EL CINE QUE NO VIMOS



AUDICION
(*** 1/2)


Ernesto Diezmartínez Guzmán
Nunca estrenada comercialmente en México, aunque exhibida en cine-clubes y maratones cinefílicos, Audición (Ôdishon, Japón-Corea de Sur, 1999), de Takashi Miike, ha llegado a nuestro país en un modesto DVD de Región 4, disponible para su venta y/o renta en tiendas especializadas y videoclubes.

 Audición es el noveno largometraje de Miike –de un total de 33 hechos hasta 2005-- quien, además, tiene en su haber una veintena de cintas realizadas para formato casero, varias películas para televisión, unos capítulos dirigidos para teleseries y algún episodio de un filme colectivo. La publicidad machaca con la idea de que Miike es “el Tarantino japonés”, aunque por los ritmos de trabajo que presume el sensei Miike, me parece que el apodo de “Fassbinder oriental” le quedaría mucho mejor –por supuesto, si es que algún cinéfilo joven supiera quién es Fassbinder.

 Pero volvamos a Audición. Las primeras imágenes nos muestran a un hombre, Shigeharu (Ryô Ishibashi), que ve morir a su mujer en una cama de hospital, mientras su pequeño hijo, Shigehiko, observa la escena. Los años pasan: Shigeharu sigue viudo y vive apaciblemente con su hijo, ya convertido en un jovial adolescente (Tetsu Sawaki). El muchacho le sugiere a su papá que ya tiene edad para conseguirse una nueva esposa. Un amigo de Shigeharu, Yasuhisa (Jun Kunimura), tiene una brillante idea para conseguir a la mujer ideal: hacer una audición con el pretexto de que se realizará una película, y solicitar que se presenten mujeres jóvenes, guapas, con algún “entrenamiento artístico” que, según el propio Shigeharu, le da a las mujeres seguridad. Una muchacha, Asami (Eihi Shiina), le llama la atención en especial al viudo cuarentón. Asami fue bailarina en su niñez, es joven, bonita, modesta, sencilla… En suma, la esposa perfecta. Acaso demasiado perfecta.

 Las primeras escenas de Audición nos remiten a los arcaicos melodramas conservadores de Ozu, en especial a sus filmes crepusculares en donde una hija empuja a casarse a su viejo papá viudo, o en donde el propio padre se sacrifica para que su hija se case con un buen partido. El ritmo de esos primeros minutos nos anuncia una suerte de re-elaboración de esos memorables melodramas urbanos, más aún con cierto diálogo clave en el que Shigeharu y su amigo Yasushisa comentan, en la barra de un bar y con varios tragos en el estómago, que “ya no hay mujeres que valgan la pena”. Cuando Asami entra en escena, primero a través de un “resumé” estudiado por Shigeharu y, luego, mediante la entrevista que el viudo le hace a la muchacha, entramos en terrenos románticamente hitchockianos. Así, Shigeharu se empieza a obsesionar por la muchacha a tal grado de actuar como un tímido adolescente que no sabe qué paso dar: ¿hablar con ella primero o dejar que ella hable?, ¿decirle que la audición fue una estratagema para conseguir mujer o seguir con el juego hasta ver qué resultados se obtienen?

 De Ozu a Hitchcock a… ¿quién? En los últimos 40 minutos la película cambia de piel otra vez y se transforma en una violentísima/sádica/enfermiza cinta de horror, una de las más perturbadoras que haya visto en mi vida. No puedo –ni debo—decir lo que sucede en el último tercio del filme –soy incapaz de privarlo a usted del perverso placer de ser sacudido—pero tengo que advertirle que si renta o compra el DVD es bajo su propia responsabilidad.

 Audición puede verse, más allá del sadismo de la interminable escena final entre Asami  y Shigeharu, como una especie de alegoría (anti)feminista. He aquí un Japón antiguo, conservador, habitado por machos perpetuamente solitarios, alienados y desconcertados por no encontrar un tipo de mujer que ya no existe. Shigeharu, sin duda, es un buen tipo, tiene las mejores intenciones, pero él mismo tiene parte de la culpa de lo que le sucede, pues se dirige, por voluntad propia, hacia el abismo. La aterradora/traumatizada Asami es producto, se entiende, de hombres no tan buenos como Shigeharu pero, de todas maneras, cortados con la misma tijera (curioso que haya elegido ese adjetivo: “cortados”).

No importa que pueda existir una lectura alterna de la delirante parte final de la película: lo que queda en la memoria –y en las pesadillas personales—es la imagen de una modosita muchacha que lleva su venganza ritual a extremos insoportables. ¿Era necesario este ímpetu sádico de Asami, que es el de Miike? No lo sé, pero no me lo puedo quitar de la mente.


EL CINE QUE NO VIMOS

Escala de Calificación

**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

Regresar