma la vida de Clark y de sus extravagantes compañeros de clase: el gordazo negro Vern (Omar Benson Miller), el machista latino Chic (Bobby Cannavale), la rubia neurasténica Bobbie (Lisa Ann Walter) y el calvo compañero de oficina de Clark, Link (espléndido Stanley Tucci) un pobre diablo que se cambia de nombre, se pone una peluca y, desaforado, baila de incógnito el cha-cha-cha, pues teme la burla de todos los que lo conocen.
Aunque el reparto secundario es magnífico (a todos los mencionados agregue usted a Susan Sarandon como la esposa de Clark y a Richard Jenkins como un detective privado que espía al abogado bailarín) y aunque la presencia de la ex de Ben Affleck apuntaría que estamos ante un vehículo de lucimiento de Miss López, la realidad es que ¿Bailamos? es un filme de y para Richard Gere. Me cuesta trabajo escribirlo –nunca me ha convencido del todo el barbilindo actor ya cincuentón—, pero debo aceptar que Gere ha hecho trabajos cada vez más sólidos en los últimos años, sea como el desconcertado marido cornudo en Infidelidad (Lyne, 2002), sea como el cinicazo abogado penalista en Chicago (Marshall, 2002) y, ahora, como este atildado buen hombre que, sin ser infeliz, descubre que algo le falta a su rutinaria vida.
Gere interpreta con bastante convencimiento la forma en la que su personaje se va transformando en la medida que aprende a bailar y Chelson dirige con funcionalidad y solvencia esta agradable película. Uno extraña, por supuesto, ver auténticos bailarines dominar el salón de un extremo a otro, como en cierta escena vista en la tele por Clark, en la cual Fred Astaire y Cyd Charisse doman la tierra y el aire con su arte (Band Wagon/Minnelli, 1953), pero esto sería pedir demasiado. En todo caso, un aplauso para Mr. Gere que no sólo baila decentemente sino que se ve feliz haciéndolo. Uno sale sonriendo del cine y con hartas ganas de mover el esqueleto. Por cierto, ¿bailamos?
Escala de Calificación
**** Excelente *** Muy recomendable ** Vale el boleto o la renta
* Palomera + Churrito ++ ChurroteComentarios: ernesto@cinevertigo.com