LAS VACAS SAGRADAS
AYUNO DE AMOR
(****)Varios géneros y/o fórmulas cinematográficas no han podido desarrollarse en nuestro país, ni siquiera en su cima industrial, la llamada Época de Oro del Cine Mexicano. Algunos, como la ciencia de ficción, por evidentes fallas presupuestales; y otros, como la screwball-comedy –es decir, la comedia romántica alocada- por simple diferencia cultural. ¿Se imagina usted una película mexicana ubicada en el ambiente laboral/profesional en donde la mujer esté al tú por tú con el hombre, que lo vea como un igual y que sea tanto o más agresiva que el macho alfa que tiene enfrente? Yo no puedo: mi imaginación no llega a tanto.
Por lo mismo, comedias románticas de esta naturaleza como la clásica Ayuno de Amor (His Girl Friday, EU, 1940) son, incluso en el cine mexicano del siglo XXI, inexistentes. Las screwball-comedies son un producto de la situación social de los Estados Unidos de los años 30: un país que atravesaba una crisis económica mayúscula y que, debido a ello, había visto crecer aceleradamente la participación de la mujer en los procesos productivos. De hecho, desde la Primera Guerra Mundial, el papel de la mujer americana había empezado a transformarse: con los hombres en guerra y, una década después, muchos de ellos desempleados, la mujer había tenido que salir a educarse, a trabajar, a competir. El cine hollywoodense encontró en las comedias de “la guerra de los sexos” el medido ideal para hacer la divertida crónica de estos cambios culturales.
Ayuno de Amor es el remake de la comedia periodística masculina Primera Plana (Milestone, 1931), cuya trama –adaptada de la obra teatral de Hecht y MacArthur- está centrada en las infinitas trácalas que realiza el cínico editor de un periódico para que su reportero estrella no se case y no abandone su trabajo. La misma historia fue hecha posteriormente por Billy Wilder en una versión muy superior de 1974, con Walter Matthau como el avieso editor y Jack Lemmon como el “workholic” periodista.
En Ayuno de Amor el prolífico y versátil maestro del Hollywood clásico Howard Hawks cambió el sexo del reportero (lo encarna la energética Rosalind Russell) y le agregó un fabuloso giro argumental: la periodista a punto de contraer matrimonio, Hildy, estuvo casada con su editor, Walter Burns (Cary Grant, nada menos). Así, las aviesas trampas que coloca Burns para evitar que Hildy no se vaya de la redacción están aderezadas no sólo de puro interés laboral –Hildy es gran reportera, de olfato infalible-, por lo que todas las acciones inescrupulosas, traicioneras y mercenarias que realiza Grant tienen la disculpa que, como todos lo sabemos, ellos dos, Hildy y Burns, están realmente enamorados.
En Ayuno de Amor Hildy es el igual de Burns: no es la boba dama romántica que espera ser rescatada por un galán, sino una profesionista capaz, eficiente y competitiva –característica fundamental del típico personaje hawksiano si la hay- que hace su trabajo como el que más, sin quejarse, con seguridad y hasta descaro. Por lo mismo, porque Burns es idéntica a ella, es que el amable y bien portado novio de Hildy, ese gran patiño que fue Ralph Bellamy, no tiene la más mínima oportunidad. Eso sí, el hecho de que sea evidente, desde los primeros minutos, en qué terminará la película, no le resta un ápice de placer a la misma. Los ingeniosos diálogos, la funcional realización de Hawks y la perfecta interpretación del trío protagónico evita que despeguemos los ojos de la pantalla.
LAS VACAS SAGRADAS Escala de Calificación
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