ENTREVISTA EL CINE Y SUS VOCES
Jaime Aparicio
Evoca sentimientos y reaccionesJaime Aparicio debutó con el pie derecho. Aunque tuvo que esperar un año completo para entrar en competencia en el Festival de Guadalajara, su película El Mago fue bien recompensada al ganar el premio a la mejor ópera prima en el viejo Festival de Montreal y llevarse el Mayahuel a la mejor película mexicana en Guadalajara 2005.
Por Javier Pérez
“Proponemos una historia más cercana a nosotros”, comenta Aparicio en una entrevista realizada en el patio del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC). “Si va cualquier mexicano, (verá reflejados) sus pensamientos y preocupaciones, sus calles y ciudades. Pensamos que eso hacía falta, porque la mayoría de las películas comerciales mexicanas son plasticosas y pudieran pasar en cualquier parte del mundo. No creo que ésa sea la universalidad. Lo más auténtico es lo que llega a ser original, no tratar de parecernos a otros”.
En El Mago, tercera apuesta de distribución de cine mexicano de Alfhaville Cinema, un mago callejero (Juan Erando) enfrenta una disyuntiva cuando después de un chequeo médico es desahuciado. Entonces toma la decisión de atar los cabos sueltos de su vida pasada y presente para concluir bien su vida, por lo que busca a la mujer de su vida (Julissa) y al hijo (Juan Ángel Esparza) de su compadre, de cuya muerte se siente responsable.
La idea, dice Aparicio, surgió de su propia vida: cuando desahuciaron a su papá. “Piensas en las cosas que te gusta a hacer y las saqué en una historia, partiendo nada más de eso: ¿qué pasaría si a alguien le dicen que nada más le quedan tres meses de vida?”
Ambientes conocidos
Jaime Aparicio está convencido de que al público le gusta identificarse en pantalla. Sin falsedades, eso sí. Pero va más lejos: “Hay que tratar de generar en el espectador otro tipo de sentimientos, que se te arruguen los huevitos, que se te paren los vellitos o te den ganas de llorar. Eso es padre y a eso le apostamos.
“También, con el uso de la cámara en mano en el 90, 95 por ciento de la cinta, a que tuviera un look documental, a reforzar con la cámara esta mirada, como si fuera un reportaje. Lo que más nos movió en todo esto fue crear la sensación de realidad, de trasladarla tanto con los personajes como con la historia y la cámara. No sé si sea bueno o malo, pero estoy seguro que mi peli no se parece a ninguna otra. Para mí es como un excelente primer paso y hay otras propuestas entre todas éstas”.
-Ahora que hablas de propuestas, ¿qué es lo que propone El Mago que la hace diferente?
Según yo, esto siempre es porque uno propone y el público dispone, o Dios o quien sea. Creo que es importante que la gente se dé cuerda sola, que le proporciones una materia prima y ellos se disparen y hagan su propia película.-Hay una inmersión en la cultura popular, los barrios, los clubes nocturnos, ¿qué te llevó a todo esto?
Ese punto es bien importante. Yo no me metí en eso, no hubo un trabajo de investigación. Son los ambientes que veo a diario, los temas que veo. Fue hablar de las cosas que conozco, de las cosas que he vivido, que he escuchado, que me han platicado o a las que he estado cercano. Así son los cabarets, las calles, los barrios, y eso le da el toque de autenticidad. No llegué a adivinar, y tampoco a poner la frase de moda que se me hacía chistosa.
“Es tratar de ser listo: en tu primer película hablas de lo que más conoces, es como arrinconarte en lo que eres fuerte y hablar de ese tipo de cosas. Es una decisión inteligente, y así lo hicimos. Me considero un contador de historias, un platicador, y ésas son las pláticas que tengo más cercanas.
“Hablamos de temas serios, sin que esto quiera decir que seamos solemnes. Los puedes abordar de forma divertida. Quisimos hacer de lado las drogas, aunque también estuvieran ahí, para que no se pareciera a las demás o por lo menos no desde su óptica: la ciudad es una mierda. Creo que en ese tipo de ambientes también hay cosas bien rescatables; hay pensamientos, hay acciones, hay actitudes, que están ahí y que no hay porqué condenarlas”.
-Hay como un apunte social en el hecho que dices que estos ambientes también tienen algo que decir, ¿está ligado a que El Mago está auspiciado por la UNAM, como centro dónde pensar la realidad?
Antes que pensar que era un proyecto universitario, está que se trata de un proyecto mío. Primero tenía que gustarme a mí. Cuando lo terminas, piensas que es un proyecto que bien podría abanderar la Universidad. A lo mejor, una productora comercial lo mandaría por un tubo, tal vez no encajaría con el perfil que buscan. El hecho de que se la universidad quien produce es que le está apostando a sus egresados, a las personas que formó. Por lo menos en esta escuela (el CUEC) de lo que se trata es de generar artistas, gûeyes que tengan algo qué decir, que se atrevan a cambiar un poco la perspectiva de las cosas. Había que hacer un proyecto digno de la UNAM.-¿Te has enfrentado a la muerte?
A pesar de que es un tema que me obsesiona muchísimo, nunca lo había sentido tan cerca. De hecho, después de que falleció mi papá, no sé si te predispongas o algo, pero sentía cierta angustia. Fue la primera vez que la tuve muy cerca y la tuve muy difícil. Uno siempre dice que se lo va a tomar con tranquilidad, resignación, pero no es cierto. Realmente no sabes ni de lo que eres capaz de hacer, cuál es la magnitud en que te va afectar. Después de eso, pude ver que la angustia se siente, que es algo muy físico. Lo más importante de haber tenido cerca la muerte, es que, como es inminente, vale madres.-¿Cómo tuviste que trabajar con los actores para integrarlos a este ambiente de barrio?
Para seleccionar a los actores sí fue un casting grandísimo. Fue abierto, había muchísimas personas para cada personaje, pero finalmente llegamos como a ternas finalistas que cruzamos todos contra todos. Los puntos finales para tomar la decisión era hasta cómo me llevaba con ellos. Lo más importante era su look, su formación actoral, pero también que pudiera llevarme bien con ellos. Íbamos a lanzarnos en una aventura, y necesitaba compañeros, amigos, gûeyes con los que pudiera platicar.
“Si hubiera encontrado al actor con mayores virtudes, pero que fuera un mamón, lo hubiera dejado de lado. Todos estaban en un gran disposición. Ensayé la película un mes antes, casi toda, porque estoy convencido de que sin ensayos no se puede. Trabajé y platiqué con todos antes. Incluso Julissa, llevaba su cuadernito y tomaba notas. Eso me dio chance de tener bien diseñado lo dramático antes (de filmar).
“Al momento del rodaje, sólo nos ocupamos de cosas técnicas y de adaptarnos a ese nuevo lugar de la locación. Con ellos el trabajo fue a todo dar, hice nuevos amigos y además pude venderles el que éste es un proyecto de todos, incluso a los asistentes de arte y dirección, todos sentían que estaban cooperando para una obra de todos. Esas son de las cosas más chidas”.
-¿Qué te inspiró a utilizar un mago callejero como personaje principal?
Primero que fuera callejero me daba chance de que pudiera recorrer la mayor parte de la ciudad; luego un mago, es eso, alguien que hace cosas sorprendentes. Normalmente en las películas eso es lo que buscamos como espectadores: un gûey que haga cosas que no me he atrevido a hacer. El hecho de haber utilizado un mago empezó en el metro. Además, es un gûey te da ilusión, que va buscando el espectador al cine, y que además no le pusieras un pero en porqué hacía ciertas cosas. A huevo, es mago..-¿Cómo le cayeron los Mayahueles a El Mago?
Pues muy bien. Este tipo de películas normalmente es difícil que quien las vaya a distribuir meta mucho dinero en publicidad, televisión. No podemos competir con películas gabachas. Los reconocimientos que ha tenido, las tomo como publicidad. Para mí el que estén hablando de la película es la mejor manera de recomendarla. Mucha gente, que ni siquiera la ha visto, ya sabe algo de ella.
“Por lo menos no van salir encabronados de la sala, como en algunas películas en las que te sientes ofendido porque te trataron como retrasado mental. Además no porque la película haya estado en ciertos festivales, tenga que estar forzosamente de hueva. Siempre le tiramos a las dos cosas: que fuera accesible a los grandes públicos, pero que los cinéfilos y los críticos vieran ahí propuestas nuevas. Y los Mayahueles le han servido para irla posicionando. Realmente Montreal nos abrió las puertas del mundo. La peli ya lleva como 30 festivales en los cinco continentes y eso está muy padre. De alguna manera sientes que se cumple la misión de poder comunicar y mientras con más espectadores te comuniques, vas bien.-¿Cómo ves al cine mexicano?
Creo que ahí va. Está teniendo reconocimientos en el extranjero y eso está chido. Se está renovando constantemente. Antes existían los directores consagrados y la producción mexicana era de ellos: Ripstein, Cazals, etcétera; y ahora cada vez salen más y cada uno de ellos trae un buen choro, obtiene reconocimientos y su propuesta es aceptada.
“Faltarían mayor número de oportunidades en estas condiciones. Si existieran más opciones para filmar, habría mayores posibilidades de dónde escoger, porque cada quien traería choros diferentes, nuevas propuestas y eso llenaría todas las expectativas. Ahorita todos tratan o tratamos de hacer la película que todo México está esperando. Eso va a ser mentira y además te va a presionar de alguna manera o te va a hacer pensar en fórmulas.
“Aquí las películas que llegan a tener éxito, o lo que está buscando la gente, son productos auténticos, es preferible que seas tú mismo como un ente raro a que quieras parecerte a otro. Creo que va bien. Ojalá que poco a poco vayan facilitándole el paso a los productores para que se atrevan a invertir, porque eso es bien injusto, que la persona que más arriesga su dinero, y en el rodaje de la película, sea la que menos gane. Los que no mueven nada, que son distribuidoras y exhibidores, son los que se llevan la gran tajada. Así, ¿quién se va a animar a hacer negocio con el cine? Pero eso será cuestión de quemar las leyes y volverlas a hacer”..* Javier Pérez es periodista cinematográfico
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