LAS VACAS SAGRADAS
AL AZAR BALTAZAR
(****)
Ernesto Diezmartínez GuzmánEl cine de Robert Bresson nace de cuatro influencias básicas: sus estudios juveniles de filosofía, su pasión por la música (que lo llevó, incluso, a aprender a tocar el piano con cierta fluidez), su amor por la pintura y su educación y formación católicas. En este sentido, un estudio de los 13 largometrajes bressonianos tiene que tomar en cuenta estos elementos biográficos para poder acercarse con mayor justeza a una fascinante obra que elude toda definición simplista. Su catolicismo, su racionalismo filosófico y su amor por la música y la pintura permean, pues, toda su vida y obra.Para muchos la gran obra maestra bressoniana, Al Azar Baltazar (Au Hasard Balthazar, Francia-Suecia, 1966), es una pequeña, elusiva y enigmática película acerca de un burro –el Baltazar del título—que pasa por varios manos –casi todas ellas crueles, desalmadas, estúpidas, avaras—hasta morir sacrificado por las balas de unos agentes aduanales en la frontera franco-suiza. Como en buena parte del cine de Bresson, lo que importa no es tanto lo que se ve sino lo que sentimos y pensamos ante la historia de este desafortunado animal que parece acceder a la santidad gracias a su sacrificio constante.
Inspirado por un fragmento de El Idiota de Dostoievski, Al Azar... está formada, pues, por una serie de viñetas construidas alrededor del citado burro, que nace en el idílico caserón de un terrateniente venido a menos (Philippe Asselin) quien tiene una hija, Marie (Anne Wiazemsky), que adora al animal. Obligado a vender todo para pagar sus deudas, el burro pasa a sucesivos dueños que no hacen otra cosa que torturar y brutalizar a la pasiva bestia. De forma paralela a esta historia, conocemos a un lamentable grupo de seres humanos: el alcohólico y vago Arnold (Jean-Claude Guilbert), el cínico joven delincuente Gérard (Francois Lafarge), un avaro comerciante (Pierre Klossowski), un seco matrimonio de panaderos (Francois Sullerot y M.C. Fremont) y la ya mencionada Marie, una pobre muchacha que, a ratos, parece más pasiva –y mucho menos santa—que el propio Baltazar.
Con actores no profesionales, un espléndido uso de la banda sonora –que incluye una bella sonata de Schubert—y un preciso uso de la cámara, Bresson creó una extraña fábula animal que no parece tener moraleja. Si bien es cierto que la película puede leerse como una analogía de la Pasión cristiana –Baltazar muere por la crueldad y estupidez de quienes le rodean--, la verdad es que el filme se muestra mucho más ambiguo que la citada “explicación”. Como es común en Bresson, lo más conmovedor resulta ser igual de enigmático: la escena en donde Baltazar ve a otros animales –un tigre, un elefante, un chimpancé, et al —encerrados en las jaulas de un circo. Es uno de los momentos más extraños en la obra de Bresson y, sin embargo, uno de los más dramáticos. En esos ojos del brutalizado Baltazar, en esos ojos de los animales prisioneros para diversión de los humanos, se encierra buena parte de la fuerza dramática de una película estremecedora, inolvidable.
LAS VACAS SAGRADAS Escala de Calificación
**** Excelente *** Muy recomendable ** Vale el boleto o la renta
* Palomera + Churrito ++ ChurroteComentarios: ernesto@cinevertigo.com