EN CARTELERA

APOCALYPTO
(***)


Ernesto Diezmartínez Guzmán
A lo largo de su carrera como actor y, más aún, como cineasta, ha quedado claro el interés temático fundamental de Mel Gibson: el sacrificio personal en nombre de un hijo, de la familia entera, de toda la comunidad, de la humanidad misma. Su personaje emblemático es el hombre silencioso y estoico, tan capaz de traspasar el límite cuando hay que defender lo que más le importa, como de sacrificarse en nombre de los demás y de su propia redención.

En su obra como director, esto se ve de manera transparente: en El Hombre sin Rostro (1993) Gibson es un hombre traumatizado física y psicológicamente que busca redimirse; en Corazón Valiente (1995) el mismo Gibson es el terco rebelde que lucha, hasta la crucifixión, por la libertad de su tierra y por su dignidad personal/colectiva; en La Pasión de Cristo (2004), Gibson se fue detrás de cámaras para narrar con todos los sanguinolentos detalles posibles, el máximo sacrificio de todos: la muerte del hijo de Dios en nombre de la humanidad entera.

Y, ahora, en Apocalypto (Ídem, EU, 2006), he aquí la historia de un joven maya padre de familia, Garra Jaguar (Rudy Youngblood) que lucha por su vida, la de su mujer y la de sus dos hijos –uno de ellos a punto de nacer- en pleno derrumbe de la civilización maya. La trama es sencilla: un grupo de esclavistas liderados por el fiero Cero Lobo (Raoul Trujillo) devasta la idílica aldea en donde vive el cazador Garra Jaguar. Llevado a la pirámide de los sacrificios en una corrupta metrópoli maya, Garra Jaguar logra salvar la vida y corriendo –siempre corriendo- regresa a su pueblo a buscar a su mujer e hijos. Detrás de él irá el implacable Cero Lobo, quien quiere cobrar una afrenta.

Es difícil dejar de admirar la extravagancia creativa de Gibson. Si en La Pasión… nos recetó el sacrificio de Jesucristo con un reparto exento de súper-estrellas y hablado en arameo y latín, he aquí que en Apocalypto la decisión fue aun más radical. La cinta, hablada en maya, está protagonizada por un casi debutante (Mr. Youngblood) y, si exceptuamos la presencia de uno que otro actor profesional como el nativo-americano Trujillo o nuestro nacional Gerardo Taracena, casi todo el resto del reparto está conformado por jóvenes actores, músicos o bailarines mexicanos (Dalia Hernández, Amílcar Ramírez, Israel Contreras Vázquez) o por indígenas mayas auténticos (el anciano narrador Espiridión Acosta Canche, la niña oráculo María Isidra Hoil). Por lo mismo, es impresionante que Gibson, el director de actores, haya logrado de todos sus intérpretes, sin excepción, un trabajo genuinamente uniforme y competente.
En cuanto a Gibson, el director de esta aventura histórica de acción, sangre y sacrificios humanos, no hay nada qué reprocharle.

Fotografiada digitalmente en la selva de Veracruz por el ganador del Oscar Dean Semler, Gibson está en su elemento con los actores sudando, corriendo, peleando y hasta cruzando caudalosos ríos; son pocos quienes le pueden ganar en hacer la violencia más física y cercana; no hay quien le supere cuando sus personajes matan o se dejan matar.
Por supuesto, estamos ante una cinta de ficción y no un documental sobre la cultura maya, así que Gibson se ha tomado varias libertades creativas –no tanto en la violencia mostrada en la película: en eso el neoyorkino se quedó corto-, pues la época de decadencia del periodo maya ocurrió, por lo menos 600 años antes, en el siglo X, no el siglo XVI, cuando llegaron los españoles a costas mexicanas. De todas formas, cualquier persona sensata sabe que va al cine a encontrarse con una historia de ficción, no con un documental ni un libro de texto. ¿O qué?, ¿usted creyó, al ver Gladiador (Scott, 2000), que los antiguos romanos hablaban inglés y que el emperador Marco Aurelio murió de la manera que lo relata la cinta?

Pero volviendo a Apocalyto. Al final, después de verla un par de veces, nos quedó una duda: ¿qué es lo que nos quiere decir Gibson con su ultra-violento filme? Según él, que la cultura maya, en su decadencia, es el reflejo de la propia sociedad estadounidense, derrumbándose moralmente y peleando una guerra tan inútil como simbólica. La declaración está bien como coartada, pero a mí me da la sensación que a Gibson le gusta este tipo de tramas por la cantidad de sangre que se derrama, por la cantidad de sufrimiento que se muestra, por los sacrificios que tienen que hacer sus personajes.
Y lo peor: en el desenlace, Garra Jaguar ve desembarcar, azorado, a los conquistadores españoles. O sea, lo que hemos visto no es nada: la matanza ni siquiera ha iniciado.


Escala de Calificación
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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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