DVD verse VIDA ACUÁTICA
Ernesto Diezmartínez GuzmánPara los de cinédocque
No voy a alegar que el cine de Wes Anderson es un gusto adquirido porque todos los gustos son así: adquiridos. Tampoco afirmaré que resulta cansado ver la obra de un cineasta que, desde su segundo –y hasta la fecha, su mejor- largometraje, Tres es Multitud (1998), se ha dejado llevar por la inercia de su estilo. Después de todo, si analizamos la obra de Anderson desde la teoría de autor –y Anderson vaya que es un autor- las repeticiones estilísticas y las mínimas variaciones sobre (casi) el mismo tema (y trama, narrativa, estilo visual…) son condicionantes ineludibles, incluso hasta deseables, para considerar a un cineasta un verdadero auteur.
Con todo, debo confesar que la obra de Anderson me ha provocado un decreciente entusiasmo desde la ya mencionada Tres es Multitud. Es cierto, es difícil no admirar el cine de Anderson –sus extendidos encuadres cual murales todoabarcadores, el uso bien dosificado del ralentí, su infalible elección de música pop en la banda sonora, su perfecto casting- pero, por lo menos para mí, me resulta igualmente difícil involucrarme emocionalmente con él. Aunque la fórmula sufrió una pequeña sacudida en la más reciente obra del cineasta, Viaje a Darjeeling (2007) –reseñada por un servidor en REFORMA- Vida Acuática (The Life Aquatic with Steve Zissou, EU, 2004), representa, en mi opinión, todo lo que hace tan atractivo su cine y, al mismo tiempo, tan distante.
La mejor muestra de lo que planteo es un espléndido plano secuencia en el cual seguimos al egoísta biólogo marino Steve Zissou (Bill Murray en su mejor veta minimalista) y a su –probable- hijo apenas descubierto Ned Plimpton (Owen Wilson) a través de los diferentes pisos del bote/laboratorio Belafonte. La cámara, sin hacer corte alguno, sigue a los personajes subiendo por escaleras, atravesando escenarios, abriendo puertas, todo ello en un set construido en Cineccità única y exclusivamente para esta escena. El momento fílmico es admirable –yo lo volví a ver una y otra vez en mi DVD- pero este tipo elecciones estilísticas termina distrayendo de lo que debería ser el centro moral de la cinta: la maduración emocional de Zissou, un hombre que se ha embarcado, junto con su fidelísimo equipo, en un viaje de búsqueda y venganza, pues su objetivo es encontrar a un enorme tiburón que engulló a su mejor amigo. Al final de cuentas pareciera que la trama es un mero excipiente para las excentricidades visuales de Anderson –incluyendo un océano animado por Heny Selick, nada menos- y no al revés. Como quien dice, la historia al servicio del estilo. Manierismo en estado puro, aunque el maestro que Anderson imita es, claro está, él mismo.
El filme está disponible en un DVD doble de Región 1 editado por Criterion. Además del formato y sonido impecables (2.35:1, digital 5.1) y del comentario en audio de Anderson, el segundo disco del paquete ofrece escenas borradas, entrevistas con actores y equipo de producción, diez canciones de David Bowie interpretadas en portugués por Seu Jorge, el típico “detrás de las cámaras”, sin faltar los trailers, las fotografías y demás. Un DVD de colección para los fans de Anderson que son muchos más de los que pensamos que (¡herejía, herejía!) desde Los Excéntricos Tennenbaums (2001), su cine no es para tanto.
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