LAS VACAS SAGRADAS

LOS ASESINOS
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Los Asesinos (The Killers, EU, 1964), la película número 24 en la cuenta de Don Siegel, el gran artesano del cine de serie B en sus múltiples géneros (thriller, ciencia-ficción, western, horror), está basada muy libremente en un cuento homónimo de Ernest Hemingway que ya había dado pie a una espléndida adaptación dirigida por Robert Siodmak en 1946: Los Asesinos, con Burt Lancaster, Ava Gardner y Edmond O’Brien.

 Si el filme de Siodmak solamente tomaba como pretexto el cuento de Hemingway para crear un laberíntico, fascinante y ultraestilizado film-noir, esta adaptación de Siegel se toma aún muchas más libertades, de tal manera que en esta cinta no hay nada que nos remita al relato original o a su primera adaptación fílmica. A diferencia de Los Asesinos (1946), en donde un terco y profesional investigador de una aseguradora (O’Brien) se encarga de saber por qué un modesto y amable mecánico fue muerto a tiros por dos matones a sueldo, en Los Asesinos, versión de 1964, quien está hurgando en el pasado no es un pequeño peón del “sistema” (económico, se entiende), sino dos completos “outsiders”: los mismos matones a sueldo encargados de eliminar al mecánico de marras.

Los dos criminales, el viejo y filosófico Charlie (un magnífico Lee Marvin) y el joven y violento Lee (Clu Gulager), inician sus averiguaciones porque saben que el muerto, un antiguo corredor de autos llamado Johnny North (John Cassavetes), estuvo involucrado en un millonario asalto y quieren saber en dónde quedó el jugoso botín. Sin embargo, poco a poco, en la medida que van entrevistando a todos los antiguos conocidos de Johnny -su fiel mecánico, uno de los cómplices en el asalto, su amante Sheila (una guapa Angie Dickinson)-, el dinero perdido va pasando a segundo término y el conocimiento de la VERDAD empieza a obsesionar a Charlie, quien no acierta a comprender por qué Johnny no evitó ser asesinado si tenía toda la oportunidad para ello. La respuesta, acaso, la tiene el poderoso ganster “legalizado” Jack Browning (Ronald Reagan en su último papel antes de entrar a la política), quien fue el que planeó el famoso asalto.

Originalmente hecha para la televisión, Los Asesinos fue estrenada, curiosamente, en el cine, debido a que fue considerada demasiado violenta para la pantalla chica. Tal vez para los estándares actuales no lo sea tanto, pero el comportamiento sádico de los asesinos al interrogar a la directora de la Escuela de Invidentes en donde North da clases de mecánica, o la golpiza que le propina Lee a Sheila, además de los disparos y muertes que ocurren desde el inicio hasta el final del filme, explican a la perfección las razones que tuvieron los productores de la película para preferir su difusión en la pantalla grande. Además, hay otro detalle que, en todo caso, justifica mejor esta decisión: Los Asesinos es un filme complejo en su estructura narrativa (está construido tomando como base una serie de flash-backs, en el estilo de los films-noires clásicos), es sofisticado y ambiguo en su posición moral (nuestros guías son los dos asesinos a sueldo) y tiene un retorcido sentido del humor (véase la primera secuencia, cuando los dos matones, ocultos tras los típicos anteojos negros, entran a la Escuela de Ciegos en donde todo mundo lleva... anteojos negros).

Estilísticamente hablando, la cinta es un film-soleil, más que un film-noir. Es decir, los exteriores están filmados en las soleadas Florida o California, y muchas de las escenas centrales del filme están realizadas a plena luz del Sol. Esto hace menos “elegante” y “estilizada” la violencia que atestiguamos, lo que resulta en un estilo visual que nos remite a un discurso inquietante: a plena luz del día, en una calle californiana, en un camino vecinal, en un suburbio clasemediero cualquiera, las pesadillas criminales del sueño americano están más vivas y cercanas que nunca.

Un último detalle: esta fue la última película de Ronald Reagan, quien en un par de años después se convertiría en Gobernador de California. Verlo golpear brutalmente a Angie Dickinson, verlo disfrazado de policía para asaltar un camión blindado o verlo esconderse detrás de una fachada de respetabilidad para mejor planear sus golpes (¿políticos?) es uno de esos inevitables placeres triviales (es decir, de trivia) que ofrece el séptimo arte. 


LAS VACAS SAGRADAS

Escala de Calificación

**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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