EL CINE QUE NO VIMOS
AFFLICTION
(****)
Ernesto Diezmartínez GuzmánPor alguna razón que desconozco, Affliction (EU, 1997), nunca fue exhibida comercialmente en México, apenas ha sido programada de vez en cuando por la televisión de paga y, también, se puede encontrar en DVD de Región 1 en tiendas especializadas o en amazon.com. El director de Affliction es Paul Schrader, un brillante excrítico de cine y talentoso guionista, autor de obras mayores scorsesianas como Taxi Driver (1976), Toro Salvaje (1980) y La Última Tentación de Cristo (1988). Con Affliction, Schrader logró no sólo la mejor de sus películas hasta el momento, sino uno de los más oscuros melodramas hollywoodenses de los últimos años.New Hampshire, tiempo presente. Estamos en un invierno particularmente amenazador. El frío es insoportable y la nieve no deja de caer. En el pueblito rabón de Lawford, el policía local Wade Whitehouse (Nick Nolte en una actuación con la que debió haber ganado el Oscar) se siente cada vez más acorralado. Por más que lo intenta, no puede tener una relación normal con su pequeña hija Jill (Brigid Tierney), quien vive con su exesposa Lillian (Mary Beth Hurt, reaparecida). En esos días, la madre de Wade muere y el pobre tipo tiene que lidiar con su violento y alcohólico padre Glen (James Coburn), frente al cual se siente intimidado. Luego, hay una muerte accidental que resulta sospechosa ante los ojos de Wade, que decide “jugar al policía”, en contra de los deseos del alcalde. Y por si fuera poco, un diente no lo deja en paz, su carro no sirve, su situación financiera es pésima y sus deseos de casarse con una amable mujer (Sissy Spacek) no pasan de ser simples sueños.
Lo que lleva a Wade a la locura (y lo que representa el centro dramático de la cinta) es, en realidad, el veneno de la violencia familiar. Vapuleado, humillado y menospreciado por su padre desde niño, Wade es un personaje destinado a la tragedia. A diferencia de su hermano Rolfe (Willem Dafne), quien aprendió a ser cauto con su borracho y abusivo padre, Wade siempre estuvo ahí para enfrentarlo y responderle. Las heridas de Wade nunca sanaron porque no había manera de que lo hicieran mientras el viejo estuviera ahí, vivito, coleando, tomando, insultando, jodiendo.
La realización de Schrader es, como en los mejores momentos de su dispareja carrera, sobria y contenida. Sólo en los traumáticos “flash-backs” de Wade se permite una puesta en imágenes “sucia”, con el grano reventado y cámara en mano. En el resto del filme, reina la austeridad –palabra tan cara para el puritano Schrader—, en especial en lo que se refiere al estilo visual y narrativo.
De hecho, si hay intensidad en la cinta, la encontramos en las actuaciones de Nolte y Coburn. Sea tratando inútilmente de quedar bien con su horrorizada hija, sea extrayéndose él mismo un diente y sin anestesia, sea sumergiéndose cada vez más en la paranoia, el Wade de Nolte es, sin duda, el más doloroso personaje encarnado por este notable actor subvaluado. Wade es un dolor vivo que camina, respira y que pretende cambiar, ser mejor, ser alguien. Imposible: el Glen de James Coburn lo ha condenado a repetir el ciclo maldito de la destrucción. Coburn –ganador del Oscar con este trabajo—creó con su legendaria rudeza uno de los monstruos más creíbles de los últimos años. Es un monstruo de violencia y alcohol, terrorífico si lo hay porque, por desgracia, esas criaturas, ay, existen donde sea.
EL CINE QUE NO VIMOSEscala de Calificación
**** Excelente *** Muy recomendable ** Vale el boleto o la renta
* Palomera + Churrito ++ ChurroteComentarios: ernesto@cinevertigo.com