EN CARTELERA
ADORABLEMENTE ENOJADA
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Ernesto Diezmartínez GuzmánAdorablemente Enojada (The Upside of Anger, EU-Alemania-GB, 2005) inicia con la voz en off narrativa de Popeye (Evan Rachel Word), la hija menor de la amargada, iracunda y borracha Terry Wolfmeyer (Joan Allen, en un papel escrito para ella). Popeye nos informa que su mamá no era así: que la ira –esa pasión indomable, que diría Séneca—la transformó en lo que ahora es.
La película inicia en un velorio: Terry está enterrando a alguien y, del otro lado de la tumba, Popeye mira la escena. Pero, ¿quién se murió? En la medida que avanza el séptimo largometraje del director/guionista/actor de cine y televisión Mike Binder (o mejor dicho retrocede, porque del velorio damos un salto tres años atrás), la idea de que uno de los personajes va a morir se vuelve francamente insoportable. Sabemos que no es Popeye ni su indómita mamá. Entonces, ¿quién? ¿Una de las otras tres hermanas de Popeye? ¿La sarcástica Hadley (Alicia Witt)? ¿La estresada bailarina Emily (Keri Russell)? ¿O la liberada y autosuficiente Andy (Erika Christensen)? La ominosa duda queda flotando durante toda la película y, por desgracia, nos termina distrayendo de lo que realmente importa: del retrato agudo, certero y a ratos genuinamente gracioso de una mujer que, al ser abandonada por su marido, se transforma en una feroz loba que no tiene la menor consideración por nadie –ni siquiera por sus cuatro bellas lobeznas.A la nueva y alcoholizada vida de Terry llegará su vecino Denny, un jugador de béisbol retirado que tiene un anillo de Serie Mundial, un programa de radio que nadie escucha, una cerveza perpetuamente en la mano y el único trabajo de firmar unas pelotas de beis que luego venderá para irla pasando. Denny llega sin avisar, se mete hasta la cocina, le consigue chamba a Andy, conversa con la precoz Popeye y trata de acomodarse a la intermitente furia de Terry. Como Denny, Kevin Costner vuelve a brillar de un modo que yo no creía que fuera posible. Junto a la señora Allen, él es el pachorrudo “yang” para su iracunda “ying”: están hechos el uno para el otro, aunque no lo quieran aceptar.
He descrito de forma extensa a los personajes y sus situaciones porque el trabajo de Allen y Costner, ese par de extraordinarios actores (sí, actores: esos insignificantes seres que algunos críticos “exquisitos” tanto desprecian porque “son lo de menos”), es el único motivo para no perder la paciencia ante las varias subtramas que Binder, el guionista, le enjareta a Binder, el cineasta, para que éste alargue la película de manera innecesaria. Así, algunas de las vicisitudes de las muchachas no agregarán nada a la trama e, incluso, el ya mencionado prólogo del velorio –y el consabido epílogo que redondea la historia—terminará convertido en una suerte de trampa dramática más bien inútil. Por fortuna, tanto Allen como Costner nos recuerdan que ningún resultado es completamente inútil con dos personalidades como las de ellos, interactuando, en la pantalla.
Escala de Calificación
**** Excelente *** Muy recomendable ** Vale el boleto o la renta
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