EL CINE QUE NO VIMOS
EL APÓSTOL
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Ernesto Diezmartínez GuzmánRobert Duvall, uno de los mejores actores estadounidenses de la generación de los 60 –sino es que el mejor de todos o, por lo menos, el más consistente--, se ha inclinado siempre hacia la interpretación de sus personajes desde una rigurosa técnica naturalista. Poco dado a los excesos actorales –acaso su único personaje histérico fue el militar enloquecido que le tocó interpretar en Apocalipsis (79)--, Duvall es reconocido por la verosimilitud que le inyecta a sus criaturas fílmicas, sea el oscuro consiglieri de la saga de El Padrino (1972, 1974), el rehabilitado cantante country de El Precio de la Felicidad (1983) o el experimentado policía de Vigilantes de la Calle (1987), para mencionar sólo algunas de sus muchas y memorables interpretaciones. Como realizador, Duvall dirigió en 1977 We’re Not the Jet Set, un documental sobre una típica familia americana de Nebraska y en 1982 Angelo My Love, un original filme semidocumental sobre un niño gitano que sobrevive en Nueva York.
Con estos antecedentes, es lógico que El Apóstol (The Apostle, EU, 1997), su tercer largometraje como director –primero de ficción--, tenga un ineludible regusto de realidad. El filme –que nunca mereció exhibición comercial en nuestro país a pesar de que Duvall fue nominado en 1998 para el Óscar al Mejor Actor por este trabajo— trata sobre un predicador texano llamado Sonny Dewey (el mismo Duvall) que, después de asesinar de certero batazo en la cabeza al amante de su esposa (una reaparecida Farrah Fawcett), huye hasta un pequeño poblado de Louisiana en donde terminará fundando exitosamente la iglesia de “Un Solo Camino al Cielo”.
La trama de la película –guión original del hombre-orquesta Duvall quien también funge como productor ejecutivo— es sencilla, lineal, sin complicaciones. La realización de Duvall es directa y funcional, a excepción de algunos pequeños momentos de estilización “artística” –el autobautizo de Sonny filmado en ralenti, por ejemplo. En el propio estilo narrativo, la película misma transmite un sentimiento de inmediatez, de cotidianeidad. Nada de lo que vemos parece sacado del típico manual del guionista exitoso de Hollywood: nada de sorpresas de último minuto, nada de vueltas de tuerca climáticas, nada de “dramatismo” chantajista o de violencia desatada a gratuidad.
El Apóstol es una película radicalmente original porque ha elegido acercarse a su tema –la fe religiosa de un hombre común y corriente, la fe de todo un pueblo— con respeto y honestidad, cualidades no precisamente muy de moda en el cine hollywoodense contemporáneo.Al inicio, cuando empezamos a ver la personalidad exuberante y espectacular de Sonny, sus arengas religiosas y sus misas, sus hipocresías y sus problemas maritales, pareciera que estamos ante la clásica historia hollywoodense del predicador transa que no se cree sus mentiras pero que al final, por la fe de los que sí creen, terminará redimido ante su pueblo y ante Dios y blah, blah, blah... Nada de eso. La verdad es que Sonny SÍ cree en Dios, tiene fe, cree que hace el bien e, incluso, como lo sugiere el prólogo de la película, muchas veces pueda que realmente haga el bien y hasta obre pequeños milagros. Su interés en la palabra de Dios es genuino, pero no menos genuinas son sus oscuras debilidades y sus brillantes fortalezas humanas, que lo mismo lo llevan al crimen, a luchar por su iglesia a golpes contra un vecino del pueblo (Billy Bob Thornton) o a trabajar sin descanso para el bien de la comunidad y de su templo.
El Apóstol es un filme tan fascinante como su personaje central y éste es impensable sin la encarnación que de él hace Robert Duvall. Sea bailando al ritmo del gospel, arengando con sus gritos a acercarse a Jesús, chocando sus palmas alegremente o aceptando con dignidad sus flaquezas, Duvall llena la pantalla no con su personalidad, no con su atractivo: sólo con su admirable trabajo, con su impresionante dedicación. Al final, Duvall, el realizador-guionista y Duvall, el actor, han logrado algo notable: la conexión del espectador con el personaje. Es cierto, Sonny, hacia el final, sigue siendo un misterio como persona. Sin embargo, estamos con él. Es demasiado humano para dejarlo solo.
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El Apóstol nunca se estrenó comercialmente en México, pero está disponible en DVD y se exhibe de vez en cuando en la tele de paga.
EL CINE QUE NO VIMOS Escala de Calificación
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