EL CINE QUE NO VIMOS

MARIA ANTONIETA
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
Abucheada ruidosamente en el momento de su presentación en Cannes 2006, el tercer largometraje de Sofia Coppola, María Antonieta (Marie Antoinette, Japón-Francia- EU, 2006) no es, ni de lejos, lo fallida que dice la leyenda. Sin embargo, acaso por ese rechazo que le dio la vuelta al mundo cinefílico de manera inmediata, la cinta dirigida por la más joven de la dinastía Coppola (abuelo Carmine, padre Francis, tía Talia Shire, primo Nicholas Cage) fue ninguneada en muchos lugares. De hecho, en nuestro país, no mereció estreno comercial, aunque ha podido ser vista en la televisión y está disponible en un DVD de Región 4.

 Estamos ante una muy atípica biopic de la última reina francesa, la célebre María Antonieta (Kirsten Dunst, perfecta) quien, frente a las crecientes protestas populares debido a la escasez de pan, dice la leyenda que llegó a aconsejar a sus rebeldes súbditos que mejor comieran pastel. En algún momento clave de la cinta, María Antonieta niega haber dicho tal insensatez y les comenta a algunas de sus amigas de la corte de Versalles que ése es otro chisme más, como si se estuviera refiriendo a alguna noticia publicada en el Hola o el Daily Mirror.

 He ahí la clave de la propuesta dramática y visual de Coppola: su película no es una biografía fílmica más, sino una provocadora lectura personalísima sobre esa reina adolescente –fue casada a la edad de 14 años con el futuro Luís XVI, él mismo un quinceañero- que, sacada de la corte de Viena, fue enviada a la rígida Versalles para ser el centro de atracción de todo un país: si come o si aplaude o si sonríe o si se embaraza se convierte en asunto de Estado pero también en chisme, cotillero, rumor…

 La María Antonieta de Coppola es, pues, una pobre niña rica que, siempre solitaria aunque nunca esté sola, se desahoga y mata el aburrimiento como cualquier adolescente del siglo XXI: yendo al salón de belleza o de compras o con amigas a medirse ropa, zapatos y joyería. Este tipo de anacronismos inician, de hecho, desde la misma secuencia de créditos y continúan a lo largo de la cinta, no sólo por el estilo actoral de buena parte del reparto –todos ellos parecen estar en una película contemporánea- sino por la banda sonora, repleta de música rock y punk ochentera.

 Coppola además, dirige el filme como si se tratara de un largo videoclip, en donde las imágenes, en ocasiones, valen por sí mismas y no como parte de una narrativa específica. El uso de las locaciones reales de Versalles, más que otorgarle verosimilitud a la obra, le dan un aire casi kitsch y más aún cuando Dunst aparece con vestidos, zapatos o maquillaje dignos de algún vídeo del glam-rock británico.

 Es cierto: el filme llega a ser irritante en su segunda sección. Cuando la María Antonieta de Miss Dunst se prueba el enésimo vestido y comparte la chorrogésima risita boba con alguna de sus amiguitas de la prepa –digo, de la corte- uno desea que aparezca Robespierre y le corte la cabeza a ella y a todas sus frívolas acompañantes. Por supuesto, eso sucedió en la vida real, pero Coppola, insisto, no está muy interesada en esa parte de la historia lo cual, por cierto, es una lástima. No hubiera estado mal la ceremonia de ejecución de ella y Luis XVI con la música de Queen.


EL CINE QUE NO VIMOS

Escala de Calificación

**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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