LA ALDEA
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
M. Night Shyamalan ha sido aplaudido por su eficaz manejo del suspenso y por las sorprendentes vueltas de tuerca que, hacia el final de sus cintas, transforman todo lo que hemos estado viendo en algo distinto: descubrimos que alguien está muerto, que hay una relación inesperada entre dos personajes o que algún objeto juega un papel central y sorpresivo. Por lo mismo, algunos se han atrevido a comparar a Shyamalan con Hitchcock, sin entender que el cineasta indio carece de un par de elementos por los cuales el cine de Hitch sigue siendo tan disfrutable: el sentido del humor y el sexo. Shyamalan es, la mayoría de las veces, demasiado solemne como para ser tomado en serio.

Aclaro: El Sexto Sentido (1999) me pareció un buen filme de horror melodramático y me gustó bastante El Protegido (2000), a pesar de no ser más que un presuntuoso thriller intelectual sobre un maniaco de los cómics. Sin embargo, con su siguiente cinta, Señales (2002) y, ahora, con la discutida/discutible La Aldea (The Village, EU, 2004), el trabajo de Shyamalan se está volviendo algo fastidioso. En Señales, el director indio usó una invasión extraterrestre como pretexto para un edificante relato religioso en el cual San Mel Gibson recupera su fe y vuelve al buen camino. Y ahora, en La Aldea, la historia se erige en una peligrosa alegoría ultraconservadora que, en lugar de desarmar la inquietante premisa que la sostiene, procede a defenderla y justificarla.

Estados Unidos, finales del siglo XIX. Una pequeña comunidad rural vive pacíficamente frente a un bosque habitado por unas “criaturas” malévolas, carnívoras y violentas. Entre las dos comunidades (la humana y la de los “innombrables” acaso salinistas) existe un tácito entendimiento: ellos no salen de su bosque ni los humanos entran a sus dominios. Sin embargo, algo provoca que los “monstruos” rompan la tregua y empiecen a hacerse notar: se acercan al pueblo, matan algunas mascotas y pintan las puertas con el “color malo” (es decir, el rojo). Una desgracia sucede y la hija ciega del patriarca del lugar, Ivy Walker (Bryce Dallas –hija de Ron Howard), atravesará el bosque con el fin de ir a “los pueblos” a buscar cierto medicamento que le puede salvar la vida a su melancólico novio Lucius (Joaquin Phoenix). En el camino, Ivy se encontrará a uno de los “monstruos” mientras nosotros descubriremos qué es lo que ocultan los “mayores” del lugar, dirigidos por William Hurt.

El problema con La Aldea no es de forma (espléndida cámara sombría de Roger Deakins, sobresaltos musicales ad-hoc de James Newton Howard) sino de fondo: la historia escrita por el propio Shyamalan. Aunque por su inclinación hacia un horror casi metafísico y por centrarse en una comunidad aislada, algunos han comparado a La Aldea con Los Pájaros (Hitchcock, 1963), las diferencias entre las dos propuestas son abismales. Ahí donde el maestro británico veía nacer con moderado optimismo el amor y la libertad en medio del caos, Shyamalan afirma que la mentira, el engaño y la paranoia es la única manera en la que podemos mantenernos unidos en este mundo lleno de “monstruos”. ¿Quién habrá escrito el guión? ¿Shyamalan o Bush júnior?



Escala de Calificación
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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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